jueves, 17 de febrero de 2011

Los conflictos con Costa Rica. A Nicaragua la favorecen el Derecho y la Historia (1824-1888).

Por: Rafael Casanova Fuertes*



Introducción.

Desde su existencia como nación independiente el territorio de Nicaragua ha sido objeto de impunes despojos por parte de sus vecinos, un proceso en el que han intervenido diversos factores, entre los que no se puede ignorar el arribismo inescrupuloso de los vecinos, conjugado con quienes desde la perspectiva del poder, no utilizaron los debidos mecanismos para defender la soberanía nacional. De este modo se perdió el Guanacaste en 1825-1858; San Andrés y Providencia, en 1928; y el Territorio en Litigio, en 1960. En este caso, haremos algunas puntualizaciones básicas referentes a los orígenes y evolución del conflicto con Costa Rica, que continúa sin resolverse de forma definitiva.

La oportunidad de Costa Rica.

En 1823, a dos años de la independencia en medio de la conocida guerra civil, entre ordoñistas y sacasistas, un representante del Gobierno costarricense se entrevistó con un delegado de la facción sacasista en León, para solicitarle la cesión de los antiguos partidos de Nicoya y Guanacaste a Costa Rica. La respuesta del representante del sacasismo, fue que lo decidiera el Congreso Federal de C. A.. Este frágil argumento fue mas que suficiente, para que Costa Rica, aliada a una minoría de nicoyanos y resentidos nicaragüenses (Perez, Jerónimo. Obras 1975. 501-502), sin tomar en cuenta la fuerte oposición de la mayoría de los nicoyanos, lograra que el Congreso Federal Centroamericano de diciembre de 1825, reunido en Guatemala, le adjudicara con carácter temporal las poblaciones de Nicoya, Guanacaste y Santa Cruz, ubicadas en lo que se llamaría El Guanacaste.

En los años subsiguientes, fue evidente el interés de Costa Rica por darle carácter definitivo a esta adjudicación temporal del inestable Congreso Federal. Existe toda una documentación que revela primero los reclamos de los gobiernos de Nicaragua desde 1825, para que se reintegraran los mencionados territorios al Estado. Segundo las evasivas de Costa Rica, alegando la decisión del Congreso Federal. Las quejas y protestas de los vecinos de estas poblaciones, por el maltrato y arbitrariedades de que eran objeto por parte de las autoridades costarricenses. Estos recurrían constantemente a las autoridades nicaragüenses, en solicitud de apoyo, obteniendo protestas moderadas por parte de estas al gobierno de Costa Rica, como la carta enviada por el Ministro de Estado José Miguel de la Quadra al Gbno. de Costa Rica con fecha el 19 de junio de 1826:

No cesan las quejas de los vecinos de Santa Cruz y Guanacaste, por insultos que sufren solo por haber manifestado adhesión a este Estado, (…) y como mi gobierno no puede intervenir en ello, me previene me dirija a usted con recomendación de que excite al suyo para que se aplique en el particular el conveniente remedio. (Álvarez L ejarza, 2001.P. 19-20).

Por fin Nicoya reacciona. Costa Rica a la carga, Nicaragua a la calma

El estado de animosidad de los vecinos nicoyanos, guanacastecos subió de tono a lo largo de 1826 y en agosto de este año, enviaron sendas cartas al Congreso Federal solicitando la revocación del decreto de 1825, insistiendo que los anexionistas eran una minoría de nicoyanos con fines eminentemente particulares. Exasperados y sin respuestas, los nicoyanos recurrieron a solicitar el auxilio de los vecinos de la Villa de Nicaragua (Rivas). Estos, respondieron, a lo inmediato preparándose con las armas para hacer respetar por la fuerza los derechos de los nicoyanos, quienes a su vez s aprestaron para rebelarse. Al tener conocimiento de esta situación, en fecha 3 de septiembre, Costa Rica protestó ante el Gobierno de Nicaragua, expresando que tenían conocimiento de “que las autoridades de la Villa de Nicaragua, han ofrecido auxilios militares a los pueblos (…) del Partido de Nicoya, para que por las fuerza hagan valer sus opiniones de agregación a Nicaragua y segregación de Costa Rica”. (Álvarez Lejarza, 2001.P21).

Quienes acusan hasta hoy, del grado de belicosidad que se le ha atribuido a los nicaragüenses, se irían de espaldas con la postura asumida en aquella situación. Si en los meses anteriores no respondieron con energía, ante las denuncias de los nicoyanos. En este caso apegadas a una legalidad absurda, las autoridades nicaragüenses, respondieron para satisfacer a Costa Rica, que no se podía “obrar hostilmente por un asunto, cuya resolución pende del Congreso Federal de la nación… el 1 de octubre (de ese año) Por tanto jamás surtirán efecto los criminales designios del vecindario de Nicaragua (Rivas) quien en fuerza de las dichas providencias entrará desde luego en sus deberes.” (Álvarez Lejarza, 2001.P22).

Pero ¿como respondió Costa Rica, ante la ponderada respuesta y medidas de Nicaragua, para contener a nicoyanos y rivenses? dejemos que sea una misma autoridad de la Villa de Santa Cruz, quien nos de las evidencias de la conducta de las autoridades de Costa Rica. Cuartel General de Santa Cruz Nicoya, Septiembre de 1826.Por esta mi orden comparecerán todos los vecinos de Santa Cruz (digo los que hubieren jurado a este pueblo el diez y seis de este) a celebrar la jura el diez y siete, prometiendo a los que así lo hicieren verlos como vecinos obedientes, y los que no, pasar con las bayonetas a esta costa, embargar sus bienes, quemar sus casas y traer sus familias a morar a este pueblo.

F (Pedro Zamora) (Álvarez Lejarza, 2001.P.22-23)

En otras palabras, los disidentes corrían el riesgo de ser asesinados, despojado de sus bienes, quemadas sus viviendas, o sus familias retenidas en condición de rehenes de las autoridades costarricenses. Mientras tanto la situación siguió sin resolverse, el Congreso Federal, no se reunió ni resolvió nada. Nicaragua siguió haciendo sus reclamos de forma moderada, como la solicitud ignorada de 1830.(Perez Zeledón 1887, p.48). Los costarricenses continuaron política, combinada de sus coerciones y halagos sobre la población agregada. En marzo de 1835 por medio de una reforma le dieron categoría de Departamento, con el nombre de Guanacaste, le integraron los poblados de Bagaces y Cañas (Perez Z. 2001.P.118-119); en 1836 el título de ciudad a la cabecera. Medidas que iban acompasadas de halagos a los habitantes, no exentas de presiones y amenazas, a los funcionarios, se les instruía a ser implacables “castigando a los contraventores de las leyes” (doc. cit Perez Z. 2001.P.122-123. Hay documentos como el citado que insisten en la… desmoralización de estos territorios; bien por la falta de energía de las autoridades locales; bien por el no cumplimiento de las leyes y providencias superiores; y por la insubordinación que inculcan muchos emigrados del Estado de Nicaragua.(Doc.cit.Perez Zeledón 1887, p.115).

En 1838, una delegación tica con el pretexto de la unidad contra la amenaza de Morazán, convenció a los Diputados a la Constituyente de ese año de no incluir como, parte del territorio de Nicaragua al Guanacaste en la nueva Constitución. Tres años después en1841, aprovechando la presión inglesa sobre Nicaragua, el Jefe de Estado Braulio Carrillo, proclamó en la Reforma política llamada: Bases y Garantías, la pertenencia de Guanacaste a Costa Rica. El Artículo 2º de esta ley reza de esta manera:

El territorio del Estado se comprende entre los siguientes límites. Por el Oeste, el río de la Flor, continuando su línea por el litoral del lago de Nicaragua y río San Juan hasta el desagüe de este en el mar Atlántico; Por el Norte el mismo mar desde la desembocadura del río San Juan, hasta el Escudo de Veragua; Por el Sur desde este río siguiendo la costa del mar Pacífico hasta el río de la Flor.” (doc. Cit. por: Perez Z., 1887.p.130).

