sábado, 20 de septiembre de 2008

De llamarse Nicaragua, a cargar nombre de corrupto

* Crónica del héroe nicaragüense y de la confusa heroicidad de Juan Santamaría* En la otrora Ciudad de los Mangos siempre se manejó que quien había incendiado el Mesón fue un soldado de San Isidro Apataco, llamado Pedro Joaquín Rosales* Lo anterior no demerita el aporte que hizo el pueblo y gobierno costarricense de la época, determinante para lograr eliminar la amenaza del filibustero William Walker
Rafael Casanova Fuertes*
PRIMERA DE DOS ENTREGASMucho se ha hablado de las batallas que le han dado la categoría de tres veces heroica a la ciudad de Rivas. Aunque al momento de hacer referencia sólo se menciona a dos de estos acontecimientos: la del 29 de junio de 1855, y la del 11 de abril de 1856. La última batalla, que constituyó la derrota decisiva y definitiva de Walker, y que se dio entre el 27 de enero y 1 de mayo de 1857, es hasta ahora un hecho poco conocido y por tanto poco mencionado a pesar de las dimensiones que tuvo.
Las primeras batallas

Pero las batallas de Rivas no fueron sólo las que conocemos a través de la enseñanza de los textos, como las susodichas, sino muchas más, desde antes de su existencia como ciudad. El 18 de abril de 1523, durante la expedición del conquistador Gil González Dávila, sus alrededores fueron escenario de un largo encuentro bélico entre fuerzas del jefe Nicaragua (no Nicarao) y las tropas de este expedicionario, que se retiraban del territorio tras haber combatido con las fuerzas de Diriangén el día anterior. Según el mismo González, las hostilidades se rompieron a las 11:00 a.m. y terminaron al anochecer, y temeroso, tuvo que retirarse aprovechando una tregua solicitada por los mismos indígenas (Vega Bolaños, 1954 pp. 98-99).No había pasado mucho tiempo cuando en 1524 un nuevo expedicionario, Francisco Hernández de Córdoba, emprendió la auténtica conquista del territorio a través de “sangrientas batallas cuyos pormenores --según Gámez-- no han llegado hasta nosotros” (Gámez, 1975 p. 113). Lo que evidente es que tras el paso de este señor las batallas y las matanzas fueron tan grandes, que no quedó vivo ninguno de los caciques mencionados en la anterior expedición de González, entre los que se pueden destacar Nicaragua y Diriangén. Sin embargo, el ambicioso hidalgo Hernández de Córdoba pronto encontró su castigo en manos de otro cruel y sanguinario conquistador, el célebre Pedrarias Dávila, quien lo ejecutó en junio de 1526.
La batalla para que el Valle fuera Villa

Hacia fines del siglo XVII, los habitantes de este territorio se enfrascarían en una nueva batalla que ya no era con armas, sino con recursos legales para que se les otorgara la calidad de Villa, en tanto ya el agrupamiento urbano que en esa época se denominó Valle de Nicaragua, llenaba los requisitos legales de la legislación colonial para ser considerado una Villa. La situación continuó hasta el siglo XVIII, y es aquí cuando la delegación de vecinos logró ganar la batalla para que se le otorgara el título, pero en Ciudad de Guatemala tuvieron que recurrir a una argucia tal, como fue la de incluir entre los nombres legales de la Villa el mismo apellido del capitán general Francisco Rodríguez de Rivas.De esta manera se otorgó el título de Villa de la Purísima Concepción de Nicaragua (éste era el nombre original) y de Rivas (agregado) el 29 de mayo de 1720. Lejos estaban de imaginar los vecinos dos cosas que habrían de acontecer posteriormente: 1. Que el susodicho capitán general Rodríguez de Rivas sería destituido de su cargo por actos de corrupción por las autoridades coloniales (Wortman, 1991 pp. 127-130); 2. Pero lo que nunca se imaginaron estos gestores del siglo XVIII es que el nombre original de Nicaragua vendría con el tiempo (segunda mitad del siglo XIX) a ser sustituido por el de Rivas, es decir, por el de un corrupto funcionario. Desde entonces, a los orgullosos nicaraguas, como era su gentilicio, se les empezó a llamar rivenses, es decir, cargando sobre sus hombros el nombre de un colonialista corrupto y no la justa y original denominación de un valiente cacique. Es decir, que sus fundadores ganaron la batalla del reconocimiento como Villa, pero perdieron la batalla del nombre correcto por uno corrupto.

