martes, 3 de marzo de 2009

LOS PRECURSORES DE SANDINO

Por: Rafael Casanova Fuertes
Introducción


Era yo un muchacho de 17 años y presencié el destace de nicaragüenses en Masaya y otros lugares de la republica, por fuerzas filibusteros norteamericanas. Personalmente miré el cadáver de Benjamín Zeledón, quien fue sepultado en Catarina, pueblo en Catarina pueblo vecino al mío. La muerte de Zeledón me dio la clave de nuestra situación nacional frente al filibusterismo norteamericano; por esa razón, la guerra en que hemos estado empeñados, la consideramos una continuación de aquella.

Esta reflexión realizada por Sandino un año antes de su muerte tiene singular importancia en tanto es hasta ese momento el primer actor político contemporáneo en entender de forma correcta su papel ante la historia es decir que su lucha no es la solución el encaramiento de una circunstancia inmediata sino la confrontación de un conflicto que tenía raíces históricas, en este caso la conocida intervención militar de los Estados Unidos en Nicaragua, que había sido resistida gallardamente por su Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional desde 1927 a 1933, él mas que nadie, estaba claro que estaba dando respuesta a una intervención que tenía causas económicas, políticas y sociales.
Él conocía a fondo como lo ha demostrado la documentación de que la soberanía nicaragüense estaba enajenada desde la intervención yanqui de 1909, la que dio al traste con el proyecto nacional autónomo iniciado en 1893 por el General José Santos Zelaya. Los círculos de poder de los EE. UU., basados en el corolario Roosevelt consideraron la gestión de Zelaya una amenaza para su proceso expansivo por América Latina, y lo echaron del poder en el año señalado. Para lograr este objetivo EE. UU. contó con la complicidad de la desplazada oligarquía conservadora representada por dirigentes políticos e intelectuales de la “Calle Atravesada” de Granada como, Adolfo Díaz, Emiliano Chamorro, Carlos Cuadra Pasos, etc.
Tales dirigentes miraron en el coloso del Norte la tabla de salvación para recuperar el poder perdido en 1893, a cambio de ello concedieron a EE. UU. y a sus banqueros los derechos exclusivos para construir un canal interoceánico, empréstitos onerosos que tenían en garantía ferrocarriles ,correos ,aduanas, etc. los derechos de intervenir militarmente cuando sus intereses estuvieran amenazados, el control de las finanzas y la “banca nacional”. Por tanto, el héroe tenía –insistimos- claridad completa de lo que su lucha representaba.

Pero sandino a su vez dejó implícita también algo que no era nuevo en el proceso histórico del país, tal como era la reacción violenta de las clases populares en contra las clases dominantes lo que se remonta hasta los tiempos de la Dominación española y los Gobiernos Republicanos que le sucedieron a la primera en 1821. Sin pretenderlo deja en evidencia la naturaleza y diferencias étnico–sociales que habían marcado a Nicaragua a través de su historia en su manifiesto del 10 de julio de 1927: Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule mas que ninguna otra la sangre india americana, que por atavismo encierra el misterio de ser leal patriota y sincera. (Selser 2004 p. 250)

En este mismo comunicado sigue agregando: Que soy plebeyo dirán los oligarcas (...) No importa mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos que son el alma y nervio de la raza , los que hemos vivido postergados y a merced de los desvergonzados sicarios que ayudaron a incubar el delito de alta traición.( Selser 2004p.250)
Desde el establecimiento de la dominación española en el siglo XVI, La población indígena y mestiza pobre cargó sobre sus hombros distintas formas de explotación y sinnúmero de humillaciones a manos de funcionarios peninsulares y la casta de criollos ricos todo esto sustentado en el derecho de conquista y la superioridad racial. Este sistema tuvo continuidad durante los gobiernos republicanos después de la independencia, nuevos o peores calvarios recayeron sobre las amplias mayorías.
Las élites locales iniciaron un proceso de despojo legal y violento de la propiedad comunal y ejidal de los pueblos de indios en todo el territorio bajo su control (Pacífico Centro- Norte). los indígenas y mestizos pobres fueron a su vez obligados por onerosas leyes de agricultura a trabajar en los latifundios de los grandes terratenientes que se solazaban de su descendencia española. Para colmo esta parte de la población era arrastrada por medio de la recluta forzosa a las sangrientas guerras civiles que protagonizaban las élites por el control del poder político. Sandino nacido de una madre campesina de ascendencia indígena había vivido y observado esta explotación y discriminación en el propio escenario de una ex comunidad indígena el pueblito de Niquinomo, no tuvo la posibilidad de estudiarlo y analizarlo a profundidad, pero sobre todas las cosas lo había vivido. A estas frases y expresiones que son parte en esencia de la contradicción histórico-social que ha vivido Nicaragua los especialistas en Sandino, centrados mas en el aspecto político, no le han puesto la debida atención.
En la presente exposición pretendemos exponer brevemente algunas de las luchas que precedieron al movimiento de Sandino a lo largo de la Historia de Nicaragua. Sobre todo haremos énfasis sobre aspectos poco conocidos y/o tergiversados en la Historiografía Nicaragüense.

Los movimientos precursores durante la Dominación Española.

La Resistencia Indígena de los caciques Nicaragua y Diriangén en abril de 1523.
Para poder entender esta situación es necesario romper con el esquema establecido tanto por la historiografía tradicional como por algunos puntos de vista difusos que se hicieron al respecto. En la historiografía tradicional se presenta el inicio de la historia como producto de un dialogo entre un conquistador y un caique preguntón(Nicaragua), después un valiente cacique (Diriangén) que responde al requerimiento presentándoles combate a los conquistadores.

La segunda versión, mas reciente, defiende la inexistencia del dialogo (entre González y el cacique Nicaragua) uno de los argumentos de esta posición es la imposibilidad de que se hayan comunicado en tanto se carecía de interpretes y que se comunicaron por señas. Hasta Sandino cae en esta trampa “que diablos de diluvio ni que calavera de gatos, si solo se comunicaban por señas” le dijo el héroe a José Román (véase : José Román 2007 p. 203). Otro argumento es la inexistencia de estos caciques por su ausencia total en los acontecimientos posteriores (después de Hernández de Córdoba) de la Conquista y colonización del territorio.
Estas confusiones tienen que ver con la falta de rigurosidad de los libros de texto que se escribieron en los inicios siglo pasado o versiones acomodadas al estilo de autores conservadores que intentaban vender la imagen del ser nicaragüense “hombres del diálogo y también de armas tomar” y que Nicaragua estaba construida por esa dicotomía.

Mas, tanto en fuentes primarias como la misma carta del expedicionario Gil González, las Crónicas de Oviedo, así como fuentes secundarias como Gámez ((véase Gámez 1975.p.97-111) aparecen datos que estos detractores soslayan -desconocemos porque razones- que evidencia tanto el encuentro Nicaragua – Gil González así como otros acontecimientos. Uno de ellos, la existencia de traductores de lengua chorotega y nahuat capturados en la expedición de Bartolomé Hurtado en 1517, quienes sirvieron de intérpretes en las entrevistas con los caiques; otro dato es la batalla que dan las gentes del “pacifico y traidor Cacique Nicaragua a González Dávila, el 18 de abril al pasar por su territorio, en una lucha que se prolonga desde la mañana hasta el anochecer. Entonces ¿Quiénes y por qué tienen la intención de sobreponer a este jefe indígena como pacífico cuando su enfrentamiento es mar prolongado que el mismo combate de Diriangén el día anterior?. Con independencia de las motivaciones y criterios de estos autores, existe mucho desconocimiento en la generalidad de la población porque mas que emprender el camino de aclarar los hechos es mas cómodo acomodarse a los estigmas establecidos por las interpretaciones tradicionales, que a revisar de nuevo las fuentes originales.

En los años de 1990 nuevas interpretaciones sobre estos acontecimientos fueron dados a conocer , Entre ellos los de Silvia padilla Altamirano y este servidor, a quienes correspondió explorar, por primera vez la percepción del protagonista mas vilipendiado e ignorado por la historiografía tradicional: la población autóctona del continente es decir, los indígenas, en estos estudios(el Encuentro entre dos Mundos el caso de Nicaragua y el Encuentro según el otro) llegamos entre otras, a las siguientes coincidencias y conclusiones:

1- La población autóctona de territorio se ve afectada por el ingreso repentino de seres extraños que a través de sus traductores hablan de un monarca y un dios poderoso. Sus bestias y sus vestidos son también extraños. Los ritos que proponen como requisito para salvar el alma son también ajenos y extraños a sus prácticas. Pero amenazan con la guerra sino se acepta a su rey y a su dios por soberanos.