El episodio de Morazán en 1842 y las debilidades del Estado Nicaragüense

En las fuentes revisadas no se localiza en lo absoluto una nota de protesta de Nicaragua contra el Estado de Costa Rica, a lo largo de 1841. No es sino hasta que se produjo el desembarco de Morazán en Costa Rica, en abril de 1842 y su inmediata alianza con los círculos de poder en Costa Rica, en que la Cámara Legislativa de Nicaragua, autorizó en el mes de mayo al Ejecutivo a proceder por la fuerza para recuperar el territorio. Nicaragua reclamaba que la que concesión hecha a Costa Rica en su Constitución de 1838, se basaba en una alianza anti morazanista y que esta había perdido vigencia al aliarse Costa Rica con el supuesto enemigo común de ambos países. (Álvarez Lejarza, 2001.P.29-30).. Las élites costarricenses mas avispadas, aprovecharon los errores políticos de Morazán para desplazarlo y eliminarlo físicamente, impidiendo con ello, la perspectiva de una alianza centroamericana en su contra, que tuviera como líder a Nicaragua, lo que le hubiera permitido recuperar a este país el Guanacaste.

Los gobernantes nicaragüenses, por su parte, demostraron su inconsistencia al no continuar presionando por la vía militar a Costa Rica para cumplir con el mandato constitucional y obligarla a negociar una solución definitiva del conflicto. Por el contrario, tornaron a dar la espalda de nuevo a la Frontera Sur. Se limitaron a enviar una misión diplomática a resolverlo. El delegado especial fue Don Toribio Tigerino (pariente ascendiente del actual Ministro de seguridad costarricense José María Tijerino).

La misión de Tijerino en 1843 y los violentes pacifiticos.

No había pisado tierra tica Don Toribio, cuando las autoridades costarricenses, apropiadas del entusiasmo abierto que ocasionó esta noticia en los guanacastecos, quienes a 16 años de ocurrida la anexión, no habían perdido las esperanzas de retornar al terruño original, tomaron una medida que -como dice el escritor Miguel A. Álvarez- asustaría al mismo Dracón. Un decreto del 24 de diciembre de 1842 firmado por el mismo Jefe de Estado José Mª Alfaro y su Mtro. Gral. José Mª Castro que rezaba de esta manera: “que todo el que en cualquier punto del Estado, a presencia de tropas o de gente reunida con armas o sin ellas levantase la voz desconociendo al gobierno o alguna otra autoridad legítima (…) queda ipso facto fuera de la ley (…) en consecuencia, cualquiera puede quitarle la vida, y el que lo verifique será gratificado con quinientos pesos que se le pagarán del tesoro público (…) se le daría empleo a juicio del e gobierno. (Álvarez Lejarza, 2001.P.33-34).

Pero para estar más seguros de cómo convertir a cualquier ciudadano en un frío asesino -con tal de acallar o prevenir cualquier mínimo intento de protesta- y de malhechor en bienhechor, tras cometido el crimen de un nicoyano. Véase lo que dice el Art.3 de este mismo decreto “Declarar benemérito, además un premio de cinco mil pesos al que de muerte al individuo que por golpe de sedición se apodere del mando supremo”. (Álvarez Lejarza, 2001.P.34).

El gobierno de Nicaragua de entonces, liderado de hecho, por el militar leonés Casto Fonseca, no protestó contra los excesos de sus vecinos ticos, además de aumentar la coerción contra sus rivales granadino-orientales, se preparó en una aventura bélica contra El Salvador y Honduras. Esto tuvo como consecuencia la desastrosa Guerra de Malespín entre los años de 1844 y 1845, que tuvo como escenario la ciudad de León. Este hecho demostraba epicentro de las relaciones de Nicaragua, estaba con los estados vecinos del Norte, como en los tiempos de la Colonia. La capital del Estado, León, uno de los principales centros de poder, estaba mucho más cerca de Honduras y El Salvador. Razón por la cual todos los conflictos interestatales -que por supuesto involucraban a Guatemala- tenían serias resonancias en Nicaragua.

La Frustrada misión de Tijerino y los tratados de Masaya en 1846.

En los primeros días de enero de 1843, llegó Don Toribio Tijerino a San José, recibido en medio de una actitud fría de los funcionarios ticos, no obtuvo mas respuesta, que el viejo ardid de Costa Rica: una propuesta de Confederación con Nicaragua; Guanacaste había sido depositado por el Congreso Federal a Costa Rica; que la solución del problema se contemplara en a nivel de las asambleas legislativas de ambos países. El intercambio de notas entre ambos gobiernos, se dejó entrever la vieja urdidumbre de Costa Rica, ganar tiempo, para ganar a la larga, el diferendo. (Álvarez Lejarza, 2001.P.34-35).La falacia de unidad con Nicaragua la dejó totalmente en entredicha un fragmento del diálogo entre el encargado de negocios norteamericano William Carey Jones en C. R. y el político costarricense Juan Rafael Mora. Cuando este le preguntó de que si en verdad iba a realizarse la unidad entre Nicaragua y Costa Rica Mora le respondió “que el carácter turbulento de los habitantes de Nicaragua y la condición de ser propensos a las guerras civiles en contraste con las disposiciones generales, de orden y sumisión a las autoridades costarricenses, hacía imposible esa unión” (Álvarez Lejarza, 2001.P36)

Finalizada la Guerra de Malespín el Gobierno de Costa Rica, en 1846 envió sus delegados para entenderse con el nuevo Gobierno, este puesto sobre aviso, nombró como delegados a los señores Laureano Pineda y Juan José Zavala, doctores en derecho y conocedores a fondo del problema. Es válido acotar aquí que el primero era originario de Rivas, muy cercano a las familias afectadas del Guanacaste. En la reunión, no exenta de incidentes ante la tenacidad de los costarricenses, con la devolución de Nicoya. Nicaragua llegó incluso a amenazar con recurrir a la guerra. Por fin se firmaron los tres tratados propuestos por Costa Rica. Que en general se sintetizaban en los siguientes puntos: 1- en caso de agresión inglesa, Costa Rica apoyaría a Nicaragua; el establecimiento de un Gobierno Federal. 2- regular la navegación del río san Juan Costa Rica, podría trasladar sus mercaderías a través del río de conformidad con las regulaciones que podría establecer Nicaragua, CR podría establecer una aduana en San Alfonso, 25 a 30 millas al sur de la confluencia con el San Juan. 3- Derechos de Nicaragua sobre el río San Juan y 25 millas al sur entre las fronteras del río Salto y el Atlántico. Someter a un arbitraje las fronteras de Guanacaste y Nicoya, con árbitros centroamericanos.. Ante la no definición de las fronteras en la parte Sur del San Juan, se propuso que la línea fronteriza debería establecer partiendo de punto medio de los puntos que habían servido de referencia durante la administración Colonial. Esto es un punto medio entre Matina por Costa Rica y San Juan del Norte por Nicaragua. (Álvarez Lejarza, 2001.P.39-42).

La asamblea legislativa de Nicaragua ratificó estos tratados, pero la de Costa Rica. El intercambio de correspondencia, revela la ansiedad de Nicaragua por resolver el problema de forma definitiva con Costa Rica, dado el peso cada vez mayor que tenían las contradicciones con Gran Bretaña. Costa Rica ni asistió a la dieta de Nacaome, y respondió con evasivas prolongando el arreglo definitivo del Guanacaste y el San Juan. (Gamez1975.P.426-427) en la práctica estaban claro del peso de las contradicciones británico –nicaragüense por el territorio de la Mosquitia. Ellos tenían otros planes en perspectiva estratégica.

Gran Bretaña en escena. EL avance hacia el Lago y el San Juan.

Costa Rica desde la década de 1820 había incursionado exitosamente en la producción de café, favorecida por la estabilidad política, con menos habitantes y sin los problemas de los vecinos del Norte, hacia 1840 había alcanzado un auge económico, con en el crecimiento de las exportaciones de café hacia los mercados europeos. Sin embargo uno de sus mayores problemas era que las salidas de sus productos las realizaba por el Pacífico, lo que les resultaba muy costoso. De allí que las medidas de 1841, de considerar a Guanacaste, como parte integral de su territorio tenga como objetivo principal su acercamiento (y apropiación del) al Gran Lago y el Río San Juan. Este último, teniendo una salida por el puerto de San Juan del Norte, era la ansiada vía para sacar las cargas de café por el Océano Atlántico.