Las batallas del periodo de la anarquía
La importancia económica y estratégica de Rivas la convirtió en escenario obligado de las confrontaciones que siguieron tras la independencia de 1821. Rivas fue el principal escenario de la guerra de Cerda y Argüello entre 1826 y 1829, pero principalmente de las guerras anárquicas de 1845 y 1849 que se dieron en toda Nicaragua. Las llamaron así porque fueron verdaderas luchas de clases entre grandes propietarios de tierras y comuneros indígenas y mestizos pobres, que batallaban entre otras cosas por preservar sus formas de propiedad comunal y ejidal usurpadas (unas) y codiciadas (otras) por los terratenientes.El desenlace de estos acontecimientos se dio en Rivas a partir de dos batallas: en la primera, el tres de junio de 1849, masas enardecidas de todos los pueblos circundantes atacaron la guarnición del gobierno, batalla que se prolongó hasta el 15 de junio, siendo tomado el cuartel por los rebeldes encabezados por el célebre general guerrillero Bernabé Somoza Martínez. Los rebeldes proclamaron el gobierno de los pueblos en Rivas; al movimiento se sumaron contingentes llegados de Xalteva, Masaya, Diriomo, Nandaime, etc., todos se concentraron en Rivas. La segunda batalla se dio cuando los alarmados círculos de poder de León y Granada depusieron momentáneamente sus diferencias para enfrentar a la facción de Rivas, tildada de “enemiga del orden y la propiedad”.Los ejércitos unidos de León y Granada, más de 1,000 hombres bien armados, encabezados por los caudillos Fruto Chamorro, de Granada, y Trinidad Muñoz, de León, marcharon contra Rivas, la cual ocuparon sin resistencia el nueve de julio. Somoza, quien tenía su cuartel en San Jorge, la había desocupado. Con todos sus contingentes reunidos, casi similares a los del enemigo, pero superados en recursos y reservas, decidieron atacar por separado a los coaligados, y el 14 de ese mes entraron por el sur, La Puebla, a las 2:00 p.m., para enfrentar al general Muñoz. Tras obtener un balance favorable en dos horas de combate, las fuerzas de Somoza se vieron afectadas por dos razones: la escuela militar de Muñoz, que les impuso una incómoda pelea, pero sobre todo fue la llegada de los refuerzos a Muñoz, quien se impuso finalmente sobre la facción rebelde. Esta batalla, que finalizó con la captura y muerte de Somoza y la ejecución de decenas de sus partidarios (Casanova, 1994 pp. 240-247), fue una de las más grandes del periodo anárquico, sólo superada por el sitio a León entre 1944-1945, en la llamada Guerra de Malespín.

Las batallas durante la Guerra Nacional
Estos hechos son más conocidos, y como lo mencionamos, dos de ellos pasaron a formar parte de la simbología heroica de dos países. Uno de estos hechos arribará en los próximos días a su 153 aniversario, es decir, la Batalla de Rivas del 29 de junio, en que se destacó el joven maestro Enmanuel Mongalo y Rubio, a quien le correspondió incendiar la casa de don Máximo Espinoza, y en donde estaban atrincherados los filibusteros dirigidos por el propio Walker. Un acontecimiento similar se dio al año siguiente, cuando los filibusteros, en la señalada fecha del 11 de abril, se enfrentaron de nuevo en Rivas con los hermanos costarricenses. Aquí se destacó, según las versiones, el héroe costarricense Juan Santamaría. Pero a nivel de los especialistas en este campo y de este tema, la acción de Santamaría es todavía objeto de controversias y confusiones.El origen de ello lo determinó el hecho de que a diferencia de Mongalo, de quien constan documentos originales sobre su existencia y su participación en los partes e informes oficiales inmediatos en los sucesos (Palma Martínez, 1956 p. 88), en la bien documentada participación costarricense de la época no se hace ninguna alusión ni al hecho ni al héroe.Quienes lo dieron a conocer y lo promovieron tras varias décadas de finalizada la guerra, fueron veteranos de la campaña y periodistas, lo que fue objeto de distintas polémicas y controversias en esa época. A pesar de todo, el Estado costarricense, basado en estas fuentes orales, lo proclamó Héroe Nacional, y como tal ha sido reconocido por la generalidad de los pueblos centroamericanos. Sin embargo, en la larga tradición oral de Rivas, desde antes que apareciera Santamaría, se manejó que quien había incendiado el Mesón de Guerra en la fecha señalada fue un soldado de San Isidro Apataco de Rivas, llamado Pedro Joaquín Rosales (Urtecho, 1968 p. 52), pero que además sobrevivió a la acción muchos años después.Esto se tornó más polémico cuando en Costa Rica se descubrió en un documento, que el único soldado que tuvo el nombre de Juan Santamaría no murió en la acción del Mesón, a como sostuvieron vehementemente los veteranos ticos, sino de “cólera morbus” en Liberia, Guanacaste, en el mismo año de 1856. Todos estos elementos de confusión no deben entrar en menoscabo del sustancial aporte que hizo el pueblo y gobierno costarricense de la época, que fue determinante para lograr eliminar la amenaza de Walker y su proyecto esclavista, aunque sí se deben hacer los debidos esfuerzos por aclarar objetivamente los hechos y darle su mérito -–si lo tuvo-- a personas que como Rosales han permanecido en el anonimato. No voy a referirme a la tercera batalla, que se dio entre enero y mayo de 1857, la más prolongada y decisiva de la Guerra Nacional, debido a que sobre ella dedicamos el año pasado un artículo muy amplio.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