2 – Los caudillos indígenas y consejos de ancianos se reúnen y deciden recibir en paz a esos seres extraños para escuchar sus puntos de vista las entre vistas se realizan primero en Quaccapolka (Rivas) el 5 de abril de 1523 con el Teyte Nicaragua y el 14 de este mismo mes con el Teyte Diriangén en Noctari (cerca de Ochomogo). Los caudillos escuchan el requerimiento y contraponen sus puntos de vista. Nicaragua acepta bautizarse pero de acuerdo con sus tapaleguis (militares) y ancianos se niega a abandonar las armas y las danzas como lo exigían los forasteros. Durante todos estos días observan atentamente el comportamiento de estos. En Noctari las noticias sobre los extranjeros llegan mas rápido, el principal escenario el actual Istmo de Rivas era un área superpoblada. El jefe Diriangén va directo hasta donde se encuentra el conquistador solo pide tres días de plazo para observarlos de cerca y estudiar los planes para un ataque militar contra ellos.
3 – A estas alturas ya existe una percepción totalmente negativa sobre los extranjeros, la novedad ha desaparecido, los extranjeros tienen un físico extraño, sus vestimentas y armas son también raras, hablan de un Dios poderoso y bondadoso pero actúan como demonios. Ellos ultrajan a la población violan a las mujeres, demuestran codicia por los ornamentos religiosos de los habitantes, ellos no son ni divinos ni dioses, se enferman, comen como todos los demás, sus bestias son extrañas, pero no son sobrenaturales al igual que ellos. Convencidos de que estos sujetos amenazan sus costumbres su identidad, su libertad, se deciden a enfrentarlos.

4- El primer combate muy breve (media hora) se dio el 17 de abril encabezado por Diriangén, los extranjeros Castellanos se retiran de Noctari y se dirigen a Las tierras de Nicaragua, AL percibir el estado de hostilidad de esta población a su llegada el día 18 se tratan de alejar también de esta lugar, pero las fuerzas de Nicaragua entablan combate y se prolonga desde el medio día hasta el anochecer. Gil González se vio obligado a retirarse terminando de este modo la primera batalla de la población autóctona contra fuerzas extranjeras. Ésta lucha no se puede calificar como una resistencia nacional en tanto no existe el Estado-Nación en esta época, pero si es una lucha por preservar el territorio tradicional, la preservación de su identidad y costumbres.(Casanova1993)

En el proceso de conquista continuada por Hernández de Córdoba y otros conquistadores se dieron numerosos enfrentamientos en los que se impuso la superioridad militar y técnica de los europeos, Los conquistados fueron sometidos a crueles tratamientos , la corona española estableció la llamada encomienda que constituyó una forma legal para esclavizar a la población indígena y utilizarla como bestia de carga, en trabajos extenuantes en los placeres auríferos, los indígenas además eran vendidos como esclavos y trasladados a otras regiones del continente como Perú y Antillas. Harto conocidas fueron las denuncias que hicieron en su momento funcionarios eclesiásticos como De las Casas y Valdivieso, de igual modo los recientes estudios revelan que mas de un 90% de la población fue exterminada en el siglo XVI. Es válido destacar que buena parte de la población siguió resistiendo las “entradas” de las columnas expedicionarias a lo largo de lo que se llegó a denominar como “territorio fuera de la civilización” que comprendió una línea de lo que hoy es el Departamento de Jinotega hasta gran parte de lo que hoy es Río San Juan.
Las rebeliones dentro del Sistema Colonial.

Un hito muy importante en la historia de la dominación colonial, lo constituyó la creación por la corona española de las Leyes Nuevas de 1542, estas consistían principalmente en la abolición de la Encomienda con los que se ponía legalmente fin al sistema de esclavitud de la población autóctona. Los indígenas que pasaron a ser vasallos del Rey de España, fueron agrupados en pueblos de indios. Cada pueblo tenía derecho-y acceso según esta misma legislación indiana a dos formas de propiedad: a) La tierra ejidal que podía ser usufructo de todo el pueblo, es decir que se podía entre cosas extraer leña, maderas para usos de mueblerías y otro tipo de artesanías, otros recursos para uso cotidiano etc., pero en estas no se podía cultivar b) La tierra del común consistía en parcelas asignadas a las familias constituidas en cada pueblo, el resto se convertía en reserva. Se podían sembrar, criar aves, cerdos y otros tipos de actividades de auto subsistencia[1] tenían además su propio gobierno pero controlado por el sistema colonia[2].
Los maltratos si bien disminuyeron, no concluyeron lo largo de la dominación colonial. La encomienda fue sustituida por dos tipos de instituciones: El repartimiento y el tributo. El primero consistía en la obligación que tenían los indígenas de trabajar en cierta época del año para los españoles. Estos tenían la obligación de pagarles. Esta institución se prestó para muchos abusos, ejemplo, algunos pueblos tenían la obligación de hilar telas y además teñirlas con un molusco, las telas se pagaban bien en el mercado internacional, pero a los indios se les pagaba una bagatela. La obligación de pagar el tributo como vasallos de la Corona fue una carga difícil de llevar a lo largo del dominio colonial muchos se rezagaban en el tributo debido a distintas calamidades naturales. Los trabajos que podríamos llamar públicos como la construcción y reparación de fuentes, la construcción y mantenimientos de templos transporte de armas estaban a cargo de los indígenas por medio del repartimiento. A los indígenas no solo se les pagaba sino que se les obligaba a suministrar los materiales de construcción, las herramientas y los animales[3]
Los funcionarios eclesiásticos, políticos y militares se disputaban los abusos de la coerción laboral, los sacerdotes además del “servicio de raciones” obligaban a estos a trabajar en sus haciendas particulares, algo que no pareciera correcto o una protesta era castigado con palos o con azotes. La Corona hacía caso omiso de estos problemas y presionaba para el pago del tributo todo esto provocó rebeliones como la de El Viejo en 1756 y la de Xalteva en 1769[4]
El indígena lo más de los casos tuvo que recurrir con sus quejas antes funcionarios rivales políticos para amortiguar su situación y en otros casos hasta rebelarse o amotinarse como sucedió a fines de la dominación española[5]

Las rebeliones populares en el siglo XIX. Después de la Independencia.
La Independencia de España de 1821 en adelante no acabó con este sistema discriminatorio por el contrario se puede asegurar que en algunas dimensiones la situación la población indígena y mestiza pobre se agudizó. En los primeros años de vida independiente en la medida que se venían configurando las instituciones y el proyecto de las élites locales, dentro de la asimilación ideológica de los valores de la ilustración, los caudillos libero-conservadores, aún cuando tenían fuertes diferencias, asumieron que era necesario para el progreso del país la eliminación total de las propiedades ejidales y comunales para lograr dos objetivos: convertir toda la tierra fértil y cultivable en productora de rubros de exportación (como el café) y la población indígena y mestiza y pobre que constituía el 95% de la población convertirla en seres productivos (es decir que ya sin tierras para el autoconsumo pasarían a ser mano de obra libre en el mercado laboral).
Por otro lado el proceso de institucionalización del Estado que se implementó a partir de 1845 partía de monopolizar productos claves como el tabaco y el aguardiente pasó a ser usufructo del Estado en sociedad con grandes terratenientes. De la realización de estos productos, libres de estanco tras la independencia subsistía gran parte de la población, por lo que la persecución a los cultivos de tabaco y las sacas de aguardiente y chicha provocó gran descontento. Todo esto coadyuvó para que se dieran las poco conocidas rebeliones sociales de 1845-1849 que abarcaron en distintos momentos casi todo el territorio de lo que se conocía como Nicaragua. El movimiento en sus distintas fases tuvo claros matices antiestatales con implicación de otras dimensiones entre las que se pueden destacar las demandas agrarias, políticas y en algunos casos (como el de Matagalpa) hasta raciales. Estas revueltas al igual que al movimiento de Sandino se le dieron atribuciones bandoleriles por parte de los medios de difusión del Estado en manos de la oligarquía, manteniéndose los prejuicios sobre ellas hasta los tiempos actuales.
En la dirección de estos movimientos se involucraron propietarios medianos que tenían a su vez contradicciones con el estado como Bernabé somoza y José María Valle, liberales radicales como Rosa Pérez de Rivas, auténticos lideres indígenas y campesinos como los norteños Natividad Gallardo y Francisco Sancho, Los hermanos Álvarez de la casta Matagalpa, los xaltevanos Miguel Cisneros y Juan Gaitán, el sutiava Mariano Méndez, Juan Góngora de Occidente, los hermano Ruiz, e Hilario Vásquez de La Puebla, Nicolás Valdez de Popoyuapa, los hermanos Morales, Juan de Dios Casanova y los hermanos Cantón de San Jorge, Magdalena Carranda de Buenos Aires. Juan Veintiuno Marenco de Granada, el “negro” Santamaría de Nandaime, Mercedes Chano de Masaya.