En esta última dirección deberían de contar con un aliado poderoso con fuerte contradicciones con Nicaragua. Gran Bretaña, desde el siglo XVII había patrocinado el establecimiento de la llamada “Monarquía Misquita” en el litoral Atlántico. Ahora en el siglo XIX, en nombre de del Rey Mosco los ingleses, reclamaban como parte de la Mosquitia el Puerto de San Juan del Norte y en 1848 procedieron a ocuparlo militarmente avanzaron por el río hasta El Castillo. Esto dio como resultado en marzo de este año el tratado de la Isla de Cuba, en Granada, entre Inglaterra y Nicaragua. Costa Rica expresó públicamente su agrado por este hecho, la prensa oficial en San José exaltó “Las ventajas inmediatas que derivaría Costa Rica de la ocupación de San Juan por un gobierno ilustrado”, todo esto se da en medio de la visita oficial W. D. Christie, nombrado por la reina Victoria cónsul inglés ante la Mosquitia. Los mosquitos a instancia de Inglaterra ya no extienden su reclamo a todo el litoral Atlántico costarricense hasta el Escudo de Veragua, como lo habían hecho históricamente. Esto fue posible gracias a un tratado entre el gobierno de Costa Rica y el Cónsul General inglés para Centroamérica, en donde además de reconocer su calidad de estado independiente, Inglaterra le “reconoce sus derechos sobre el San Juan”. (Bolaños G., 2000. P.14) En 1849, el diplomático costarricense Felipe Molina se niega a ayudar a Francisco Castellón en Londres en sus reclamos sobre la Mosquitia, porque como él mismo lo explicará años después ¿habrá persona con dos dedos de frente, que conociendo los antecedentes del litigio del Guanacaste, espere que el representante de Costa Rica secunde los reclamos de Nicaragua acerca de la Mosquitia?. (Bolaños G.2000.P.15).

Por estos años se incrementó la preocupación de las grandes potencias por construir un canal interoceánico y Nicaragua ocupaba una geografía estratégica y privilegiada, por los potenciales accesos del Río San Juan y el Gran Lago entre el Atlántico y el Pacífico. De allí en creciente interés de Inglaterra, por controlar la vía del San Juan, por supuesto que los costarricenses no podían quedarse atrás y trataron de sacar provecho de esta situación. Nicaragua, también despertó el interés de los Estados Unidos, cuyo poderío venía en creciente. Entre 1849 y 1850 estuvo en el país, el célebre diplomático norteamericano E. G. Squier, el descubrimiento de oro en California, acrecentó el interés por la comunicación interoceánica. En agosto de 1849, el Gobierno de Nicaragua realizó un tratado con una compañía privada norteamericana, cuyo principal socio era el comodoro Vanderbilt. En esencia consistió en el derecho por parte de la compañía a construir un canal a través del territorio y la navegación por medio de vapores por el río y el lago. (Gamez1975.P.484-493) El funcionamiento de esta compañía entre 1850 y 1868, trasladando viajeros de la costa Este hacia la costa Oeste Norteamericana, implicó que a esta parte de la geografía nicaragüense se le denominara la Vía del Tránsito.

Costa Rica en estas circunstancias no descansó en sus maniobras alegando sus derechos sobre el Gran Lago y el Río. J. T. de Marcoleta, ministro de Nicaragua en Washington logró en 1852, develar una patraña, cuando al conocer el texto del tratado Crampton –Webster, y envió una protesta al Secretario de Estado norteamericano, Daniel Webster. Los contenidos básicos este tratado, eran los siguientes: Inglaterra y EE.UU. reconocían la soberanía de Costa Rica sobre Guanacaste y el derecho de navegar por el Gran Lago y el San Juan; el derecho del rey Mosco, de un tercio de Nicaragua que ya ocupaba ilegalmente; garantías totales para la Compañía del Tránsito; derechos de soberanía total de los norteamericanos en San Juan del Norte; respetar las concesiones del soberano mosco a los ingleses y reconocimiento del Protectorado Mosquito por parte de los ingleses. Al tomarse estos acuerdos no hubo presencia de una representación de Nicaragua, (el dueño del territorio) se vio a este país tan solo como socio de Costa Rica.

Los preparativos de Guerra de 1849-1854., ¿contra quién?

Mucho se ha hablado de los aportes sustanciales que realizó Costa Rica durante la Guerra Nacional, para que Nicaragua se librara de la amenaza de Walker, pero en las historias convencionales, no se reflejan los antecedentes inmediatos de este suceso.. Esto no niega en lo absoluto el respeto que se merecen los miles de pobladores y soldados costarricenses que participaron y dieron su vida para librar a Nicaragua de la amenaza filibustera. Porque-desde antes de Walker- los círculos de poder, maquinaban, -para aprovechar el estado de conflictos en Nicaragua, y ocupar por la fuerza la potencial ruta canalera: el Gran Lago y el San Juan.

En septiembre de 1848, durante la Administración de Don José Guerrero, Nicaragua reclamó al enviado especial Don Felipe Molina, entre otras cosas la falta de ratificación de Costa Rica de los tratados de 1846; el uso indebido del Sarapiquí y el San Juan; la retención ilegal del Guanacaste; contra la intervención extranjera (de Inglaterra) que proponía la desmembración del territorio a favor de Costa Rica. (Gámez, 1975.P.426-428) Molina salió trasquilado, porque su conducta inicial fue, la de desentenderse de los tratado de 1846 y proponer una compensación pecuniaria, a cambio de que Nicaragua cediera una línea fronteriza siguiendo en dirección del río La Flor en el Pacífico, hasta la desembocadura del San Juan.

Tras el fracaso de estas pláticas Nicaragua tuvo conocimiento de una misión de este diplomático en Londres, para solicitar apoyo a Inglaterra, y dos meses después de la misma llegaron noticias de que Costa Rica, se preparaba para la guerra. Hubo evidencias de la compra de mil fusiles en Puntarenas destinados a Nicaragua; del apostamiento de partidas de tropas en la frontera; y el avituallamiento embarcaciones armadas. Según el historiador Gámez”: “las cosas, solamente allí llegaron”. (Gámez, 1975.P.434-435).

Pero las cosas no llegaron hasta allí, Costa Rica se percató de que ya la posición de Nicaragua, no era la misma de los años anteriores, en verdad ya le había prestado atención a la parte Meridional y Oriental de su territorio. Entonces procedieron a prepararse para garantizar por la fuerza lo que ya ellos consideraban como, propio (Guanacaste) y lograr su expansión hacia el Gran Lago y el San Juan. Desde 1849 por ley todos los varones entre 15 y 60 años están obligados a prestar servicio militar, por tanto cuentan en sus filas activas con 5.000 milicianos, cuentan con cuerpos de caballería y artillería , su armamento era el mejor y mas moderno de Centroamérica. Entre 1852 y 1854 se completó la dotación de los modernos fusiles “Minié” para las tropas generales, además, se incluyeron modernas piezas de artillería con grandes cantidades de municiones y pólvora (Bolaños G, 2000.P.20-21).

En este mismo año, el Estado Costarricense, -representado por Juan Rafael Mora- en una posición de fuerza, primero: rechaza la propuesta de arreglo que le hace el delegado del mandatario legitimista nicaragüense Fruto Chamorro. Quien propone resolver el problema de Guanacaste por medio de una venta de Nicaragua a Costa Rica, por valor de 500.000 pesos, pero además otorgar la libre navegación de Costa Rica por el Sarapiquí y el San Juan, pero que la frontera deberá trazarse varias leguas al Sur paralelo al Lago y el San Juan en toda la línea fronteriza. Costa Rica contrapone que no va a comprar lo que es suyo; segundo que su límite fronterizo va sobre el río La Flor y la ribera del Lago, hasta la salida del San Juan en el Atlántico. (Bolaños G, 2000.P.21-22).

Segundo: Mora va entrevistarse con el líder opositor Buenaventura Selva a Guanacaste, para informarle que en caso de revolución en Nicaragua su gobierno no apoyaría al gobierno de Chamorro, con quien se han roto las relaciones. Selva quien días antes había prometido a Mora, ceder Guanacaste a cambio de su neutralidad, corrió a informarles a los emigrados residentes en Honduras de esta situación, para solicitar los auxilios que necesitaban del General Cabañas e invadir Nicaragua por Occidente. (Gámez, 1975.P.709-710; Bolaños G, 2000.P.24-25). Esto --como lo había calculado Mora- dio paso a una nueva y sangrienta guerra civil en Nicaragua.

Después, todo era dejar que los acontecimientos transcurrieran, porque el estado de guerra civil, iba a dejar debilitado a Nicaragua y a las facciones. La facción vencedora de la contienda,(tanto los democráticos, comprometidos a hacer concesiones a C.R., así como los legitimistas opuestos a la concesión total) tendría que negociar en una posición de debilidad, siempre a favor de Costa Rica, de lo contrario tendría que enfrentarse a una nación fortalecida, con condiciones de derrotarla militarmente.

William Walker: el villano oportuno.