A treinta años de la insurrección de septiembre de 1978

Rafael Casanova Fuertes*

La Dirección Insurreccional del FSLN estaba clara de que el impacto provocado por el asalto al Palacio Nacional el 22 de agosto de 1978 habría creado el suficiente clímax político para desencadenar acciones todavía más contundentes contra el aparato de dominación somocista. Jóvenes estudiantes se insurreccionaron espontáneamente en Matagalpa; la ciudad permaneció tomada durante dos días.El 28 de agosto se hizo un llamado a la huelga general por parte de las cámaras patronales; el Frente Amplio Opositor (FAO) y el Movimiento Pueblo Unido (MPU), este último constituido en el reciente mes de julio, incorporaba a 23 distintas organizaciones políticas y sociales de las tendencias del FSLN y la izquierda del país. El 31 de agosto la huelga general se había extendido a todo el territorio.Con el objetivo de evitar levantamientos espontáneos, el FSLN se planteó la realización de una insurrección general para el día 7 de septiembre, para lo cual contaba con 150 efectivos con armas de guerra. Sin embargo, por razones de coordinación y de recursos bélicos no pudo acometerse, no fue sino hasta el día sábado 9 de septiembre que de forma simultanea a las 6.00 p.m. en las ciudades de Masaya, León, Estelí y Chinandega se inició el ataque a los cuarteles GN y el control de los accesos de estas localidades. Por otro lado, a esta misma hora, en maniobra de distracción son atacadas 5 secciones de Policía en la capital, Managua, logrando en algunos casos como el de la Carretera Sur, el aniquilamiento total de la guarnición.A la insurrección se incorporan miles de habitantes de las poblaciones mencionadas, los jóvenes se suman a las escuadras con pistolas, escopetas y fusiles de cacería, el resto de la población civil se organiza para realizar distintas labores de retaguardia como la alimentación de los combatientes. Las poblaciones son ocupadas por los combatientes mientras el control de la GN se redujo a los cuarteles. Los días 13 y 17 el Frente Sur lanza una ofensiva contra los cuarteles militares ubicados en Sapóa y Peñas Blancas en Rivas, cumplida esta misión las columnas se retiraron hacia Costa Rica.La GN pasa a la contraofensiva, desde Managua se destinan grandes contingentes a las ciudades en forma continua y escalonada, a la cabeza de estas fuerzas van las tropas elites de la Escuela de Entrenamiento Básico e Infantería, EEBI, que con el uso de blindados y descomunales bombardeos destruyeron cantidades de edificaciones y viviendas matando a miles de civiles. Las escuadras guerrilleras repelieron los primeros avances del enemigo ocasionándole gran cantidad de bajas, mas, se ven obligadas a retirarse por dos razones principales: el sacrificio al que se estaba sometiendo a la población civil, y porque se había cumplido el principal objetivo: demostrar que era posible una insurrección general contra la dictadura, en tanto la misma podía no sólo ser apoyada sino también sostenida por el pueblo. El día 13 los guerrilleros se retiran de Masaya y de Chinandega, el 17 de León, y hasta el día 22 de la heroica ciudad de Estelí, cuando se repliegan las columnas dirigidas por el legendario Francisco “El Zorro” Rivera.Somoza Debayle proclamó la victoria sobre la “intentona sandino-comunista” y rechazó la propuesta mediadora internacional promovida por el Gobierno norteamericano, apoyada por las fuerzas más conservadoras de la sociedad nicaragüense aglutinadas en el Frente Amplio Opositor. En esencia, esta propuesta procuraba preservar intacto el sistema somocista incluida la Guardia Nacional, logrando tan sólo la salida de Somoza del país. Este último, además de rechazarla, aseguró que continuaría su mandato hasta 1981. Por otro lado, la proclamada victoria sobre los rebeldes sandinistas demostró en los hechos ser una falacia más del dictador.Las escuadras guerrilleras lograron ocupar y sostener el sitio en las ciudades, infligieron gran cantidad de bajas a su sostén principal, la Guardia Nacional, reafirmando la ruptura del mito de que eran invencibles. Se logró combinar tanto la acción política de las masas como la acción armada, la huelga general se mantuvo a lo largo de septiembre paralela a la insurrección. El Frente creció cuantitativa y cualitativamente: la insurrección en Estelí, por ejemplo, se inició con 38 personas, y según datos del mismo “Zorro”, además de quedar organizadas las estructuras urbanas de Estelí, encabezó la retirada de mas de 300 combatientes (sin incluir a centenas de civiles colaboradores). La tesis insurreccional se impuso sobre las demás opciones. El FSLN reafirmó su carácter de fuerza beligerante a nivel nacional e internacional.Por supuesto que los costos para el pueblo nicaragüense fueron muy elevados, más de 10,000 civiles fueron muertos en los bombardeos y las “tareas de limpieza” de la GN. El FSLN, por su parte, tuvo que soportar la pérdida de veteranos combatientes desde la época de Juventud Patriótica, como Teodoro López, en Estelí; Francisco Fuertes Olivera, en Managua; cuadros valiosos como los jóvenes Ernesto Castillo Salaverry, en León; Ulises Tapia Roa, en Masaya; Denis Guevara, en Managua; Blas Real Espinales… ellos, otros mártires que no mencionamos y muchos de los que sobrevivieron hicieron posible esta insurrección victoriosa.
* Historiador. Sala de Investigación de la BBCN

viernes, 29 de agosto de 2008

A PROPÓSITO DEL MES DE LA RESISTENCIA INDÍGENA.