Los nuevos estudios han rebelado los preceptos ideológicos que alimentaban los rebeldes de esa época. De acuerdo con George Rudé se debe de localizar la leche materna en lo ideológico es decir lo que los actores colectivos definen como justo e injusto desde su propia experiencia empírica y además la asimilación e interpretación de las corrientes ideológicas que llegan desde fuera. En 1849, en una conversación que tuvo el encargado de negocios norteamericano con un miembro del consejo de ancianos de Sutiava, Simón Roque se sorprendió al escuchar que ellos los sutiavas tenían “300 años de ser explotados pos los españoles del Centro” (de León). En los pocos comunicados de los rebeldes es notoria la interpretación que tienen del liberalismo José María Valle por ejemplo señala en un comunicado el “pillaje de aristócratas” de sus enemigos. Felipe Sáenz un propietario afectado por la rebelión de 1848 en Rivas expresó que las “turbas” reclamaban “el comunismo de la propiedad” (la devolución o el mantenimiento de la propiedad comunal heredada de España).
La tendencia de estos movimientos según los teóricos de los movimientos sociales, es mas reactivo que propositivo estallan ante el agravamiento de las condiciones y como tendencia general se aferran al mantenimiento de su forma tradicional de vida, la mayor parte de las veces amenazado por el Estado.


Los Movimientos, que se dieron entre 1845 y 1846, tuvieron distintas modalidades, se produjeron rebeliones de gran amplitud que combinaron los enfrentamientos convencionales de fuerzas del Gobierno con tropas rebeldes encabezadas por los caudillos Bernabé Somoza y José María Valle en Occidente; motines armados como el de Matagalpa; y la acción de pequeñas partidas campesinas contra patrullas y transportes estatales, contra las propiedades y los propietarios terratenientes. Estas tuvieron como principal escenario el Norte, el Occidente y los pueblos de la Meseta en el Oriente del Territorio.

Entre 1848 y 1849 hubo cambios en el escenario y de modalidad las principales mecanismos de rebelión fueron la acción de turbas urbanas que se aglutinaban en los barrios para atacar las casonas de los centros de las poblaciones en donde vivía la clase pudiente, éstas se combinaron con otros mecanismos, tales conspiraciones cuartelarias, ejecución de partidarios del Gobierno hasta desembocar en insurrecciones armadas. Los escenarios se trasladaron a los actuales Departamentos de Managua, Granada, Carazo, Masaya y Rivas. Focos de agitación muy importante fueron los barrios de Granada principalmente Xalteva, los pueblos indígenas como Diriomo; en Rivas La Puebla, las comunidades indígenas de San Jorge, Veracruz y otras circundantes, además de Masaya y Jinotepe.
En los meses de abril, mayo y junio, tras fuertes combates contra la coalición Timbuco – calandraca de Granada y León, los calandracas populares de todos estos pueblos se concentraron en Rivas llamando para que dirigiera el movimiento el carismático caudillo Bernabé Somoza. Éste último le imprimió organización militar al movimiento permitiendo la derrota del gobierno y la ocupación de las plazas de Rivas y San Jorge. Atemorizados ante esta situación las élites de León y Granada depusieron temporalmente sus diferencias y se unieron para aplastar esta facción enemiga del orden y la propiedad.
El desenlace se dio en julio de 1849 cuando las fuerzas unidas de la coalición dirigidas por los caudillos Trinidad Muñoz y Fruto Chamorro lograron tras muchas horas de combate la derrota de las fuerzas de Somoza en Rivas. Lo que siguió fue una violenta cacería contra los derrotados, el jefe rebelde Somoza se entregó en San Jorge a Chamorro confiado en la amistad de años que tenía con este caudillo, este lo entregó a su enemigo Trinidad Muñoz quien ordenó su ejecución el 14 de julio junto a treinta de sus compañeros. Pocas veces en la historia se vio tanta saña y revanchismo contra un bando vencido, los juicios sumarios sin derecho a la defensa condenaron a muerte a los acusados, el líder rebelde Somoza tras su ejecución fue colgado durante varios días en un árbol ubicado en el centro de la ciudad, hasta que la fetidez obligó a los vecinos a sepultarlo.(Casanova 1995)

No obstante esta unidad temporal, las élites no pudieron superar sus diferencias y volvieron a confrontándose hasta provocar en 1855 la intervención del filibustero William Walker un conocido episodio de la historia nicaragüense llamada Guerra Nacional que finalizó en mayo de 1857 con la derrota definitiva de Walker en Rivas.

La rebeliones indígenas de 1881 en Matagalpa.
Una vez derrotado Walker, las élites locales entraron en una suerte de acuerdo político que se materializó en la Constitución política de 1858 cuya vigencia se mantuvo hasta el año de 1893.La historiografía tradicional y algunas interpretaciones contemporáneas trata de presentar este periodo como de paz progreso y civilización y como un modelo de democracia. Si bien se produjo el traspaso pacífico de distintos presidentes tras los entretelones del sistema se manifestaron una serie de mecanismos coercitivos y excluyentes que favorecieron el fortalecimiento y enriquecimiento de una ínfima minoría en deterioro de las amplias mayorías de la población.

La misma Guerra antifilibustera había permitido que ganara legitimidad y prestigio la élite conservadora granadina la que con el concurso de sus opositores liberales procedieron a poner en práctica lo que se les había dificultado en el periodo de la anarquía. Esto era entre otras cosas, extender los latifundios a costa de las tierras comunales y ejidales para impulsar el cultivo de productos de exportación y como estos productos requerían en ciertos periodos del año de abundante mano de obra se necesitaba incorporar a la población indígena y mestiza pobre a la civilización.

Para lo primero se implementaron mecanismos legales como las leyes agrarias de 1877 que apuntaron a disolver las comunidades sobrevivientes y en segundo lugar se le dio vigencia a las llamadas leyes se agricultura por medio de la cual se posibilitaba el reclutamiento forzoso de operarios tanto para las labores agrícolas privadas, como para obras de infraestructura como la construcción de líneas ferroviarias, caminos carreteros, tendido telegráfico,etc. Paralelo a ello, las comunidades sobrevivientes fueron sometidas a una vasta ofensiva ideológica para que los comuneros se avergonzaran de su identidad indígena la discriminación socio-cultural heredada de la dominación española tuvo continuidad en estos gobiernos cuyos miembros se solazaban de sus orígenes europeos. Ser indio significaba ser inculto, inferior, holgazán. La incorporación del indio al progreso partía en aquella época de negar su propia condición de autóctono, y desintegrar sus formas tradicionales de congregación, en otras palabras hacerlos desaparecer como comunidad indígena. Este proceso de aculturación trajo como resultado la pérdida de identidad ancestral y por ende traía la desaparición de comunidades indígenas tradicionales como la de Diriomo en 1860.

La expansión de la producción cafetalera en la década de 1870 hacia el Norte tuvo como resultado la incorporación de la población indígena de las cañadas a labores como las señaladas. Pero una de las causa es de que los funcionarios locales se excedieron por que acuerdo con las mismas leyes de agricultura se debería pagar por el trabajo realizado estos no solo los obligaban a trabajar gratuitamente sino que efectuaban cobros a los que no podían asistir a las labores. En la documentación queda claro que la primera rebelión fue una protesta armada contra el trabajo forzoso
…pues el que no iba a trabajar al camino tenía que dar nueve reales. En el trabajo del Cabildo, el que no iba tenía que dar seis reales, en el trabajo de los puentes debalde y en el campo santo debalde (…) nunca hemos sido criados ni esclavos de estas autoridades pues hoy le decimos (…) que no le damos un solo hombre para que vallan a trabajar de balde..
Los indígenas además expresaron en su protesta tenían que llevar sus propias herramientas y sus comidas dejando desamparada a la familia la carta que ellos entregan al padre Cáceres denota la discriminación social y racial de que es objeto la población autóctona: como estos señores nos ven que nosotros somos indios nos quieren tener con el yugo,…
Los indígenas eran obligados entre otras cosas a llevar sobre sus espaldas grandes rollos de alambre del tendido telegráfico Managua- Matagalpa por lo que también deberían caminar largas distancias bajo un sol inclemente, de igual modo les tocaba construir un camino carretero entre Matagalpa y León trabajar en la construcción del edificio del Cabildo Municipal, en el cementerio construcción y reparación de puentes etc. Además eran obligados a prestar servicio militar. Es evidente que tanto a las labores agrícolas como en la recluta militar eran llevados amarrados es decir que además de maltratados eran víctimas de muchas vejaciones y humillaciones.

La primera rebelión se dio el 1° de marzo de 1881 unos mil indígenas cayeron en las primeras horas de la mañana aún cuando figuran otros capitanes indígenas todo parece indicar que el principal dirigente fue Lorenzo Pérez los indígenas fueron repelidos por las tropas gubernamentales mejor armadas y posesionadas como parte oficial se reportaron 25 muertos y 25 heridos por parte de los indígenas y 3 muertos y 7 heridos por parte del gobierno. Según estas mismas fuentes cada carga era acompañada con gritos que revelaban la causa de la rebelión ¡Allá va el alambre! Allá va el telégrafo! Allá van los seis reales¡ Allá van los pilares! .

La segunda rebelión ocurrió entre los meses de agosto y octubre de este mismo año y según los cálculos se habla hasta de cinco y seis mil indios armados en su mayoría de arcos y flechas los que se concentraron alrededor de Matagalpa y se enfrentaron tanto a una guarnición reforzada y bien armada como a los refuerzos llegados de Managua.