Mientras la guerra continúa en Nicaragua, en 1855 el Estado toma medidas de apropiación. Se construyen caminos de penetración hacia poblados adyacentes al Gran Lago y los ríos; plantan una bandera en una isla del río San Juan. Están impacientes por guerrear contra Nicaragua, esta posibilidad se presentó cuando en junio de 1855, tropas legitimistas capturaron en Guanacaste a 8 democráticos leoneses. Las autoridades a través de los medios de prensa avivan el odio de la población contra los nicaragüenses que “violaron la soberanía costarricense en Guanacaste”. El Gobierno de Mora reclamó enérgicamente al Gobierno legitimista. Una carta citada en junio de 1855 citada por Bolaños G. dice entre sus partes lo siguiente: Si Nicaragua no accede, al instante enviaremos 1.500 hombres a que marchen a Granada y dicten nuestros términos (…) Hoy tenemos 5.000 hombres a las treinta horas del aviso,(…) con armas nuevas, mejor entrenados artillería y cañones nuevos, 500 rifles nuevos, etc. – en verdad, deseamos ansiosos la guerra y creemos que ya llegó la hora. (Bolaños G, 2000.P.24).

El filibustero Walker, en este momento, no representa ningún peligro, por el contrario distrae al gobierno de Granada de los objetivos de Costa Rica, es un aliado oportuno. En tanto, aceptan las explicaciones del gobierno granadino. No es el momento de ir a la guerra. Pero esta posición cambia cuando el filibustero se fortaleció, sobre todo, con la toma de Granada en octubre de 1855 porque no era mismo negociar con un gobierno nicaragüense debilitado, que con un filibustero fortalecido después de la toma de Granada a fines de 1855. El filibustero tiene intereses extrarregionales e interesado, -como el Estado costarricense- en la línea del Tránsito.

En noviembre de este mismo año se dio la proclama patriótica de Juan Rafael Mora, refiriéndose a la amenaza de Walker a Costa. Rica pero no declara la guerra al filibustero, sino hasta la finalización de los cortes de café en febrero del año siguiente. Organiza un ejército de 9.000 hombres. Es interesante el contenido de la segunda proclama…marchemos a Nicaragua a destruir esa falange impía…no vamos a lidiar por un pedazo de tierra…no vamos a luchar por redimir a nuestros hermanos de la mas inicua tiranía.(Bolaños G, 2000.P.26). Estos fueron los principales argumentos que utilizó Mora para convencer y lograr participación del pueblo costarricense en la Guerra Nacional, junto a los demás estados centroamericanos. Lo que permitió la derrota del total filibustero en Nicaragua. Salvo que tras la fachada de conjurar la amenaza de Walker, la alta beligerancia de Costa Rica tuvo como principal objetivo, cobrar con creces, los costos invertidos en la “Campaña patriótica”.

El tratado Cañas –Jerez de abril de 1858.

Costa Rica aprovecha ventajosamente la guerra contra Walker, para afianzar su dominio sobre Guanacaste (en tanto su movimiento de ocupación terminó por anular los intentos anti-anexionistas de los pobladores nicoyanos) y para ampliar su conquista sobre el río San Juan y el Gran Lago, entre diciembre de 1856 y febrero de 1857. En este afán concertaron una alianza con el Comodoro Vanderbilt, interesado personalmente en arruinar a sus ex socios de la Compañía Accesoria del Tránsito, aliados de Walker. Este personaje fue quien le facilitó al gobierno tico: armas y guías para ocupar los principales puestos militares; una gran cantidad de dinero para comprar las deserciones filibusteras. (Bolaños Geyer, 1999. P.145-151).

Lograda la rendición y derrota total de Walker en mayo de 1857, los cálculos de Mora y la élite costarricense fueron de que las facciones partidistas nicaragüenses iban a entrar en guerra y ellos aprovecharían para pasar a controlar toda la Ruta del Tránsito desde San Carlos a San Juan del Norte, sus puestos principales y los transportes. Uno de sus principales cuadros militares el Gral. José Mª Cañas se quedó en Nicaragua realizando gestiones a favor de este objetivo, este logró con suma facilidad al convencer a Martínez y Jerez de que las tropas costarricenses iban a impedir por este puntos una nueva amenaza de Walker.

Aunque Jerez y Martínez, los caudillos de las facciones concertaron un acuerdo de gobernabilidad, Costa Rica continuó adelante con sus planes. Había salido fortalecida de la guerra, su ejército fue el de mayor tamaño y mejor armado de Centroamérica ( entre 5.000 o 9.000 hombres) a pesar de tener de ser la porción geográfica más pequeña de C.A. y con menos habitantes. Esto le permitió jugar un rol beligerante por encima de sus vecinos en la victoria sobre las huestes filibusteras. Era el momento de reclamar el premio.

En la política costarricense fueron notorias Cuatro iniciativas, aprovechando la debilidad del Estado Nicaragüense. Primera: intento de segregar una parte del territorio nicaragüense a favor de construir un artificio de Estado en la línea del Transito, que en el futuro pudiera agregarse a Costa Rica Segunda: ampliar el sentimiento anexionista hacia otros departamentos cercanos a la vía. (Tercera: concertar un ventajoso tratado con el Estado Nicaragüense para lograr la concesión definitiva de Guanacaste y el control o en última instancia el control parcial del Gran Lago y el Río San Juan hasta la desembocadura. Cuarta: Aprovechar las ventajas militares para ocupar por la fuerza las mencionadas posesiones y obligar a negociar a Nicaragua.

La primera fracasó al no obtener el necesario consenso poblacional y respaldo internacional,(Alvarez,2001.p,59) la segunda se restringió a un grupo prominente de propietarios granadinos (Lanuza,1983.P.101). Pero en lo que si lograron éxito fue en la cuarta opción, lograron concertar tratados como el Juárez- Cañas, en el mes de julio, en los que Nicaragua, cedía el Guanacaste.

Mas, esta concesión de Nicaragua, basada en la emotividad del agradecimiento a su vecino por su papel en la lucha contra Walker, fue comprendida como debilidad por los costarricenses y en octubre pusieron en práctica la cuarta opción. Cañas en comunicación al gobierno nicaragüense declara que él está en Nicaragua para garantizar el cumplimiento de un tratado que Costa Rica ha realizado en junio con los señores Harris y W.R.C. Webster. Quienes van a entregar a Costa Rica 250.000 dólares a cambio de la ruta del tránsito y sus vapores. Todo esto a espaldas de Nicaragua. Entonces “no habían lidiado por un pedazo de tierra” era por la apropiación de un vasto territorio: Guanacaste, Nicoya, el Gran Lago y el San Juan. Tras reforzar las guarniciones en octubre, procedió Cañas a desalojar a las tropas nicas de las guarniciones. En decreto de 19 de octubre Nicaragua estaba en guerra con Costa Rica, argumentando su s derechos sobre Guanacaste, sus ríos, sus bosques y la Vía del Tránsito. Escasos de armas y municiones, con el arrojo que les caracterizaba los nicaragüenses se prepararon para la guerra.

Los costarricenses al darse cuenta de ello, salieron en desbandada. Pero desde San José sacaron el as de la manga, que siempre les había dado resultado: las maniobras político-diplomáticas. A fines de noviembre, Cañas es comisionado por su cuñado, el Presidente Mora para que en compañía de un señor Emiliano Cuadra de origen nicaragüense, para buscar un arreglo con Nicaragua. Estos enviaron mensajes de paz a los mandatarios Martínez –Jerez. La reunión de las delegaciones se dio en la ciudad de Rivas, y firmaron el 8 de diciembre, lo que se llamó Convenio Martínez –Cañas. En este acuerdo a pesar de la posición de fuerza que llevaba Nicaragua y los temores de los costarricenses, Martínez y Jerez acordaron mantener las concesiones del Tratado Juárez- Cañas a Costa Rica que era la cesión del Guanacaste y la prioridad a Costa Rica de proponer las demarcaciones al norte de su territorio. (Alvarez,2001.p,79 81).

Hubo un factor que incidió en la apresurada firma de este tratado, que sentó las bases del Tratado Cañas- Jerez de abril de 1858. La repentina reaparición de Walker, quien al tanto de la situación entre ambos países, aceleró sus planes de invasión y en noviembre de ese año, desembarcó con más de 600 hombres por San Juan del Norte y penetró sobre el río derrotó a la guarnición tica de El Castillo. Esto hizo que los gobernantes nicaragüenses entraran en zozobra e hicieron las concesiones que solicitaron los costarricenses. La amenaza de Walker no prosperó al ser capturado por el comodoro Pauling y enviado a los EE.UU., pero si como puede observarse claramente, obró en beneficio de los costarricenses. En abril de 1858, se celebró el tratado de límites en San José C. R. Nicaragua concedió a Costa Rica, el Departamento del Guanacaste y el derecho de navegación perpetua sobre el Río San Juan, la margen derecha del mimo río a partir de El Castillo hasta la desembocadura incluidas las islas del delta. Nicaragua conservaba por su parte la soberanía del Gran Lago y el San Juan.