Por: Rafael Casanova Fuertes

En su articulo titulado “Abril mes de la resistencia indígena”(END 26-04-08) el Dr. Jorge Eduardo Arellano deja explicita una propuesta: declarar al mes de abril como “el mes de la resistencia indígena” que debería ser acogida por la generalidad del pueblo nicaragüense por las razones ya demostradas, en este mismo trabajo. En el mes de abril de 1523 se dieron los primeros actos de resistencia directa a la dominación europea en el territorio que hoy reconocemos como Nicaragua. No obstante esta propuesta podría ser inválida sino se esclarecen los argumentos de los detractores o de quienes han interpretado de forma tergiversada esta parte de la historia.

En esta dirección están, los planteamientos maniqueos y anti dialogo que persisten hasta la actualidad. Los primeros sostienen que hubo un Nicarao “pacifista y traidor” porque recibió pacíficamente a los españoles y un Diriangén “guerrero y patriota” que se levantó en armas contra el conquistador Gil González. La segunda versión, mas reciente, defiende la inexistencia del dialogo (entre González y el cacique Nicaragua) uno de los argumentos de esta posición es la imposibilidad de que se hayan comunicado en tanto se carecía de interpretes y que se comunicaron por señas. Hasta un patriota y héroe de la calidad de A. C. Sandino cae en esta trampa “que diablos de diluvio ni que calavera de gatos, si solo se comunicaban por señas” le dijo el héroe a José Román (véase : José Román 2007 p. 203). Otro argumento es la desaparición total de estos caciques en los acontecimientos posteriores (después de Hernández de Córdoba) de la Conquista y colonización del territorio.
Estas confusiones tienen que ver con la falta de rigurosidad de los libros de texto que se escribieron en los inicios siglo pasado o versiones acomodadas al estilo de autores conservadores que intentaban vender la imagen del ser nicaragüense “hombres del diálogo y también de armas tomar” y que Nicaragua estaba construida por esa dicotomía. Mas tanto fuentes primarias como la misma carta del expedicionario Gil González, las Crónicas de Oviedo, así como fuentes secundarias como Gámez ((véase Gámez 1975.p.97-111) aparecen datos que estos detractores soslayan -desconocemos porque razones-uno de ellos, la existencia de traductores de lengua chorotega y nahuat capturados en la expedición de Bartolomé Hurtado en 1517; otro dato es la batalla que dan las gentes del “pacifico y traidor” Cacique Nicaragua a González Dávila, el 18 de abril al pasar por su territorio, en una lucha que se prolonga desde la mañana hasta el anochecer. Entonces ¿Quiénes y por qué tienen la intención de sobreponer a este jefe indígena como pacífico?. Con independencia de las motivaciones y criterios de estos autores, existe mucho desconocimiento en la generalidad de la población porque mas que emprender el camino de aclarar los hechos es mas cómodo acomodarse a los estigmas y clichés establecidos por las interpretaciones tradicionales.

En los años de 1990 nuevas interpretaciones sobre estos acontecimientos fueron dados a conocer , entre ellos El Primer Encuentro entre Dos Mundos de Silvia Padilla Altamirano(Talleres de Historia .UCA.1992) y El encuentro según el otro... una aproximación a la versión indígena en Nicaragua (UCA 1993) de Rafael Casanova Fuertes. Tanto Padilla como este servidor, coincidiendo en algunos aspectos con Arellano, exploramos por primera vez la percepción del protagonista mas vilipendiado e ignorado por la historiografía tradicional: la población indígena o autóctona del continente.

En mi caso particular la revisión de las fuentes primarias y secundarias me permitió localizar aspectos poco conocidos como fue una versión oral de la población autóctona de la Costa Atlántica recogida por Carlos Cuadra Pasos entre miembros de la etnia mayagna durante su estadía en la zona. La misma se refiere al primer contacto que tuvieron ellos con los europeos en el siglo XVI, el mayagna le relató este hecho propio de su tradición oral a don Carlos de la siguiente manera:”Una mañana se pusieron a la vista unos grandes pájaros que vinieron hacia la orilla y entraron del río. De esos pájaros salieron unos hombres barbados y nosotros nos asustamos tanto que nos quedamos clavados en la tierra sin podernos mover…”(Cuadra Pasos. Obras 1976.p.285-286) Esta versión que debe ser investigada mas a fondo, puede tratarse de la expedición de Cristóbal Colón cuando en su 4° viaje en 1502 arribó a la desembocadura del actual Río Escondido en septiembre de este año.