Esta última rebelión ya no es una protesta armada contra el maltrato sino que por sus dimensiones y la conocida consigna de ¡muera la gobierna! Está orientada a acabar con el control del gobierno sobre el territorio indígena aprovechando la animadversión que se creó el Gobierno de Zavala por la expulsión de los jesuitas en junio de ese mismo año. El gobierno de Zavala no atendió tampoco las demandas de los indígenas se limitó a culpar sin presentar ninguna prueba de la rebelión de marzo a los jesuitas, a quienes expulsó del país. La lucha por ocupar Matagalpa se dio entre los días 8 y 10 de agosto, siendo desalojados los indígenas por los refuerzos de Managua que llevaron hasta armas de artillería. Según algunas fuentes la rebelión se extendió hasta Occidente (Wheelock 1980 p.113-114) Los enfrentamientos en lo adelante tuvieron un carácter defensivo por parte de los indígenas al desatarse una violenta persecución en las cañadas, se habla de miles de muertos incluidos los dirigentes Lorenzo Pérez y Toribio Mendoza fusilados sin ningún tipo de juicio logrando sobrevivir el líder Higinio Campos quien según versiones se refugió en las montañas.

De acuerdo con Jaime Wheelock la guerra de 1881 ha representado una de las mas explosivas reacciones clasistas que ha conocido Nicaragua. Los indios se enfrentaron solos contra la oligarquía y sus poderosos recursos materiales y militares, en los momentos en que quizás era más fuerte.

Conclusiones.

Los movimientos sociales y en particular los dos últimos se expresaron como movimientos reactivos anti estatales siendo mas heterogéneo el de los años cuarenta tanto por su composición social como por las distintas dimensiones que llegó a aglutinar es decir como movimiento anti-fiscal, agrario, étnico y político. Más homogéneo el de 1881 en que la población indígena del Norte tiene demandas contra el trabajo forzoso y posteriormente en la segunda rebelión desafía al mismo sistema pero sin tener una propuesta alternativa y es por ello que aún cuando son distantes en el tiempo tienen coincidencias como movimientos propiamente reactivos que tienen como demanda principal, la preservación de su mundo tradicional amenazado por el Estado y los terratenientes

Con la presentación de esta síntesis tal como puede observarse, se pretende llamar la atención sobre la necesidad de profundizar en el estudio de las luchas sociales que protagonizaron distintos actores sociales a través del tiempo en Nicaragua, los que a pesar de su evidencia han sido omitidos o invisibilizados por la historiografía tradicional. Mucho se ha hecho hasta ahora por una nueva generación de historiadores pero aún es insuficiente, por ejemplo pocos estudios existen sobre las luchas sociales de los años que median entre la caída de Zelaya en 1909 y el surgimiento de Sandino en 1927 y se pone más énfasis en los movimientos políticos.

[1] Romero Germán Persistencia indígena Managua CIDCA UCA 1992 P-18-20

[2] Los españoles establecieron en cada pueblo de indios autoridades indígenas en las que por lo regular se colocaba en los cargos por ejemplo de alcaldes de vara a quienes tenían ascendencia desde los tiempos prehispánicos (descendientes de caciques) es decir provenientes de la nobleza indígena pero bajo la tutela de autoridades españolas como corregidores N del A.
[3] Romero 1992 p 25-27

[4] Puede verse en detalles ambas rebeliones causadas por los abusos con los trabajos forzados y otros atropellos en Romero Vargas, Germán Estructuras sociales de Nicaragua en el siglo XVII Editorial vanguardia 1987 p 88-91, 146-150

[5] Nos referimos a las rebeliones de 1811-1812 en donde los indígenas participaron en las mismas plantando sus propias reivindicaciones como la reducción de los tributos de indios N del A

sábado, 20 de septiembre de 2008

De llamarse Nicaragua, a cargar nombre de corrupto

* Crónica del héroe nicaragüense y de la confusa heroicidad de Juan Santamaría* En la otrora Ciudad de los Mangos siempre se manejó que quien había incendiado el Mesón fue un soldado de San Isidro Apataco, llamado Pedro Joaquín Rosales* Lo anterior no demerita el aporte que hizo el pueblo y gobierno costarricense de la época, determinante para lograr eliminar la amenaza del filibustero William Walker
Rafael Casanova Fuertes*
PRIMERA DE DOS ENTREGASMucho se ha hablado de las batallas que le han dado la categoría de tres veces heroica a la ciudad de Rivas. Aunque al momento de hacer referencia sólo se menciona a dos de estos acontecimientos: la del 29 de junio de 1855, y la del 11 de abril de 1856. La última batalla, que constituyó la derrota decisiva y definitiva de Walker, y que se dio entre el 27 de enero y 1 de mayo de 1857, es hasta ahora un hecho poco conocido y por tanto poco mencionado a pesar de las dimensiones que tuvo.
Las primeras batallas

Pero las batallas de Rivas no fueron sólo las que conocemos a través de la enseñanza de los textos, como las susodichas, sino muchas más, desde antes de su existencia como ciudad. El 18 de abril de 1523, durante la expedición del conquistador Gil González Dávila, sus alrededores fueron escenario de un largo encuentro bélico entre fuerzas del jefe Nicaragua (no Nicarao) y las tropas de este expedicionario, que se retiraban del territorio tras haber combatido con las fuerzas de Diriangén el día anterior. Según el mismo González, las hostilidades se rompieron a las 11:00 a.m. y terminaron al anochecer, y temeroso, tuvo que retirarse aprovechando una tregua solicitada por los mismos indígenas (Vega Bolaños, 1954 pp. 98-99).No había pasado mucho tiempo cuando en 1524 un nuevo expedicionario, Francisco Hernández de Córdoba, emprendió la auténtica conquista del territorio a través de “sangrientas batallas cuyos pormenores --según Gámez-- no han llegado hasta nosotros” (Gámez, 1975 p. 113). Lo que evidente es que tras el paso de este señor las batallas y las matanzas fueron tan grandes, que no quedó vivo ninguno de los caciques mencionados en la anterior expedición de González, entre los que se pueden destacar Nicaragua y Diriangén. Sin embargo, el ambicioso hidalgo Hernández de Córdoba pronto encontró su castigo en manos de otro cruel y sanguinario conquistador, el célebre Pedrarias Dávila, quien lo ejecutó en junio de 1526.
La batalla para que el Valle fuera Villa

Hacia fines del siglo XVII, los habitantes de este territorio se enfrascarían en una nueva batalla que ya no era con armas, sino con recursos legales para que se les otorgara la calidad de Villa, en tanto ya el agrupamiento urbano que en esa época se denominó Valle de Nicaragua, llenaba los requisitos legales de la legislación colonial para ser considerado una Villa. La situación continuó hasta el siglo XVIII, y es aquí cuando la delegación de vecinos logró ganar la batalla para que se le otorgara el título, pero en Ciudad de Guatemala tuvieron que recurrir a una argucia tal, como fue la de incluir entre los nombres legales de la Villa el mismo apellido del capitán general Francisco Rodríguez de Rivas.De esta manera se otorgó el título de Villa de la Purísima Concepción de Nicaragua (éste era el nombre original) y de Rivas (agregado) el 29 de mayo de 1720. Lejos estaban de imaginar los vecinos dos cosas que habrían de acontecer posteriormente: 1. Que el susodicho capitán general Rodríguez de Rivas sería destituido de su cargo por actos de corrupción por las autoridades coloniales (Wortman, 1991 pp. 127-130); 2. Pero lo que nunca se imaginaron estos gestores del siglo XVIII es que el nombre original de Nicaragua vendría con el tiempo (segunda mitad del siglo XIX) a ser sustituido por el de Rivas, es decir, por el de un corrupto funcionario. Desde entonces, a los orgullosos nicaraguas, como era su gentilicio, se les empezó a llamar rivenses, es decir, cargando sobre sus hombros el nombre de un colonialista corrupto y no la justa y original denominación de un valiente cacique. Es decir, que sus fundadores ganaron la batalla del reconocimiento como Villa, pero perdieron la batalla del nombre correcto por uno corrupto.