Hay criterios en torno a ponderar la misión de Jerez en tanto aseguran, que aunque entregó Guanacaste, logró garantizar la soberanía del Gran Lago y el Río San Juan. Este punto de vista es tan absurdo y revela un gran desconocimiento de las raíces del problema. Por el Utis Possidetis Jure, todo lo que comprendía los antiguos partidos de Nicoya y Guanacaste pertenecían a Nicaragua hasta la 1821 y su límite se extendía hasta el río El Salto por el Pacífico y la línea recta de este río hasta el Atlántico, estaba alejada de la desembocadura del Atlántico. Haciendo alusión a estos derechos durante los tratados de 1846, los Dres. Laureano Pineda Y J. J. Zavala con la debida firmeza le replicaron al delegado tico, que “ni la historia, ni los recuerdos de la tradición señalan ningún hecho de que se pueda colegir que la autoridad del Gobernador de Cartago se estendiera mas acá de Matina hacia el Norte por una legua mas siquiera, y mucho menos para haber traído su jurisdicción hasta la orilla derecha de la Bahía de San Juan(Zavala y Pineda cit. por Bolaños, 1998. p.21).

En esencia, las demandas de los costarricenses, fueron satisfechas. Un elemento que primó fue la estrecha amistad que había existido entre Jerez y Cañas, ambos partidarios de la Unión Centroamericana, además de Cañas, el selecto grupo de delegados ticos tenía un mismo discurso engolosinar a Jerez con lo del sacrificio de la flor y nata de la juventud costarricense en la Guerra Nacional y el aporte que podría hacer él (Jerez) a la construcción de la patria grande: la Unión Centroamericana.(Álvarez,2001.p.89-92)Nuevamente Nicaragua sucumbió ante la habilidad, astucia e inescrupulosidad de la que habían hecho gala sus vecinos desde 1824,. Nicaragua perdió en este tratado a cambio de nada, solo que esta vez fue de forma definitiva, una décima parte del territorio actual. Costa Rica ganó un tercio de su territorio una fértil y estratégica extensión geográfica que le permitió acrecentar su desarrollo económico político y social.

Este tratado, dejó abierta la posibilidad de mayores expectativas a Costa Rica con una línea trazada al borde de la ruta canalera, por tanto con ciertos derechos sobre la misma y sin definiciones precisas. En 1871el presidente Vicente Cuadra, desconoció el tratado de 1858, igual postura sostuvo su sucesor Pedro Joaquín Chamorro entre 1875 y 1879, provocando, la reacción brusca del mandatario Gral. Tomás Guardia. Al no poder convencerlos por la vía diplomática, recurrió al viejo ardid de sus predecesores. Primero en 1872 invirtiendo recursos para sublevar a la oficialidad de Cuadra incluso, asesinarlo; después en 1876 utilizando al mismo general Máximo Jerez para que encabezara una rebelión contra Chamorro.

Las asonadas y complots no tuvieran resonancias de otros años en la época y ambos movimientos fracasaron. Los problemas persistieron, porque Costa Rica exigía su participación en los proyectos del canal interoceánico. Durante el Gobierno de don Evaristo Carazo, previas tensiones, no ausente de provocaciones tales como la navegación en 1886 de un buque de guerra tico sobre el río, ambos países, se sometieron a un laudo que tendría como arbitro al presidente de los EE.UU. Stephen C. Cleveland en el año de 1888.

El Laudo Cleveland y los laudos Alexander (1888-1900).

El Laudo Cleveland en 1888 y los posteriores laudos Alexander, fueron producto de una solicitud de ambos países de someter las interpretaciones del Tratado Cañas Jerez a un arbitraje internacional, ante la insistencia de Costa Rica de obtener derechos sobre el proyectado canal interoceánico por el San Juan y el Gran Lago. Estos laudos en su conjunto dieron la razón a Nicaragua sobre su soberanía total sobre el San Juan y reafirmaron el carácter netamente consultivo de Costa Rica, referente a cualquier proyecto canalero.

Los laudos Alexander (entre 1897 y 1900) en particular, fueron, una interpretación minuciosa en el terreno, definieron una serie de particularidades técnicas del mencionado Tratado. E. P. Alexander, experto ingeniero, nombrado por Cleveland para trazar la línea divisoria entre ambos países, hizo un estudio sobre los puntos de disputa que hasta hoy son objeto de agudas contradicciones. La línea divisoria la trazó del extremo Noroeste de tierra firme de Punta de Castilla “Su dirección será recta y Suroeste a través del banco de arena desde el Mar Caribe hasta llegar a la Laguna de Harbour Head (…) Al llegar a las aguas de la Laguna del Harbour Head, la línea divisoria dará la vuelta a la izquierda, o sea al Suroeste y continuará marcándose en el primer caño que encuentre(Alexander lauddo1) Esta línea según el experto llega hasta el propio río San Juan.

La interpretación actual de Costa Rica es que la línea que da vuelta sobre partes de tierra que se han encenagado a través del tiempo, ignorando el primer caño que también fue obstruido con el paso de los años. Desde el mismo año del Tratado en octubre de 1858, una tormenta inició un proceso de obstrucción casi total del río, desviándose sus aguas hacia el ramal del Colorado. En el año 2010, tras un minucioso estudio por parte de expertos Nicaragua inició el proceso de dragado en el sitio del primer caño, provocando lo que hoy está siendo discutido y decidido en el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. El mismo experto Alexander, quien estudió los cambios que se habían dado durante treinta años, y previniendo los que iban a darse en el futuro, sentenció:..el Río San Juan debe ser considerado un Río navegable ,yo por consiguiente declaro, ser la exacta línea de división entre la jurisdicción de los países, el borde de las aguas sobre la margen derecha, cuando el río se halla en estado navegable…””(Alexander laudo 3 1898 ) En sus reclamos, Costa Rica ignora la existencia de este caño argumento que puede ser refutado por los mapas anteriores al desastre de 18598 que revelan la existencia de este y otros caños cuando el caudal del río estaba en su estado normal.(Aguirre S. Managua 2002.P.90,148 y 158; Bolaños 2000p. 70-100). Es decir que a Nicaragua le favorecen el Derecho y la Historia.

Conclusiones.

1-Los grupos dominantes en el territorio, repentinamente separados de España, se abocaron a tratar de llenar el vacío de poder dejado por la corona española, empero, el predominio de sentimientos localistas, las animosidades políticas y sociales, condujeron a un estado de violencia colectiva que se inició en 1823 y se prolongó hasta el año de 1857. Las facciones volcadas en sus conflictos internos no estuvieron en capacidad ni de consolidar, ni conservar la integridad territorial del Estado, ni de atender a los habitantes de sus jurisdicciones. Por tanto fueron incapaces de contener el proceso expansivo Costa Rica, a costa de Nicaragua. La ocupación de Guanacaste les permitió a los costarricenses, acercarse a su objetivo estratégico: el Río San Juan (incluso el Gran Lago), para realizar sus transacciones comerciales.

2-Hacia la década de 1840, cuando las élites locales reaccionaron y empiezan a tratar de darle repuesta a los problemas de límites, sobre todo a partir de la administración de José León Sandoval en 1845: los problemas se habían tornado complejos en tanto Gran Bretaña empezó a presionar con mas énfasis y a realizar acciones militares, para hacer “valer los derechos del reinado Mosquito” sobre el San Juan y la vía del Canal. Mientras Costa Rica se preparó para consolidar el territorio ganado (El Guanacaste) y conquistar los bordes del Gran Lago y el San Juan hasta la desembocadura. Es decir, que nuestra incipiente diplomacia tuvo que combatir en dos frentes.

3-Costa Rica con una unidad política lograda desde los años veinte, del siglo XIX, supo moverse hábilmente, manejando un discurso unitario, pero sin comprometerse en los conflictos de la Región, lo que le permitió impulsar su desarrollo económico. Por otro lado, pudo neutralizar políticamente a Nicaragua, con ardides que le permitieron ganar tiempo, mientras estallaban los problemas internos en este país, en algunos casos hasta ayudó a incentivarlos. Desarrolló alianzas extrarregionales (con Inglaterra y aventureros de toda laya), con tal de lograr sus objetivos. En su auxilio ocurrió la repentina llegada Walker y con él la Guerra Nacional, lo que permitió negociar en 1858, en una ventajosa situación, el Tratado Cañas–Jerez frente a una Nicaragua destruida por la guerra y temerosa de una nueva invasión filibustera.