Mas el principal objetivo de nuestro estudio estuvo centrado en la expedición de Gil González Dávila realizada entre 1519 y 1523, que como expresamos es el mismo tema que aborda el Dr. Arellano. Esta expedición fue en su momento la primera exploración por tierra por parte de los españoles hacia el interior de Nicaragua en la zona del Pacífico y por tanto la que propició el primer contacto directo con la población de esta parte del país. Tras describir los elementos básicos de esta expedición, así como las particularidades y sistema de creencias de los habitantes de área afectada por el choque sicológico que se dio en ese entonces, arribamos entre otras a las siguientes conclusiones :
1 - La población autóctona de territorio se ve afectada por el ingreso repentino de seres extraños que a través de sus traductores hablan de un monarca y un dios poderoso. Sus bestias y sus vestidos son también extraños. Los ritos que proponen como requisito para salvar el alma son también ajenos y extraños a sus prácticas. Pero amenazan con la guerra sino se acepta a su rey y a su dios por soberanos.
2 – Los caudillos indígenas y consejos de ancianos se reúnen y deciden recibir en paz a esos seres extraños para escuchar sus puntos de vista las entre vistas se realizan primero en Quaccapolka (Rivas) el 5 de abril de 1523 con el Teyte Nicaragua y el 14 de este mismo mes con el Teyte Diriangén en Noctari (cerca de Ochomogo). Los caudillos escuchan el requerimiento y contraponen sus puntos de vista en el mencionado diálogo, el jefe Nicaragua acepta bautizarse pero de acuerdo con sus tapaleguis (militares) y ancianos se niega a abandonar las armas y las danzas. Además, durante todos estos días observan cuidadosamente el comportamiento de los forasteros. En Noctari las noticias sobre los extranjeros llegan mas rápido, desde antes de su arribo al territorio son observados con curiosidad pero sin que los extranjeros se percaten. El jefe Diriangén va directo a su encuentro, solo pide tres días de plazo para verlos mas de cerca y estudiar los planes del ataque militar.
3 – A estas alturas ya existe una percepción totalmente negativa sobre los extranjeros la novedad ha desaparecido los extranjeros hablan de un Dios poderoso y bondadoso pero actúan como demonios. Ellos ultrajan a la población violan a las mujeres, demuestran codicia por los ornamentos religiosos de los habitantes, se enferman, comen como todos los demás, sus bestias son extrañas pero no son sobrenaturales al igual que ellos. Convencidos de que estos sujetos amenazan sus costumbres su identidad su libertad, se deciden a enfrentarlos. El primer combate muy breve(media hora) se dio el 17 de abril encabezado por Diriangén el segundo se produjo el día 18 con las fuerzas de Nicaragua y se prolonga desde el medio día hasta el anochecer. Gil González se vio obligado a retirarse terminando de este modo la primera batalla de la población autóctona contra fuerzas extranjeras.

*Historiador.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Retrospectiva del historiador Rafael Casanova Fuertes

Las repúblicas y el triunfo de Daniel Ortega
Juan Ramón Huerta
El contexto histórico que antecede a la victoria de Daniel Ortega está ligado a fenómenos políticos que datan a partir de la vida republicana de Nicaragua y, aunque guardan distancia en lo ideológico y las circunstancias en que se originan y condicionan, es necesario examinarlos a la luz de los últimos acontecimientos.El historiador y catedrático Rafael Casanova Fuertes, analiza los períodos anteriores en la historia de Nicaragua y encuentra que hay hechos similares, a tal punto que “da la impresión que todos los sistemas políticos en Nicaragua han tenido una segunda parte, es decir, han retomado el poder en circunstancias distintas”
¿Cuáles son esos períodos?