Las batallas del periodo de la anarquía
La importancia económica y estratégica de Rivas la convirtió en escenario obligado de las confrontaciones que siguieron tras la independencia de 1821. Rivas fue el principal escenario de la guerra de Cerda y Argüello entre 1826 y 1829, pero principalmente de las guerras anárquicas de 1845 y 1849 que se dieron en toda Nicaragua. Las llamaron así porque fueron verdaderas luchas de clases entre grandes propietarios de tierras y comuneros indígenas y mestizos pobres, que batallaban entre otras cosas por preservar sus formas de propiedad comunal y ejidal usurpadas (unas) y codiciadas (otras) por los terratenientes.El desenlace de estos acontecimientos se dio en Rivas a partir de dos batallas: en la primera, el tres de junio de 1849, masas enardecidas de todos los pueblos circundantes atacaron la guarnición del gobierno, batalla que se prolongó hasta el 15 de junio, siendo tomado el cuartel por los rebeldes encabezados por el célebre general guerrillero Bernabé Somoza Martínez. Los rebeldes proclamaron el gobierno de los pueblos en Rivas; al movimiento se sumaron contingentes llegados de Xalteva, Masaya, Diriomo, Nandaime, etc., todos se concentraron en Rivas. La segunda batalla se dio cuando los alarmados círculos de poder de León y Granada depusieron momentáneamente sus diferencias para enfrentar a la facción de Rivas, tildada de “enemiga del orden y la propiedad”.Los ejércitos unidos de León y Granada, más de 1,000 hombres bien armados, encabezados por los caudillos Fruto Chamorro, de Granada, y Trinidad Muñoz, de León, marcharon contra Rivas, la cual ocuparon sin resistencia el nueve de julio. Somoza, quien tenía su cuartel en San Jorge, la había desocupado. Con todos sus contingentes reunidos, casi similares a los del enemigo, pero superados en recursos y reservas, decidieron atacar por separado a los coaligados, y el 14 de ese mes entraron por el sur, La Puebla, a las 2:00 p.m., para enfrentar al general Muñoz. Tras obtener un balance favorable en dos horas de combate, las fuerzas de Somoza se vieron afectadas por dos razones: la escuela militar de Muñoz, que les impuso una incómoda pelea, pero sobre todo fue la llegada de los refuerzos a Muñoz, quien se impuso finalmente sobre la facción rebelde. Esta batalla, que finalizó con la captura y muerte de Somoza y la ejecución de decenas de sus partidarios (Casanova, 1994 pp. 240-247), fue una de las más grandes del periodo anárquico, sólo superada por el sitio a León entre 1944-1945, en la llamada Guerra de Malespín.

Las batallas durante la Guerra Nacional
Estos hechos son más conocidos, y como lo mencionamos, dos de ellos pasaron a formar parte de la simbología heroica de dos países. Uno de estos hechos arribará en los próximos días a su 153 aniversario, es decir, la Batalla de Rivas del 29 de junio, en que se destacó el joven maestro Enmanuel Mongalo y Rubio, a quien le correspondió incendiar la casa de don Máximo Espinoza, y en donde estaban atrincherados los filibusteros dirigidos por el propio Walker. Un acontecimiento similar se dio al año siguiente, cuando los filibusteros, en la señalada fecha del 11 de abril, se enfrentaron de nuevo en Rivas con los hermanos costarricenses. Aquí se destacó, según las versiones, el héroe costarricense Juan Santamaría. Pero a nivel de los especialistas en este campo y de este tema, la acción de Santamaría es todavía objeto de controversias y confusiones.El origen de ello lo determinó el hecho de que a diferencia de Mongalo, de quien constan documentos originales sobre su existencia y su participación en los partes e informes oficiales inmediatos en los sucesos (Palma Martínez, 1956 p. 88), en la bien documentada participación costarricense de la época no se hace ninguna alusión ni al hecho ni al héroe.Quienes lo dieron a conocer y lo promovieron tras varias décadas de finalizada la guerra, fueron veteranos de la campaña y periodistas, lo que fue objeto de distintas polémicas y controversias en esa época. A pesar de todo, el Estado costarricense, basado en estas fuentes orales, lo proclamó Héroe Nacional, y como tal ha sido reconocido por la generalidad de los pueblos centroamericanos. Sin embargo, en la larga tradición oral de Rivas, desde antes que apareciera Santamaría, se manejó que quien había incendiado el Mesón de Guerra en la fecha señalada fue un soldado de San Isidro Apataco de Rivas, llamado Pedro Joaquín Rosales (Urtecho, 1968 p. 52), pero que además sobrevivió a la acción muchos años después.Esto se tornó más polémico cuando en Costa Rica se descubrió en un documento, que el único soldado que tuvo el nombre de Juan Santamaría no murió en la acción del Mesón, a como sostuvieron vehementemente los veteranos ticos, sino de “cólera morbus” en Liberia, Guanacaste, en el mismo año de 1856. Todos estos elementos de confusión no deben entrar en menoscabo del sustancial aporte que hizo el pueblo y gobierno costarricense de la época, que fue determinante para lograr eliminar la amenaza de Walker y su proyecto esclavista, aunque sí se deben hacer los debidos esfuerzos por aclarar objetivamente los hechos y darle su mérito -–si lo tuvo-- a personas que como Rosales han permanecido en el anonimato. No voy a referirme a la tercera batalla, que se dio entre enero y mayo de 1857, la más prolongada y decisiva de la Guerra Nacional, debido a que sobre ella dedicamos el año pasado un artículo muy amplio.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

A treinta años de la insurrección de septiembre de 1978

Rafael Casanova Fuertes*

La Dirección Insurreccional del FSLN estaba clara de que el impacto provocado por el asalto al Palacio Nacional el 22 de agosto de 1978 habría creado el suficiente clímax político para desencadenar acciones todavía más contundentes contra el aparato de dominación somocista. Jóvenes estudiantes se insurreccionaron espontáneamente en Matagalpa; la ciudad permaneció tomada durante dos días.El 28 de agosto se hizo un llamado a la huelga general por parte de las cámaras patronales; el Frente Amplio Opositor (FAO) y el Movimiento Pueblo Unido (MPU), este último constituido en el reciente mes de julio, incorporaba a 23 distintas organizaciones políticas y sociales de las tendencias del FSLN y la izquierda del país. El 31 de agosto la huelga general se había extendido a todo el territorio.Con el objetivo de evitar levantamientos espontáneos, el FSLN se planteó la realización de una insurrección general para el día 7 de septiembre, para lo cual contaba con 150 efectivos con armas de guerra. Sin embargo, por razones de coordinación y de recursos bélicos no pudo acometerse, no fue sino hasta el día sábado 9 de septiembre que de forma simultanea a las 6.00 p.m. en las ciudades de Masaya, León, Estelí y Chinandega se inició el ataque a los cuarteles GN y el control de los accesos de estas localidades. Por otro lado, a esta misma hora, en maniobra de distracción son atacadas 5 secciones de Policía en la capital, Managua, logrando en algunos casos como el de la Carretera Sur, el aniquilamiento total de la guarnición.A la insurrección se incorporan miles de habitantes de las poblaciones mencionadas, los jóvenes se suman a las escuadras con pistolas, escopetas y fusiles de cacería, el resto de la población civil se organiza para realizar distintas labores de retaguardia como la alimentación de los combatientes. Las poblaciones son ocupadas por los combatientes mientras el control de la GN se redujo a los cuarteles. Los días 13 y 17 el Frente Sur lanza una ofensiva contra los cuarteles militares ubicados en Sapóa y Peñas Blancas en Rivas, cumplida esta misión las columnas se retiraron hacia Costa Rica.La GN pasa a la contraofensiva, desde Managua se destinan grandes contingentes a las ciudades en forma continua y escalonada, a la cabeza de estas fuerzas van las tropas elites de la Escuela de Entrenamiento Básico e Infantería, EEBI, que con el uso de blindados y descomunales bombardeos destruyeron cantidades de edificaciones y viviendas matando a miles de civiles. Las escuadras guerrilleras repelieron los primeros avances del enemigo ocasionándole gran cantidad de bajas, mas, se ven obligadas a retirarse por dos razones principales: el sacrificio al que se estaba sometiendo a la población civil, y porque se había cumplido el principal objetivo: demostrar que era posible una insurrección general contra la dictadura, en tanto la misma podía no sólo ser apoyada sino también sostenida por el pueblo. El día 13 los guerrilleros se retiran de Masaya y de Chinandega, el 17 de León, y hasta el día 22 de la heroica ciudad de Estelí, cuando se repliegan las columnas dirigidas por el legendario Francisco “El Zorro” Rivera.Somoza Debayle proclamó la victoria sobre la “intentona sandino-comunista” y rechazó la propuesta mediadora internacional promovida por el Gobierno norteamericano, apoyada por las fuerzas más conservadoras de la sociedad nicaragüense aglutinadas en el Frente Amplio Opositor. En esencia, esta propuesta procuraba preservar intacto el sistema somocista incluida la Guardia Nacional, logrando tan sólo la salida de Somoza del país. Este último, además de rechazarla, aseguró que continuaría su mandato hasta 1981. Por otro lado, la proclamada victoria sobre los rebeldes sandinistas demostró en los hechos ser una falacia más del dictador.Las escuadras guerrilleras lograron ocupar y sostener el sitio en las ciudades, infligieron gran cantidad de bajas a su sostén principal, la Guardia Nacional, reafirmando la ruptura del mito de que eran invencibles. Se logró combinar tanto la acción política de las masas como la acción armada, la huelga general se mantuvo a lo largo de septiembre paralela a la insurrección. El Frente creció cuantitativa y cualitativamente: la insurrección en Estelí, por ejemplo, se inició con 38 personas, y según datos del mismo “Zorro”, además de quedar organizadas las estructuras urbanas de Estelí, encabezó la retirada de mas de 300 combatientes (sin incluir a centenas de civiles colaboradores). La tesis insurreccional se impuso sobre las demás opciones. El FSLN reafirmó su carácter de fuerza beligerante a nivel nacional e internacional.Por supuesto que los costos para el pueblo nicaragüense fueron muy elevados, más de 10,000 civiles fueron muertos en los bombardeos y las “tareas de limpieza” de la GN. El FSLN, por su parte, tuvo que soportar la pérdida de veteranos combatientes desde la época de Juventud Patriótica, como Teodoro López, en Estelí; Francisco Fuertes Olivera, en Managua; cuadros valiosos como los jóvenes Ernesto Castillo Salaverry, en León; Ulises Tapia Roa, en Masaya; Denis Guevara, en Managua; Blas Real Espinales… ellos, otros mártires que no mencionamos y muchos de los que sobrevivieron hicieron posible esta insurrección victoriosa.
* Historiador. Sala de Investigación de la BBCN

viernes, 29 de agosto de 2008

A PROPÓSITO DEL MES DE LA RESISTENCIA INDÍGENA.