4 -Por el contrario en Nicaragua el concepto de unidad Estado Nación estuvo distorsionado en esos años, las élites vivían más apegadas a los intereses particulares y locales que a la idea defender los intereses de una colectividad o territorio nacional, esto lo pueden comprobar muchos ejemplos. En marzo de 1850, un grupo de grandes propietarios del Departamento Occidental, de apellidos Venerio, Plazaola, Cosio, Robelo y Gasteazoro, llegaron a León a solicitar ante el encargado de negocios de España, ser admitidos como súbditos del Rey de España, renunciando a su nacionalidad nicaragüense con el objeto de “quedar exentos de cargos concejiles, de contribuciones de guerra, empréstitos y toda clase de servicios en virtud del tratado celebrado entre España y Nicaragua(Gámez 1975.P.649). Pero sus oponentes Orientales no se quedaron atrás, en 1857, recién pasada la guerra patriótica contra Walker, miembros prominentes de la élite granadina solicitaron al General tico José Mª Cañas, que el Departamento Oriental, pasara a ser parte integrante del territorio de Costa Rica. (Lanuza, 1983. P.101).

5- El concepto de Estado –Nación fue una idea desarticulada, o en proceso de construcción desde 1821 a 1857. Este se va a desarrollar y generalizar, hasta después de la Guerra Nacional, y favoreció a su vez la constitución del Estado oligárquico, en 1858. No fue sino hasta 1871, en una coyuntura diferente, durante la administración de Don Vicente Cuadra, que Nicaragua desconoció el Tratado Cañas -Jerez y solicitó los conocidos arbitrajes internacionales, es decir que ya tienen definida- desde su perspectiva ideológica- una visión estratégica de nación y de proyectos también estratégicos a partir de sus posesiones territoriales. Fue esta dirección en que en 1894, además de tomarse iniciativas por parte del Estado para delimitar sus fronteras, se proceda a incorporar La Mosquitia, durante la Administración del Gral. José Santos Zelaya. Esto no excluyó en años posteriores, conductas interferentes como, los intentos de dividir la Costa Atlántica en 1909.(Zelaya 1910. p.41). o la entrega de San Andrés en 1928, en función de intereses antinacionales y de circunstancias, por parte de políticos oportunistas.

Bibliografía y Otras Fuentes Consultadas.

1-Álvarez Lejarza, Miguel: De cómo Perdimos las Provincias de Nicoya y Guanacaste.Managua AGHN. Printed. 2001.143 p.

2-Aguirre Sacasa, Francisco. Un Atlas Histórico de Nicaragua. Managua. Fundación Vida. 2002.250 p.

3-Bolaños Geyer, Alejandro. San Juan de Nicaragua. Managua, Banco Central de Nicaragua 1998(2ª edición).54 p.

4---------------------------------. Sepultado en el olvido: el cadáver de San Juan de Nicaragua. Alias San Juan del Norte. Alias Greytown (1539-1984).Masaya,(S.E.) .2000.123 p.

5----------------------------------.William Walker, El Predestinado. Managua CIRA. 1999.232 P.

6-Esgueva, Antonio. Las leyes electorales en la Historia de Nicaragua. Managua, Consejo Supremo Electoral de Nicaragua 1995. 3 tomos.

7-Gámez, José Dolores. Historia Moderna de Nicaragua. Colección Cultural banco de América. Managua 1975.776 p.

8-García Herdocia, Eduardo. Las disputas Internacionales de Nicaragua y otras Situaciones. Managua .Hispamer. 2006. 344 p.

9-Lanuza, Alberto. Economía y sociedad en la construcción del Estado en Nicaragua. ICAP. San José C.R. 1983. 280 p.

10-Madriz Fornos, Manuel. El Río San Juan, una Vía de Comercio Perpetua: la Aplicación del Régimen Jurídico de la Frontera Sur. Managua Impresiones Troqueles 2008 152 p.

11-Nicaragua. Exposición y alegato de Comisión Nicaragüense al Arbitro E. P, Alexander sobre la Cuestion de Límites entre Nicaragua y Costa Rica. Managua s.l.e.1897. 148 p. (incluye el Texto en inglés y español del laudo Alexander en 1897).

12-Pérez Zeledón, Pedro. Replica al alegato de Nicaragua. Gibson Bross, Printed and Booker under. Washington 1887.

13-Pérez, Jerónimo. Obras. Managua. Colección Cultural Banco de América.,1975. 875 p.

14 - Zelaya, JS. La Revolución de Nicaragua y los Estados Unidos. Madrid, España. 1910. Imprenta Bernardo Rodríguez.

* Historiador de la Sala de Investigadores de la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua

Imagen de la Portada: Tomada de El Nuevo Diario del 14 de febrero 2011 - www.elnuevodiario.com.ni

sábado, 11 de diciembre de 2010

Desde Rivas con Humor: Las sagas de Charreal y los Cuentos de Don Payo



Por Erick Aguirre

Decía el escritor francés Marcel Schwob que los historiadores y biógrafos suelen destacarse por ofrecernos resultados exiguos en lo que se refiere al contexto estrictamente personal de los “grandes” individuos. Y en efecto, los resultados de su trabajos suelen llenarnos de incertidumbre respecto a esa zona oscura, íntima, profunda o cotidiana de los seres o temas sobre los cuales se ocupan, y no hacen más que registrar, clasificar y revelar apenas algunos determinados momentos supeditados a las acciones generales por las cuales las vidas de esos individuos o esos acontecimientos, pasaron a ser célebres.

Como ya he señalado otras veces, esa “zona oscura” es ahora materia prima para novelistas, cuentistas y algunos biógrafos o historiadores heterodoxos empeñados en cuestionar las versiones siempre sospechosas de la llamada historia oficial. Se trata de un fenómeno que, en Hispanoamérica, principalmente desde mediados del siglo XX, ha sido objeto del trabajo contestatario de los escritores de ficción y los historiadores más heterodoxos, a quienes viene a sumarse ahora en Nicaragua el escritor e historiador Rafael Casanova Fuertes, con su hilarante y enriquecedora reconstrucción histórico-cultural de Rivas, que ha titulado “Desde Rivas con humor”.

Con cuentos como Ña Francisca Méndez y el Testamento de Judas, Ñor Agapito Chévez, La Pereira, El “Coto” Sánchez, La Pola sombrerona, o Almanzor y los caballos de fuerza, Casanova ha logrado su ferviente propósito de restaurar a la nuevas generaciones el derecho y el poder para acceder al conocimiento vívido de ese lado de la cotidianidad que, como él mismo dice, sin pretenderlo se insertó en la tradición para ser parte de la historia cultural de Rivas.

En su intento históricamente desmitificador, de alguna manera imaginativo o “ficcional”, Casanova se enfrenta en estos relatos a lo que Carlos Fuentes denomina “territorio de lo no escrito”, que siempre será, más allá de la abundancia o parquedad de la información histórica oficial, y aún de las versiones históricas alternativas, infinitamente superior a cualquier esfuerzo histórico oficial.

“Lo no dicho sobrepasa infinitamente a todo lo dicho o mal dicho en el discurso cotidiano de la información y la política”, dice Fuentes. Y en este caso, los cuentos “histórico-picarescos” de Casanova, no es que no digan o sólo sugieran, sino que dicen mucho por la forma en que lo cuentan, sobrepasando así a toda la retórica historicista y ampulosa de las efemérides provinciales, que como sabemos tiende a referir mucho, pero a decir poco. Además, en “Desde Rivas con humor” entendemos que se trata más bien de decir de otra manera lo que nunca ha dicho, o ha menospreciado, el segregacionismo referencial característico del historicismo oficial.

Muchos personajes que en la historia de la cultura oral y cotidiana de los rivenses permanecen mitificados y emblematizados gracias al afecto de la memoria colectiva, aunque no aparezcan en los discursos oficiales ni en los recordatorios solemnes de las efemérides rivenses, tienen su lugar de honor en este libro: La Chepa Meza, El “Coto” Sánchez, Socatrés, Justo Pastor Cortez, Los hijos de don Paco, Juvenal, Almanzor y Otoniel, entre tantos otros, son la materia prima viva con que Rafael ha recreado la vida cotidiana del siglo veinte en su departamento natal; “ese lado de nuestro entorno mayor: la Rivas que todos conocemos y que no debemos olvidar”.