La primera república conservadora que se extendió de 1858 a 1893 y que es derrumbada por la revolución liberal de 1893; 16 años después se produce el derrumbe de esa revolución liberal y se inaugura una segunda república conservadora. Esto podría guardar una similitud, en perspectiva formal, convencional.
¿Cuáles son las características de la primera república conservadora?
La primera república conservadora surge de un movimiento de liberación nacional contra William Walker, de la lucha antifilibustera, y los dirigentes del Estado como Joaquín Zavala, Tomás Martínez, Evaristo Carazo, Vicente Cuadra y Fernando Guzmán son héroes de la guerra y les corresponde el mérito histórico de fundar el Estado oligárquico con ejes como el orden, la paz y el progreso, y de dejar atrás un Estado de anarquía y de guerras civiles y sociales desembocando en la guerra nacional en la cual ellos se destacan.
Ellos se enrumban a constituir la república ideal, le hacen concesiones a los leoneses que son liberales, y los granadinos se abocan a construir el orden, la paz y la civilización que son los ejes básicos del progreso. Son siete presidentes los que gobiernan en ese período, sin incluir a don Roberto Sacasa.Hicieron un progreso a lomo de pobre, principalmente en infraestructura; con una educación selectiva, excluyente; la introducción del teléfono y otras obras de progreso coinciden con el desarrollo de la caficultura, y Nicaragua se incorpora al mercado capitalista mundial.
¿Y qué pasa con el general José Santos Zelaya?
Zelaya interrumpe el proceso y termina con el período de la república conservadora e inaugura la primera república liberal, proceso que es ponderado por un militar con vasta educación en la escuela europea; sienta las bases de un estado moderno para comenzar una ruptura con la Iglesia; se da la continuación de las obras de infraestructura, la producción de café aumenta y se incentiva la exportación de otros productos; la educación es gratuita, pero además obligatoria, y para ello se creó la Policía escolar. Establece el matrimonio civil, el voto universal con restricciones como saber escribir; sienta las bases de la república liberal y deja atrás a la república conservadora.Luego de la caída de Zelaya, ¿cómo es la segunda república conservadora?Es defectuosa porque es hija de una intervención. Ellos nunca tuvieron suficiente consenso social y político para vencer a Zelaya, aunque éste impuso el autoritarismo, el nepotismo, la reelección y los vicios para hacerla. Pero aún con todo eso tiene respaldo popular, por ello es que los conservadores solos no pueden derribarlo y acuden a una alianza con los interventores que también tienen fuertes contradicciones con Zelaya.
Es la primera experiencia republicana en que los conservadores vuelven al poder, pero además es otra generación de conservadores, son jóvenes como Carlos Cuadra, Emiliano Chamorro. Ellos estarán siempre a la sombra interventora, ocurren rebeliones consecutivas y el Estado moderno queda truncado.La segunda república conservadora se encarga de enterrar un estado autónomo, y por lo tanto, se trunca el progreso, entre éste, la anhelada unión del Caribe con el Pacífico, acción que nunca más se hizo. Esta república le hizo daño al país.Sin embargo, en las experiencias analizadas no ha habido cambio de sistema y ahora, con el triunfo de Daniel Ortega, algunos sectores se imaginan un retorno al sistema de los años ochenta, ¿es así?Ése es precisamente el reto de Daniel Ortega. Si acudimos a los antecedentes y vemos cuándo termina la segunda república conservadora, eso ocurre en 1928, y la segunda república liberal es hija también de la intervención, combatida por el general Sandino, pero el héroe de Las Segovias es asesinado por Anastasio Somoza García e inaugura la segunda república liberal, hija de la intervención norteamericana, totalmente distinta al proyecto autónomo que tenía Zelaya, y Somoza García hereda los vicios de la reelección además apoyado por la intervención de Estados Unidos, eso provoca una serie de rebeliones que culmina con el derrocamiento de la dictadura somocista en julio de 1979.
¿Cómo se contextualiza un poder revolucionario en esta lógica que venimos analizando?
Aquí existe una similitud, guardando la distancia. Los que inauguran y gobiernan la primera república sandinista son los héroes que lucharon contra la dictadura somocista y la derrocaron, llámense Henry Ruiz, Víctor Tirado, Tomás Borge, Daniel Ortega, Humberto Ortega; ese prestigio les permite dirigir la nación en parecidas circunstancias a la primera república conservadora, claro, guardando las distancias ideológicas.El gobierno revolucionario logra crear instrumentos para favorecer a las clases populares, la alfabetización, la gratuidad de la educación, la salud y la reforma agraria y un nuevo tipo de relaciones internacionales. Desafortunadamente, esta primera república sandinista sienta las bases de un nuevo sistema que todavía permanece en el imaginario colectivo de la población, porque fueron los mejores años para las clases populares, otra cosa es que Estados Unidos haya declarado una guerra y que las elites desplazadas del poder hayan participado, boicoteando el proceso.El gobierno revolucionario, además de sectario, utiliza a las fuerzas coercitivas para enfrentar a sus adversarios internos. Fueron tan sectarios que apartaron al Movimiento Pueblo Unido, parte del movimiento social que apoyó su triunfo y fue un error prescindir de ellos.
¿Cómo se ubican los 16 años que antecedieron a la segunda república sandinista?
Son los 16 años de gobiernos neoliberales que traicionaron las expectativas del pueblo aunque hubo avances en aspectos políticos, libertades públicas, libertad de expresión, pero nunca como entonces se vieron problemas sociales; problemas de la niñez, desempleo, falta de atención en salud, falta de servicios básicos, etcétera. Esto permite que una buena parte del electorado busque una salida y le otorgue su confianza a Daniel Ortega Saavedra para que inaugure la segunda república sandinista.Hay sectores que tienen expectativas diferentes y creen que con la llegada de Ortega al poder las cosas se asemejarán a lo que ocurrió en los años ochenta, ¿qué piensa usted?Eso es producto del imaginario colectivo. Aquí hay que tomar en cuenta dos elementos; la generación que no vivió esa época y le cuentan lo que ocurrió, y otra población cansada de las políticas neoliberales. Existe un segmento que piensa que en el sandinismo estuvimos mejor y por eso vamos a darle confianza a Daniel Ortega para ver si ocurren situaciones parecidas. Las circunstancias históricas en que llegada Ortega al poder, además de distintas, son más difíciles para el Frente Sandinista de 2006 que tiene que buscar cómo reunificar a la familia sandinista, lo cual es difícil porque las distancias que se han creado son largas, a tal punto que una fracción del FSLN tiene su propio electorado y tiene cinco diputados distintos.La Asamblea Nacional está fuertemente dominada por las fuerzas de derecha, los sectores más conservadores de la sociedad; si mañana se toca el tema de los cohetes Sam-7 que Estados Unidos quiere eliminar por su seguridad y no por la de Nicaragua, yo no me imagino al sector disidente del FSLN votando con la derecha.

martes, 20 de marzo de 2007

Los laberintos de la Historia y la Epopeya de la Insurreccion



Por: Rafael Casanova Fuertes

Días atrás el jueves 5 de enero del presente año “la Bolsa de Noticias” dio a conocer lo libros más leídos y comentados del año 2005. Una de las obras destacadas fue la “Epopeya de la Insurrección” del Gral. Humberto Ortega Saavedra, publicada en julio del mencionado año. Hacer una valoración exhaustiva de la misma es imposible en tan pocas líneas y en tan poco tiempo, por ello vamos a puntualizar desde nuestra perspectiva, algunos elementos que consideramos validos para destacar los principales aportes de la obra.