Por: Rafael Casanova Fuertes

En su articulo titulado “Abril mes de la resistencia indígena”(END 26-04-08) el Dr. Jorge Eduardo Arellano deja explicita una propuesta: declarar al mes de abril como “el mes de la resistencia indígena” que debería ser acogida por la generalidad del pueblo nicaragüense por las razones ya demostradas, en este mismo trabajo. En el mes de abril de 1523 se dieron los primeros actos de resistencia directa a la dominación europea en el territorio que hoy reconocemos como Nicaragua. No obstante esta propuesta podría ser inválida sino se esclarecen los argumentos de los detractores o de quienes han interpretado de forma tergiversada esta parte de la historia.

En esta dirección están, los planteamientos maniqueos y anti dialogo que persisten hasta la actualidad. Los primeros sostienen que hubo un Nicarao “pacifista y traidor” porque recibió pacíficamente a los españoles y un Diriangén “guerrero y patriota” que se levantó en armas contra el conquistador Gil González. La segunda versión, mas reciente, defiende la inexistencia del dialogo (entre González y el cacique Nicaragua) uno de los argumentos de esta posición es la imposibilidad de que se hayan comunicado en tanto se carecía de interpretes y que se comunicaron por señas. Hasta un patriota y héroe de la calidad de A. C. Sandino cae en esta trampa “que diablos de diluvio ni que calavera de gatos, si solo se comunicaban por señas” le dijo el héroe a José Román (véase : José Román 2007 p. 203). Otro argumento es la desaparición total de estos caciques en los acontecimientos posteriores (después de Hernández de Córdoba) de la Conquista y colonización del territorio.
Estas confusiones tienen que ver con la falta de rigurosidad de los libros de texto que se escribieron en los inicios siglo pasado o versiones acomodadas al estilo de autores conservadores que intentaban vender la imagen del ser nicaragüense “hombres del diálogo y también de armas tomar” y que Nicaragua estaba construida por esa dicotomía. Mas tanto fuentes primarias como la misma carta del expedicionario Gil González, las Crónicas de Oviedo, así como fuentes secundarias como Gámez ((véase Gámez 1975.p.97-111) aparecen datos que estos detractores soslayan -desconocemos porque razones-uno de ellos, la existencia de traductores de lengua chorotega y nahuat capturados en la expedición de Bartolomé Hurtado en 1517; otro dato es la batalla que dan las gentes del “pacifico y traidor” Cacique Nicaragua a González Dávila, el 18 de abril al pasar por su territorio, en una lucha que se prolonga desde la mañana hasta el anochecer. Entonces ¿Quiénes y por qué tienen la intención de sobreponer a este jefe indígena como pacífico?. Con independencia de las motivaciones y criterios de estos autores, existe mucho desconocimiento en la generalidad de la población porque mas que emprender el camino de aclarar los hechos es mas cómodo acomodarse a los estigmas y clichés establecidos por las interpretaciones tradicionales.

En los años de 1990 nuevas interpretaciones sobre estos acontecimientos fueron dados a conocer , entre ellos El Primer Encuentro entre Dos Mundos de Silvia Padilla Altamirano(Talleres de Historia .UCA.1992) y El encuentro según el otro... una aproximación a la versión indígena en Nicaragua (UCA 1993) de Rafael Casanova Fuertes. Tanto Padilla como este servidor, coincidiendo en algunos aspectos con Arellano, exploramos por primera vez la percepción del protagonista mas vilipendiado e ignorado por la historiografía tradicional: la población indígena o autóctona del continente.

En mi caso particular la revisión de las fuentes primarias y secundarias me permitió localizar aspectos poco conocidos como fue una versión oral de la población autóctona de la Costa Atlántica recogida por Carlos Cuadra Pasos entre miembros de la etnia mayagna durante su estadía en la zona. La misma se refiere al primer contacto que tuvieron ellos con los europeos en el siglo XVI, el mayagna le relató este hecho propio de su tradición oral a don Carlos de la siguiente manera:”Una mañana se pusieron a la vista unos grandes pájaros que vinieron hacia la orilla y entraron del río. De esos pájaros salieron unos hombres barbados y nosotros nos asustamos tanto que nos quedamos clavados en la tierra sin podernos mover…”(Cuadra Pasos. Obras 1976.p.285-286) Esta versión que debe ser investigada mas a fondo, puede tratarse de la expedición de Cristóbal Colón cuando en su 4° viaje en 1502 arribó a la desembocadura del actual Río Escondido en septiembre de este año.

Mas el principal objetivo de nuestro estudio estuvo centrado en la expedición de Gil González Dávila realizada entre 1519 y 1523, que como expresamos es el mismo tema que aborda el Dr. Arellano. Esta expedición fue en su momento la primera exploración por tierra por parte de los españoles hacia el interior de Nicaragua en la zona del Pacífico y por tanto la que propició el primer contacto directo con la población de esta parte del país. Tras describir los elementos básicos de esta expedición, así como las particularidades y sistema de creencias de los habitantes de área afectada por el choque sicológico que se dio en ese entonces, arribamos entre otras a las siguientes conclusiones :
1 - La población autóctona de territorio se ve afectada por el ingreso repentino de seres extraños que a través de sus traductores hablan de un monarca y un dios poderoso. Sus bestias y sus vestidos son también extraños. Los ritos que proponen como requisito para salvar el alma son también ajenos y extraños a sus prácticas. Pero amenazan con la guerra sino se acepta a su rey y a su dios por soberanos.
2 – Los caudillos indígenas y consejos de ancianos se reúnen y deciden recibir en paz a esos seres extraños para escuchar sus puntos de vista las entre vistas se realizan primero en Quaccapolka (Rivas) el 5 de abril de 1523 con el Teyte Nicaragua y el 14 de este mismo mes con el Teyte Diriangén en Noctari (cerca de Ochomogo). Los caudillos escuchan el requerimiento y contraponen sus puntos de vista en el mencionado diálogo, el jefe Nicaragua acepta bautizarse pero de acuerdo con sus tapaleguis (militares) y ancianos se niega a abandonar las armas y las danzas. Además, durante todos estos días observan cuidadosamente el comportamiento de los forasteros. En Noctari las noticias sobre los extranjeros llegan mas rápido, desde antes de su arribo al territorio son observados con curiosidad pero sin que los extranjeros se percaten. El jefe Diriangén va directo a su encuentro, solo pide tres días de plazo para verlos mas de cerca y estudiar los planes del ataque militar.
3 – A estas alturas ya existe una percepción totalmente negativa sobre los extranjeros la novedad ha desaparecido los extranjeros hablan de un Dios poderoso y bondadoso pero actúan como demonios. Ellos ultrajan a la población violan a las mujeres, demuestran codicia por los ornamentos religiosos de los habitantes, se enferman, comen como todos los demás, sus bestias son extrañas pero no son sobrenaturales al igual que ellos. Convencidos de que estos sujetos amenazan sus costumbres su identidad su libertad, se deciden a enfrentarlos. El primer combate muy breve(media hora) se dio el 17 de abril encabezado por Diriangén el segundo se produjo el día 18 con las fuerzas de Nicaragua y se prolonga desde el medio día hasta el anochecer. Gil González se vio obligado a retirarse terminando de este modo la primera batalla de la población autóctona contra fuerzas extranjeras.

*Historiador.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Retrospectiva del historiador Rafael Casanova Fuertes

Las repúblicas y el triunfo de Daniel Ortega
Juan Ramón Huerta
El contexto histórico que antecede a la victoria de Daniel Ortega está ligado a fenómenos políticos que datan a partir de la vida republicana de Nicaragua y, aunque guardan distancia en lo ideológico y las circunstancias en que se originan y condicionan, es necesario examinarlos a la luz de los últimos acontecimientos.El historiador y catedrático Rafael Casanova Fuertes, analiza los períodos anteriores en la historia de Nicaragua y encuentra que hay hechos similares, a tal punto que “da la impresión que todos los sistemas políticos en Nicaragua han tenido una segunda parte, es decir, han retomado el poder en circunstancias distintas”
¿Cuáles son esos períodos?