Pero no se crea que el libro lo protagonizan solamente personajes “reales”, humanos de carne y hueso que vivieron, y algunos aún viven, en esa geografía provincial cercana al inmarcesible istmo que da nombre al departamento natal de Casanova, sino también otro tipo de “personajes” de alguna manera colectivos. El barrio La Puebla, por ejemplo, emblemático e inevitable para la historia de Rivas. En muchos de los cuentos, y en el conjunto de los relatos, vistos ya en perspectiva, como un todo, el barrio La Puebla adquiere las trazas de un personaje protagónico. Un barrio cuya población original estuvo compuesta por restos de comunidades indígenas diezmadas, así como por indios desarraigados de otras partes, mestizos, blancos pobres, mulatos y “toda la entremezcla proveniente del mundo colonial”.

A este barrio se debe --afirma Casanova-- el subtítulo de este libro: “Las sagas de Charreal”, un personaje del mismo barrio de La Puebla, un personaje con el que el autor estuvo vinculado desde los tiempos de las luchas políticas y sociales de los años 70, y que, “entre conversaciones y paladeo de tazas de cafés y abordando diversos temas”, le narró algunas de las “pasadas cómicas” de Rivas. Pasadas cómicas con las cuales Casanova pretende “aportar al conocimiento de la parte jocosa de la historia, y darle a los lectores no sólo la oportunidad de reír, sino también la de conocer o viceversa”.

Pero es principalmente a su padre, Rafael Casanova Morales, a quien el autor debe la mayor parte de los relatos, anécdotas, precisiones históricas y recreaciones de la vida rivense; vividas y atestiguadas a lo largo de mas de un siglo por varias generaciones, y que hoy conforman la sustancia y el corazón de este texto histórico literario, que hoy nos regala Casanova con el humor rivense característico. Y en este punto es interesante detenerse y subrayar cierta peculiaridad de este esfuerzo histórico-picaresco de Casanova, mezcla de rescate de leyenda popular, rescate histórico, recreación literaria de mitos populares y sistematización de la “cotidianidad histórica”, en el que, a través de la jocosidad y el humor con que casi siempre están construidos los cuentos, leyendas, tradiciones y ritos de costumbres de lo que oficialmente se llama “vulgo”, Casanova intenta insertar, con habilidad de literato, los referentes históricos, políticos y sociales ineludibles en el devenir de ese proceso cultural.

Eminentes investigadores que han tratado de interpretar la profunda vinculación de los grandes hechos históricos junto a sus secuelas sociales y económicas, con los textos literarios más importantes o “universales”, afirman que una de las estrategias más comunes para interpretar el presente es la invocación del pasado; invocación que a su vez se sostiene no sólo en los frecuentes desacuerdos respecto a lo que sucedió o lo que realmente fue ese pasado, sino también en la incertidumbre acerca de si ese pasado en realidad lo es, o si más bien constituye parte del presente, es decir, si continúa vivo quizás bajo distintas formas.

A la luz de estas ideas, y observando la intención de este libro de Casanova, probablemente nos percatemos de la vigencia de ese pasado en la tradición y en la cultura cotidiana y probablemente también nos expliquemos por qué ciertos textos de ficción, apoyados en la historia y que de alguna forma tratan de representar la vida política y cultural de nuestros entornos locales, insisten en concentrar su atención en la problemática implícita en el proceso de origen de la “verdad histórica”. El resultado es la constante confrontación con el discurso histórico oficial; lo cual nos demuestra que, en tanto se presenta como proceso escritural, la historia es inevitablemente cuestionada por estos textos narrativos que, pese a su naturaleza ficcional, se sustentan en eventos y personajes de la realidad.

“Desde Rivas con humor” es un libro que se agrega a la imberbe y aún magra tradición de la picaresca nicaragüense; o más bien de la “nueva picaresca” centroamericana. Desde la novela “En este mundo matraca”, de Franz Galich, en Centroamérica no se había escrito y publicado un libro de ficción que, siendo “serio” (porque tras la máscara de la risa se esconden las más mordaces críticas a los sistemas establecidos en nuestras sociedades y a la visión demasiado pacata, demasiado enmohinada que desde las clases medias hacia arriba se tiene de la vida y los pasatiempos de la gente sencilla de los pueblos), estuviese tan llena de inverosímiles aventuras y personajes festivos, ocurrentes, cuyos apodos son una mezcla de la vieja tradición popular latinoamericana de endilgarle a todo el mundo un sobrenombre, con la divertida y a ratos exagerada imaginación del narrador.

Así como en las aventuras de Tom Sawyer y de Huckleverry Finn el Missisipi es el personaje-marco de sus historias, o como en la novela de Galich el pueblo de Amatitlán, es el personaje principal; en “Desde Rivas con humor” el gran personaje central de todos los cuentos es la ciudad de Rivas: su cultura, sus personajes, su vida cotidiana, su entrañable e ineludible intrahistoria.

martes, 26 de octubre de 2010

El libro de Tributos de la Provincia de Nicaragua (En los años de 1662 y 1692)



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Depositados y resguardados en el área de patrimonio de la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua (BBCN) se localizan documentos inéditos y de singular importancia histórica, tal como: El Libro de tributos de la Provincia de Nicaragua en los años de 1662 y 1692, que consiste en un documento impreso de 394 folios correspondientes a 394 páginas. Es válido señalar que también existen copias del mismo en buen estado).

Fue una realización de Luis Cea Cuadra y consiste en la trascripción paleográfica del manuscrito original -que también es parte de la documentación original de la BBCN: Tasación de Tributos de los Pueblos Indígenas de la Provincia de Nicaragua entre los años de 1662 y 1692. Este último consta de 208 folios (tamaño legal). No existen datos sobre su proveniencia.

Lo localizamos en el patrimonio junto a otro documento del siglo XVIII. Su importancia reside en que es una descripción de las comunidades indígenas del territorio que en esa época se consideraba la Provincia de Nicaragua que estaba bajo el dominio español, es decir el actual Centro–Pacífico Norte, además, la actual Provincia costarricense de Guanacaste, perteneciente en esa época a la jurisdicción política de Nicaragua. Por lo tanto, están ausentes las comunidades del Atlántico que estaban bajo el control o influencia de Gran Bretaña.

Contenido del documento

El Libro de Tributos de la Provincia de Nicaragua en los años de 1662 y 1692 tiene un referente originario: según sello que aparece en sus páginas perteneció a la Biblioteca privada del señor Enrique Pichardo y fue obtenida por la BBCN en 1981. Aun cuando en su título tiene como comienzo el año de 1662, no aparece ningún acta tributaria de ese año, y se desconoce la razón por la cual da como iniciada las actas en dicha fecha; la primer acta realizada en su transcripción aparece fechada el 24 de abril de 1677 y la última en enero de 1692.

Otro elemento de aclaración es que hay vacíos producidos sin duda por la conducta inescrupulosa de quienes sesgaron las páginas de la 41 a la 47 y de la 241 a la 248, faltando por lo tanto los datos de Chinandega y Jinotepe respectivamente. Hechos que parecen haber ocurrido mucho antes de pasar a ser parte del patrimonio de la BBCN, porque su empastamiento no revela mutilación reciente.

En el futuro se podrían completar con un agregado, pero por supuesto con la responsabilidad de otro investigador y paleógrafo. El trabajo, que fue una propuesta de publicación del autor y tiene como año de edición 1948, aunque tiene un índice, carece de introducción y prólogo; su transcripción fue mecanografiada. Tanto el documento como las copias son legibles y están en buen estado de conservación.

Hemos extraído un listado de las 63 comunidades y las 83 parcialidades que algunas de estas comunidades comprendían. En el caso de las primeras hemos colocado el número total de tributarios correspondientes a los años de 1685-1686 para las comunidades del Occidente, Oriente y el Sur, salvo el caso de los pueblos de Nicoya cuya tasación, asentada en ciudad de Guatemala en 1690, fue realizada en el año de 1677.

En las comunidades del Norte- Centro sus resultados también fueron producto del trabajo realizado en los años 1677 y 1683; colocamos la cantidad de habitantes correspondiente a cada comunidad. Es válido recalcar que es una tasación de tributarios y no un censo poblacional, por lo que se carece en las actas del ingrediente mayoritario, que son los niños. En el caso de la segunda nos limitamos a colocar las parcialidades pertenecientes debajo de las comunidades a las que pertenecían jurisdiccionalmente. La comunidad de El Viejo, como veremos, tenía 13 parcialidades: Subtiava 11 y Xalteva 5. Otras por el contrario, como la de Momotombo, estaban en proceso de desgaste (10 tributarios) y por su ubicación geográfica no comprendían ninguna parcialidad.