Creemos pertinente señalar antes de todo que la historia reciente de Nicaragua se presenta a veces como una especie de laberinto en donde cada quien busca su hilo conductivo sin terminar de hilvanar salida única. Esto es mucho mas marcado cuando se abordan hechos como la insurrección sandinista y los años ochenta del gobierno del F.S.L.N. hasta ahora los trabajos sobre la historia contemporánea son principalmente testimonios de los participantes, los que llenan el vacío de la falta de un trabajo investigativo, resultado de un colectivo de historiadores profesionales.

Durante los años ochenta la reconstrucción de los hechos, se caracterizó por ser sectaria, maniquea y mesiánica, lo que conducía en muchos casos – contra la lógica- a la tergiversación de los hechos. El objetivo central de estos materiales entre los que se incluyen discursos de la dirigencia era sobreponer el papel vanguardista del F.S.L.N. a lo largo de la lucha antisomocista. Todo esto pasaba por trastocar el papel de otros actores políticos, un ejemplo de ello es ver el surgimiento y desarrollo del F.S.L.N. no como un proceso histórico, sino como producto de la genialidad de sus principales dirigentes; se manejaban y se repetían axiomas como: “el F.S.L.N. surgió de una célula marxista estudiantil fundada por Carlos Fonseca”; la célula como se sabe era parte del PSN, que es la misma organización que envió a Carlos Fonseca a la U.R.S.S en 1957.

En estos pecadillos – en lo que pesaban además de lo señalado los perjuicios – incurrieron hasta intelectuales de la talla del Dr. Sergio Ramírez Mercado cuando en “ La marca del Zorro” borró de un plumazo la trayectoria socialista del Dr. Alejandro Dávila Bolaños, lo acomodó en las filas sandinistas (léase: Ramírez 1989: 38-39) como si esto constituye un demérito.

Por supuesto que esta practica condujo a serias distorsiones y confusiones que no se median en ese momento, en que había una fuerte polarizacion y de confrontación político- ideológico. Esa visión confusa de la historia condujo a conclusiones erróneas entre la población afectada por el atraso político- cultural heredado: normales fueron las siguientes expresiones. “ No hubo ningún partido que se opusiera a Somoza solo el F.S.L.N.”; “las masas populares se organizaron espontáneamente estimulados por las acciones del F.S.L.N.”; “en Nicaragua hubo sindicatos hasta después de 1979”; “ lo de Sandino fue continuado por Fonseca y no hubo nada más”, y cuando había que aclarar a

algún curioso cuando algo no encajaba en una descripción, la respuesta del “cuadro” más inmediato era: “ La Dirección Nacional no se ha pronunciado al respecto” y el problema concluía y la confusión continuaba.

Tales definiciones en la educación política fueron también aprovechadas por los detractores del proyecto para hacer aseveraciones unilaterales tales como: “el pueblo fue el que botó a Somoza realmente y el F.S.L.N. no hizo más que aprovecharse”; “el que botó realmente fue Jimmy Carter”; el colmo es que hasta un mitómano, dirigente de un micro partido de izquierda se atribuyó el “mérito” de haber aglutinado a toda la oposición y ser el artífice de la caída del somocismo en 1979. En este estado de cosas es válido anotar la tendencia que existe en nuestra psicología social o más bien en nuestra cultura política con poca serenidad y raciocinio al momento de calificar o descalificar a determinado actor político.

En los últimos años aun cuando se dieron valiosos aportes testimoniales poco se hizo en torno a aclarar hechos que fueron convertidos en Tabúes. En estas circunstancias es que la obra de Ortega Saavedra “la Epopeya de la Insurrección” sienta las bases para romper con los esquemas antes mencionados. Esta afirmación se basa entre otros en los siguientes criterios:

Primero: es el testimonio de uno de los principales dirigentes del F.S.L.N., gestor de la insurrección que permitió la caída de Somoza en 1979, es como se dice en la ciencia histórica, un testigo directo. Aunque hubo otro dirigente sandinista que escribió “La Paciente Impaciencia” durante los años ochenta esta obra circunscribe mucho alrededor del protagonista, hace uso excesivo del estilo literario, y deja fuera entre otras cosas a muchos protagonistas.

Segundo: rebasa las concepciones sectarias, sentando un precedente sobre todo cuando proviene de un dirigente del F.S.L.N., por primera vez asumen visibilidad , agentes colectivos e individuales en la reconstrucción histórica, sin ningún termino ofensivo ni peyorativo (propio del tratamiento que le daba el F.S.L.N. a los no sandinistas); un ejemplo de ello se puede observar en el capitulo I (entre las paginas 83- 93) cuando se refiere a la acción de Rigoberto López Pérez de septiembre de 1956 la presente como la reivindicación de una amalgama de movimientos políticos, sociales, y personalidades de distintos signos ideológicos (Liberales, Sacasistas, Liberales Independientes, Conservadores, Socialistas, militares Antisomocistas, Veteranos Sandinistas, etc.) que tuvieron incidencia en la lucha contra Somoza García.

En lo adelante son extraídos del anonimato destacados representantes del movimiento revolucionario No- Sandinistas como Nicolás Arrieta, Jorge Galo , Abdul Sirker, integrantes polémicos y controversiales del F.S.L.N. como Noel Guerrero Santiago, Fausto Amador Arrieta, Rodolfo Romero y Efraín Sánchez Sancho son sin prejuicio alguno incluidos en las filas sandinistas. Es muy interesante tratamiento que le da al dirigente y mártir opositor Pedro Joaquín Chamorro; al ser presentado tal como es, no es trascendente su origen de clase, ni su propuesta política sino que lo más importante, su posición de inclaudicable opositor y sus aportes -que caminan paralelo a la lucha del F.S.L.N.- para lograr el fin de la dictadura.