La primera república conservadora que se extendió de 1858 a 1893 y que es derrumbada por la revolución liberal de 1893; 16 años después se produce el derrumbe de esa revolución liberal y se inaugura una segunda república conservadora. Esto podría guardar una similitud, en perspectiva formal, convencional.
¿Cuáles son las características de la primera república conservadora?
La primera república conservadora surge de un movimiento de liberación nacional contra William Walker, de la lucha antifilibustera, y los dirigentes del Estado como Joaquín Zavala, Tomás Martínez, Evaristo Carazo, Vicente Cuadra y Fernando Guzmán son héroes de la guerra y les corresponde el mérito histórico de fundar el Estado oligárquico con ejes como el orden, la paz y el progreso, y de dejar atrás un Estado de anarquía y de guerras civiles y sociales desembocando en la guerra nacional en la cual ellos se destacan.
Ellos se enrumban a constituir la república ideal, le hacen concesiones a los leoneses que son liberales, y los granadinos se abocan a construir el orden, la paz y la civilización que son los ejes básicos del progreso. Son siete presidentes los que gobiernan en ese período, sin incluir a don Roberto Sacasa.Hicieron un progreso a lomo de pobre, principalmente en infraestructura; con una educación selectiva, excluyente; la introducción del teléfono y otras obras de progreso coinciden con el desarrollo de la caficultura, y Nicaragua se incorpora al mercado capitalista mundial.
¿Y qué pasa con el general José Santos Zelaya?
Zelaya interrumpe el proceso y termina con el período de la república conservadora e inaugura la primera república liberal, proceso que es ponderado por un militar con vasta educación en la escuela europea; sienta las bases de un estado moderno para comenzar una ruptura con la Iglesia; se da la continuación de las obras de infraestructura, la producción de café aumenta y se incentiva la exportación de otros productos; la educación es gratuita, pero además obligatoria, y para ello se creó la Policía escolar. Establece el matrimonio civil, el voto universal con restricciones como saber escribir; sienta las bases de la república liberal y deja atrás a la república conservadora.Luego de la caída de Zelaya, ¿cómo es la segunda república conservadora?Es defectuosa porque es hija de una intervención. Ellos nunca tuvieron suficiente consenso social y político para vencer a Zelaya, aunque éste impuso el autoritarismo, el nepotismo, la reelección y los vicios para hacerla. Pero aún con todo eso tiene respaldo popular, por ello es que los conservadores solos no pueden derribarlo y acuden a una alianza con los interventores que también tienen fuertes contradicciones con Zelaya.
Es la primera experiencia republicana en que los conservadores vuelven al poder, pero además es otra generación de conservadores, son jóvenes como Carlos Cuadra, Emiliano Chamorro. Ellos estarán siempre a la sombra interventora, ocurren rebeliones consecutivas y el Estado moderno queda truncado.La segunda república conservadora se encarga de enterrar un estado autónomo, y por lo tanto, se trunca el progreso, entre éste, la anhelada unión del Caribe con el Pacífico, acción que nunca más se hizo. Esta república le hizo daño al país.Sin embargo, en las experiencias analizadas no ha habido cambio de sistema y ahora, con el triunfo de Daniel Ortega, algunos sectores se imaginan un retorno al sistema de los años ochenta, ¿es así?Ése es precisamente el reto de Daniel Ortega. Si acudimos a los antecedentes y vemos cuándo termina la segunda república conservadora, eso ocurre en 1928, y la segunda república liberal es hija también de la intervención, combatida por el general Sandino, pero el héroe de Las Segovias es asesinado por Anastasio Somoza García e inaugura la segunda república liberal, hija de la intervención norteamericana, totalmente distinta al proyecto autónomo que tenía Zelaya, y Somoza García hereda los vicios de la reelección además apoyado por la intervención de Estados Unidos, eso provoca una serie de rebeliones que culmina con el derrocamiento de la dictadura somocista en julio de 1979.
¿Cómo se contextualiza un poder revolucionario en esta lógica que venimos analizando?
Aquí existe una similitud, guardando la distancia. Los que inauguran y gobiernan la primera república sandinista son los héroes que lucharon contra la dictadura somocista y la derrocaron, llámense Henry Ruiz, Víctor Tirado, Tomás Borge, Daniel Ortega, Humberto Ortega; ese prestigio les permite dirigir la nación en parecidas circunstancias a la primera república conservadora, claro, guardando las distancias ideológicas.El gobierno revolucionario logra crear instrumentos para favorecer a las clases populares, la alfabetización, la gratuidad de la educación, la salud y la reforma agraria y un nuevo tipo de relaciones internacionales. Desafortunadamente, esta primera república sandinista sienta las bases de un nuevo sistema que todavía permanece en el imaginario colectivo de la población, porque fueron los mejores años para las clases populares, otra cosa es que Estados Unidos haya declarado una guerra y que las elites desplazadas del poder hayan participado, boicoteando el proceso.El gobierno revolucionario, además de sectario, utiliza a las fuerzas coercitivas para enfrentar a sus adversarios internos. Fueron tan sectarios que apartaron al Movimiento Pueblo Unido, parte del movimiento social que apoyó su triunfo y fue un error prescindir de ellos.
¿Cómo se ubican los 16 años que antecedieron a la segunda república sandinista?
Son los 16 años de gobiernos neoliberales que traicionaron las expectativas del pueblo aunque hubo avances en aspectos políticos, libertades públicas, libertad de expresión, pero nunca como entonces se vieron problemas sociales; problemas de la niñez, desempleo, falta de atención en salud, falta de servicios básicos, etcétera. Esto permite que una buena parte del electorado busque una salida y le otorgue su confianza a Daniel Ortega Saavedra para que inaugure la segunda república sandinista.Hay sectores que tienen expectativas diferentes y creen que con la llegada de Ortega al poder las cosas se asemejarán a lo que ocurrió en los años ochenta, ¿qué piensa usted?Eso es producto del imaginario colectivo. Aquí hay que tomar en cuenta dos elementos; la generación que no vivió esa época y le cuentan lo que ocurrió, y otra población cansada de las políticas neoliberales. Existe un segmento que piensa que en el sandinismo estuvimos mejor y por eso vamos a darle confianza a Daniel Ortega para ver si ocurren situaciones parecidas. Las circunstancias históricas en que llegada Ortega al poder, además de distintas, son más difíciles para el Frente Sandinista de 2006 que tiene que buscar cómo reunificar a la familia sandinista, lo cual es difícil porque las distancias que se han creado son largas, a tal punto que una fracción del FSLN tiene su propio electorado y tiene cinco diputados distintos.La Asamblea Nacional está fuertemente dominada por las fuerzas de derecha, los sectores más conservadores de la sociedad; si mañana se toca el tema de los cohetes Sam-7 que Estados Unidos quiere eliminar por su seguridad y no por la de Nicaragua, yo no me imagino al sector disidente del FSLN votando con la derecha.

martes, 20 de marzo de 2007

Los laberintos de la Historia y la Epopeya de la Insurreccion



Por: Rafael Casanova Fuertes

Días atrás el jueves 5 de enero del presente año “la Bolsa de Noticias” dio a conocer lo libros más leídos y comentados del año 2005. Una de las obras destacadas fue la “Epopeya de la Insurrección” del Gral. Humberto Ortega Saavedra, publicada en julio del mencionado año. Hacer una valoración exhaustiva de la misma es imposible en tan pocas líneas y en tan poco tiempo, por ello vamos a puntualizar desde nuestra perspectiva, algunos elementos que consideramos validos para destacar los principales aportes de la obra.

Creemos pertinente señalar antes de todo que la historia reciente de Nicaragua se presenta a veces como una especie de laberinto en donde cada quien busca su hilo conductivo sin terminar de hilvanar salida única. Esto es mucho mas marcado cuando se abordan hechos como la insurrección sandinista y los años ochenta del gobierno del F.S.L.N. hasta ahora los trabajos sobre la historia contemporánea son principalmente testimonios de los participantes, los que llenan el vacío de la falta de un trabajo investigativo, resultado de un colectivo de historiadores profesionales.

Durante los años ochenta la reconstrucción de los hechos, se caracterizó por ser sectaria, maniquea y mesiánica, lo que conducía en muchos casos – contra la lógica- a la tergiversación de los hechos. El objetivo central de estos materiales entre los que se incluyen discursos de la dirigencia era sobreponer el papel vanguardista del F.S.L.N. a lo largo de la lucha antisomocista. Todo esto pasaba por trastocar el papel de otros actores políticos, un ejemplo de ello es ver el surgimiento y desarrollo del F.S.L.N. no como un proceso histórico, sino como producto de la genialidad de sus principales dirigentes; se manejaban y se repetían axiomas como: “el F.S.L.N. surgió de una célula marxista estudiantil fundada por Carlos Fonseca”; la célula como se sabe era parte del PSN, que es la misma organización que envió a Carlos Fonseca a la U.R.S.S en 1957.

En estos pecadillos – en lo que pesaban además de lo señalado los perjuicios – incurrieron hasta intelectuales de la talla del Dr. Sergio Ramírez Mercado cuando en “ La marca del Zorro” borró de un plumazo la trayectoria socialista del Dr. Alejandro Dávila Bolaños, lo acomodó en las filas sandinistas (léase: Ramírez 1989: 38-39) como si esto constituye un demérito.

Por supuesto que esta practica condujo a serias distorsiones y confusiones que no se median en ese momento, en que había una fuerte polarizacion y de confrontación político- ideológico. Esa visión confusa de la historia condujo a conclusiones erróneas entre la población afectada por el atraso político- cultural heredado: normales fueron las siguientes expresiones. “ No hubo ningún partido que se opusiera a Somoza solo el F.S.L.N.”; “las masas populares se organizaron espontáneamente estimulados por las acciones del F.S.L.N.”; “en Nicaragua hubo sindicatos hasta después de 1979”; “ lo de Sandino fue continuado por Fonseca y no hubo nada más”, y cuando había que aclarar a

algún curioso cuando algo no encajaba en una descripción, la respuesta del “cuadro” más inmediato era: “ La Dirección Nacional no se ha pronunciado al respecto” y el problema concluía y la confusión continuaba.

Tales definiciones en la educación política fueron también aprovechadas por los detractores del proyecto para hacer aseveraciones unilaterales tales como: “el pueblo fue el que botó a Somoza realmente y el F.S.L.N. no hizo más que aprovecharse”; “el que botó realmente fue Jimmy Carter”; el colmo es que hasta un mitómano, dirigente de un micro partido de izquierda se atribuyó el “mérito” de haber aglutinado a toda la oposición y ser el artífice de la caída del somocismo en 1979. En este estado de cosas es válido anotar la tendencia que existe en nuestra psicología social o más bien en nuestra cultura política con poca serenidad y raciocinio al momento de calificar o descalificar a determinado actor político.

En los últimos años aun cuando se dieron valiosos aportes testimoniales poco se hizo en torno a aclarar hechos que fueron convertidos en Tabúes. En estas circunstancias es que la obra de Ortega Saavedra “la Epopeya de la Insurrección” sienta las bases para romper con los esquemas antes mencionados. Esta afirmación se basa entre otros en los siguientes criterios:

Primero: es el testimonio de uno de los principales dirigentes del F.S.L.N., gestor de la insurrección que permitió la caída de Somoza en 1979, es como se dice en la ciencia histórica, un testigo directo. Aunque hubo otro dirigente sandinista que escribió “La Paciente Impaciencia” durante los años ochenta esta obra circunscribe mucho alrededor del protagonista, hace uso excesivo del estilo literario, y deja fuera entre otras cosas a muchos protagonistas.

Segundo: rebasa las concepciones sectarias, sentando un precedente sobre todo cuando proviene de un dirigente del F.S.L.N., por primera vez asumen visibilidad , agentes colectivos e individuales en la reconstrucción histórica, sin ningún termino ofensivo ni peyorativo (propio del tratamiento que le daba el F.S.L.N. a los no sandinistas); un ejemplo de ello se puede observar en el capitulo I (entre las paginas 83- 93) cuando se refiere a la acción de Rigoberto López Pérez de septiembre de 1956 la presente como la reivindicación de una amalgama de movimientos políticos, sociales, y personalidades de distintos signos ideológicos (Liberales, Sacasistas, Liberales Independientes, Conservadores, Socialistas, militares Antisomocistas, Veteranos Sandinistas, etc.) que tuvieron incidencia en la lucha contra Somoza García.

En lo adelante son extraídos del anonimato destacados representantes del movimiento revolucionario No- Sandinistas como Nicolás Arrieta, Jorge Galo , Abdul Sirker, integrantes polémicos y controversiales del F.S.L.N. como Noel Guerrero Santiago, Fausto Amador Arrieta, Rodolfo Romero y Efraín Sánchez Sancho son sin prejuicio alguno incluidos en las filas sandinistas. Es muy interesante tratamiento que le da al dirigente y mártir opositor Pedro Joaquín Chamorro; al ser presentado tal como es, no es trascendente su origen de clase, ni su propuesta política sino que lo más importante, su posición de inclaudicable opositor y sus aportes -que caminan paralelo a la lucha del F.S.L.N.- para lograr el fin de la dictadura.

Tercero. Rompe con las concepciones mesiánicas, propias de la literatura histórica de los años ochenta. Los mártires, héroes, y fundadores del F.S.L.N. ya no son los divinizados y predestinados a cumplir una misión. Los protagonistas aparecen a lo largo de toda la narrativa como personas de carne hueso y parte de un proceso histórico que tienen sus posiciones político –ideológicas diferentes en el proceso que lleva a la fundación y desarrollo del F.S.L.N., un proceso que viene madurando en la medida en que evolucionan ideológicamente los individuos que conforman esta organización. Ejemplo en el capitulo III p.193 se plantean sin ambages las diferencias y contradicciones entre dirigentes como Oscar Turcios y Carlos Fonseca.

Cuarto: podemos destacar que es una versión integral y objetiva de la historia. Hay un esfuerzo notable del autor por abarcar los distintos aspectos que bordean la lucha política en la que se involucra personalmente. Los hechos económicos, políticos, la ideología, el arte, y la cultura; artistas, poetas, escritores, la iglesia, etc, todos estos elementos se insertan e interrelacionan con las luchas políticas y militares. La lucha interna y su vinculación a la coyuntura internacional, una gota en la historia del Laberinto –tal a como lo refleja su propuesta – eso es nicaragua y al final vemos como enuncia su propuesta política : los actores políticos en la Nicaragua actual deben de moverse hacia el centro, es decir, al centrismo, lo que debe de conducir a las distintas fuerzas políticas y sociales del país hacia un proyecto de nacion una salida donde tenga participación tanto la mayorías como el capital según el esta no es una teoría sino una salida pragmática que requiere el país para lograr su desarrollo.

Finalmente por aquello de que todo cuanto se construye no es perfecto vamos a señalar algunas imprecisiones y limitantes que valdría la pena ser tomado en cuenta en una segunda edición:

Primero: en algunos casos se carece de un hilo conductor que ubique el ingreso y final de algunos militantes como el caso de Francisco fuertes (p.186) “quien pasa a una clandestinidad cerrada en 1967”, y no aparece ni antes, ni después. En este caso se podría agregar: militante desde los tiempos de J.P.N.

Segundo: hay imprecisiones como el caso de la salida de Efraín Sánchez Sancho del F.S.L.N. y las divisiones del partido Socialista Nicaragüense: (la de 1967 y la de 1977). En el primer caso se produjo una división que terminó finalmente con el mantenimiento del P.S.N. como tal y una fracción que posteriormente en 1970 se convirtió en un micro partido: el partido Comunista de Nicaragua (P.C. de N.), y en la segunda si hubo una división exacta pero hay confusión (ver p.) cuando se hacen alineamientos de los dirigentes de ambas fracciones se les ubican erróneamente en el bando equivocado.

Tercero: aunque señalamos que hay un lenguaje muy cuidadoso y respetuoso, hay afirmaciones que además de sembrar confusiones no están apegadas a la verdad histórica; ejemplo. Cuando se refiere a Amada Pineda ésta no solo era una “señora respetada” sino también organizadora del Frente Femenino del Partido Socialista (de la zona) del cual ella era militante (p.258); con respecto a Catalino Flores se hace referencia a


“acciones vandálicas” a su iniciativa de romper hostilidades contra la Guardia Nacional; lo que comenzó con una exitosa emboscada contra la Guardia y terminó con el secuestro del terrateniente Blandòn.

En concordancia con ese tiempo histórico. Sus acciones fueron contra el sistema imperante, por tanto no son vandálicas. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Nicaragua F.A.R.N. fueron el brazo armado del P.S.N. y sus principales gestores fueron Abdul Sirker, Nicolás “El Coto” Arrieta a este esfuerzo se sumó Jacinto Baca Jerez y otros militantes sandinistas (p.170); la insurrección de Monimbó fue espontánea pero los primeros en tratar de darle cohesión y formar los comités fueron los dirigentes juveniles socialistas de Monimbó y Masaya, Julio Gómez Cano y Martín Cesar, este ultimo fuel el que a través de su conversación con Camilo Ortega lo reconoce como revolucionario con lo que se evita que sea linchado por los moninboseños (p.338-340); Emiliano Chamorro falleció en 1966 y no en 1975, es decir que tenia once años de muerto y no dos años (como se asegura en la p.305) en 1977.

Cuarto: hay hechos que por su relevancia no debieron ser omitidos, tales como “Las huelgas obreras de 1973, 1974, y 1975” ; la beligerancia del movimiento estudiantil; las conversaciones Ortega Saavedra –Sánchez Sancho en la Habana en 1975; los acuerdos FER- JSN de 1976. Por supuesto que ninguna de estas limitantes que señalamos afectan en lo absoluto la naturaleza de la obra, que constituye en si, misma un singular aporte para la historia contemporánea de Nicaragua. Digno de ser utilizado como referencia en la Educación Superior y de hecho se convierte en consulta obligatoria para cualquier interesado en esta temática