Tercero. Rompe con las concepciones mesiánicas, propias de la literatura histórica de los años ochenta. Los mártires, héroes, y fundadores del F.S.L.N. ya no son los divinizados y predestinados a cumplir una misión. Los protagonistas aparecen a lo largo de toda la narrativa como personas de carne hueso y parte de un proceso histórico que tienen sus posiciones político –ideológicas diferentes en el proceso que lleva a la fundación y desarrollo del F.S.L.N., un proceso que viene madurando en la medida en que evolucionan ideológicamente los individuos que conforman esta organización. Ejemplo en el capitulo III p.193 se plantean sin ambages las diferencias y contradicciones entre dirigentes como Oscar Turcios y Carlos Fonseca.

Cuarto: podemos destacar que es una versión integral y objetiva de la historia. Hay un esfuerzo notable del autor por abarcar los distintos aspectos que bordean la lucha política en la que se involucra personalmente. Los hechos económicos, políticos, la ideología, el arte, y la cultura; artistas, poetas, escritores, la iglesia, etc, todos estos elementos se insertan e interrelacionan con las luchas políticas y militares. La lucha interna y su vinculación a la coyuntura internacional, una gota en la historia del Laberinto –tal a como lo refleja su propuesta – eso es nicaragua y al final vemos como enuncia su propuesta política : los actores políticos en la Nicaragua actual deben de moverse hacia el centro, es decir, al centrismo, lo que debe de conducir a las distintas fuerzas políticas y sociales del país hacia un proyecto de nacion una salida donde tenga participación tanto la mayorías como el capital según el esta no es una teoría sino una salida pragmática que requiere el país para lograr su desarrollo.

Finalmente por aquello de que todo cuanto se construye no es perfecto vamos a señalar algunas imprecisiones y limitantes que valdría la pena ser tomado en cuenta en una segunda edición:

Primero: en algunos casos se carece de un hilo conductor que ubique el ingreso y final de algunos militantes como el caso de Francisco fuertes (p.186) “quien pasa a una clandestinidad cerrada en 1967”, y no aparece ni antes, ni después. En este caso se podría agregar: militante desde los tiempos de J.P.N.

Segundo: hay imprecisiones como el caso de la salida de Efraín Sánchez Sancho del F.S.L.N. y las divisiones del partido Socialista Nicaragüense: (la de 1967 y la de 1977). En el primer caso se produjo una división que terminó finalmente con el mantenimiento del P.S.N. como tal y una fracción que posteriormente en 1970 se convirtió en un micro partido: el partido Comunista de Nicaragua (P.C. de N.), y en la segunda si hubo una división exacta pero hay confusión (ver p.) cuando se hacen alineamientos de los dirigentes de ambas fracciones se les ubican erróneamente en el bando equivocado.

Tercero: aunque señalamos que hay un lenguaje muy cuidadoso y respetuoso, hay afirmaciones que además de sembrar confusiones no están apegadas a la verdad histórica; ejemplo. Cuando se refiere a Amada Pineda ésta no solo era una “señora respetada” sino también organizadora del Frente Femenino del Partido Socialista (de la zona) del cual ella era militante (p.258); con respecto a Catalino Flores se hace referencia a


“acciones vandálicas” a su iniciativa de romper hostilidades contra la Guardia Nacional; lo que comenzó con una exitosa emboscada contra la Guardia y terminó con el secuestro del terrateniente Blandòn.

En concordancia con ese tiempo histórico. Sus acciones fueron contra el sistema imperante, por tanto no son vandálicas. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Nicaragua F.A.R.N. fueron el brazo armado del P.S.N. y sus principales gestores fueron Abdul Sirker, Nicolás “El Coto” Arrieta a este esfuerzo se sumó Jacinto Baca Jerez y otros militantes sandinistas (p.170); la insurrección de Monimbó fue espontánea pero los primeros en tratar de darle cohesión y formar los comités fueron los dirigentes juveniles socialistas de Monimbó y Masaya, Julio Gómez Cano y Martín Cesar, este ultimo fuel el que a través de su conversación con Camilo Ortega lo reconoce como revolucionario con lo que se evita que sea linchado por los moninboseños (p.338-340); Emiliano Chamorro falleció en 1966 y no en 1975, es decir que tenia once años de muerto y no dos años (como se asegura en la p.305) en 1977.

Cuarto: hay hechos que por su relevancia no debieron ser omitidos, tales como “Las huelgas obreras de 1973, 1974, y 1975” ; la beligerancia del movimiento estudiantil; las conversaciones Ortega Saavedra –Sánchez Sancho en la Habana en 1975; los acuerdos FER- JSN de 1976. Por supuesto que ninguna de estas limitantes que señalamos afectan en lo absoluto la naturaleza de la obra, que constituye en si, misma un singular aporte para la historia contemporánea de Nicaragua. Digno de ser utilizado como referencia en la Educación Superior y de hecho se convierte en consulta obligatoria para cualquier interesado en esta temática