Los censos en las comunidades y parcialidades era un proceso que involucraba a las autoridades provinciales y por supuesto locales de las comunidades; las primeras enviaban la documentación a las autoridades de la Capital de la capitanía a ciudad de Guatemala, el encargado de consolidar legalmente estas actas fue -en esta época- el Oidor Real Antonio de Navia y Bolaños. Estas precisaban el número de nuevos tributarios a partir de los 17 años (varones) y los 15 años (mujeres), así como las bajas que eran, además de los fallecidos, quienes dejaban de pagar tributo por invalidez o mayoría de edad (50 años las mujeres o 55 años los varones), según lo prescribía la ley tributaria.

Algunas comunidades solicitaban una actualización de las tasaciones porque la disminución de los tributarios por distintas razones, hacía recaer el tributo sobre los activos. Esto fue causa de muchos problemas con los rezagos en los pagos de tributos a lo largo del dominio colonial.

Por estas razones las comunidades solicitaban la actualización de las tasaciones como fue el caso de los vecinos de la Comunidad de Managua, que solicitaron una nueva tasación en 1691: “aviendo visto los auttos de la nueba cuenta y padrón de las siete parcialidades de que se compone y están inclusas en el pueblo de Managua fha con conición de la R.L (Real) Audiencia a pedimento de los yndios por disminución por el Mre. (maestre) de Campo don Gabriel García Bravo de Oyos Gobernador de ella y lo respondido por el señor fiscal dijeron que mandaban…”( Cuadra Cea 1948. p.381)
En lo adelante aparecen los detalles descritos en número y condición de los tributarios, especificando su disminución de 731 tributarios en 1685 a 637 en 1691, por lo tanto su carga tributaria debía disminuir. Los tributos consistían por lo regular en cargas de telas y otros productos artesanales, cargas de maíz y frijoles. Es decir son un indicativo de la actividad económica y especialización de cada comunidad en el ámbito productivo de la época.

Aportes de la Obra

Si bien obras como los 17 tomos de Andrés Vega Bolaños (Colección Somoza) hicieron aportes como la publicación de originales, Cea Cuadra nos deja una especie de inventario sobre las comunidades del siglo XVII, que es de obligada consulta para quien trabaje o investigue el periodo colonial.

Las tasaciones son consideradas como fuentes básicas para conocer aspectos tales como las actividades económicas, población económicamente activa, edad y género de la misma; las variaciones étnicas debido al ingreso de otros componentes raciales como el mestizo, el mulato el zambo y las entremezclas a través de matrimonios.

Se observa que las uniones matrimoniales entre la población indígena eran principalmente endogámicas y de escasa mezcla con otras razas. De un total de 6.314 adultos de ambos sexos (registrados como tributarios) en 29 comunidades, tan sólo se registran 69 matrimonios fuera de las mismas (comunidades). En proporción, estos 69 correspondían a: 35 mestizos, 24 mulatos, 9 negros y 1 zambo.

Otra observación que puede desprenderse de aquí es que la mezcla de mestizos es más o menos similar en género mientras que en el caso de los negros y mulatos es más de varones con mujeres indígenas. Por lo que se puede comprender que la afluencia de esta etnia además de disminuida con relación al Caribe español (Cuba, Rep. Dominicana, etc.) fue mucho más masculina que femenina, por lo que recurrieron a unirse con mujeres indígenas, no sólo dando origen al zambo sino a una asimilación por parte de sus descendientes, de la predominante cultura mestiza- indígena, atenuando con el tiempo sus raíces africanas.

Esta puede ser una de las conclusiones para que no se presenten, como en otros países, rasgos pronunciados de la cultura negra en el Pacífico-Centro nicaragüense, a como se expresan claramente en la Región Atlántica del país, nivel de las minorías descendientes de esclavos negros traídos por los ingleses en el siglo XVII.

Un aspecto que puede destacarse, es que aún con todo el proceso de deterioro demográfico de la población indígena, los datos revelan que ésta había experimentado un proceso de recuperación con relación al siglo XVI. Si en el año de 1558 habían 8.000 personas, entre 1662 y 1692, casi 150 años después, la contabilidad de más de 11.000 individuos adultos, entre tributarios y reservados demuestra un aumento considerable. Si se hiciera un estimado que incluyera a toda la prole (niños, etc.), esta podría ser mayor de 50.000 personas; lo cual se va a producir de forma más amplia -como lo comprueban los estudios de Romero Vargas- en el siglo XVIII.

Válido es destacar que en el inventario no aparecen comunidades como Tipitapa, que existían por la época, o comunidades como Veracruz del Zapotal, Nahualapa y otras que sobreviven en la actualidad; por lo que estudios posteriores sobre las mismas comunidades deben aportar más al respecto.

El mestizaje

Otro elemento digno de destacar es el proceso de ladinización, entendido este término como el proceso de mestizaje físico y cultural, que abarca desde el indio desarraigado de su identidad, el mestizo de blanco y español, el mulato de blanco y negro africano, el negro liberto y las entremezclas de todo lo anterior.

Algunos especialistas en Centroamérica incluyen como ladino hasta al blanco pobre que llegó como inmigrante, al darse el crecimiento demográfico y los problemas sociales en la península. En el caso de estas comunidades este proceso camina más gradual en unas comunidades que en otras. En las comunidades del Sur y el Oriente el proceso de ladinización fue mayor que en las del Centro-Norte. En ello incide por ejemplo la proporción de uniones con negros, mulatos y mestizos en Xalteva (se contabilizan 9 uniones con negros y mulatos, en una población de 420 adultos). El “pringue” de igual modo invadía algunas poblaciones del Occidente, en contraste con poblaciones del Norte en donde la mezcla muy atenuada se dio con mestizos, pero en su mayoría se conservó pura.

En el Sur hubo una tendencia cada vez mayor a la disminución del elemento indígena en beneficio del mestizaje, dado que esta parte del territorio fue una de las más afectadas por la disminución violenta de los indígenas en el siglo XVI y la ubicación posterior de los dos enclaves de mano de obra africana: Nandaime y Belén del Obraje de Rivas. En la disminución de las comunidades incidían no sólo las enfermedades y fallecimientos, o las mezclas con otras razas, sino el hecho de que los sobrevivientes tenían la obligación de asumir los rezagos y los aumentos, como lo ilustra el caso de Managua a inicios del siglo XIX: “los indios alegaban no poder cubrir la nueva cuota decretada por la audiencia ; pero como se les exigía gubernativamente el pago de tales cargos, huían a las montañas dispuestos a abandonar el pueblo, y establecerse donde no los alcanzara el rigor de los empleados fiscales (Halftermeyer 1946,p.11)
Es decir, que se desarraigaban de su identidad, pero eso no significa que se mezclaban, como se entiende comúnmente el mestizaje. Al no tener posibilidades de retornar al pueblo, se ladinizaban, huían a las montañas. Ellos o sus descendientes se introducían a chacras rurales o a la periferia de las poblaciones españolas, y negaban su identidad para sobrevivir.

El mestizaje cultural en la época de la dominación española implicó arrancarle su sistema de creencias y valores prehispánicos, pero la población si bien adoptó los ritos básicos del catolicismo, también le imprimió sus propias prácticas prehispánicas, en el sistema de organización de cofradías, en las danzas religiosas, las rozas, los pedimentos, etc. También la dominación española logró eliminar paulatinamente las lenguas originarias, pero la resistencia en esta dirección permitió que gran cantidad de toponimias se conservaran, superando incluso a las de origen hispano, basta ver el nombre de las ciudades cabeceras, municipios, comarcas, etc. en el territorio.

Pero más que eso, gran parte del habla popular y cotidiana esta llena de palabras provenientes de las lenguas originarias, o se da el caso que algunas palabras aparentemente de origen castellano tienen sus raíces en las lenguas originarias. Cuando por ejemplo alguien pasó en estado de embriaguez, se dice: pasó “socado”, que proviene del nahuat: soquit, que significa ebrio, a lo que le agregaron el sufijo “ado”.

En el mestizaje físico, es evidente que en el fenotipo del nicaragüense actual, predominan los rasgos indígenas por encima de otros ingredientes étnicos. A los antropólogos les queda el reto de definir qué otros elementos de lo cultural provienen y se preservan de ese universo aparentemente perdido; el lado indígena de nuestro mestizaje.

Hoy cuando se habla de contraponer el día 12 de octubre como de la Resistencia indígena, mestiza, negra y popular, al adocenado “Día de la raza”, se deben utilizar de forma efectiva todos estos recursos de información que incidan en el fortalecimiento de valores que son intrínsecos en la Nicaragua multiétnica que orgullosamente ostentamos. Sólo así tendremos una conciencia sólida de nuestra identidad como pueblo y nación.

Consideramos que la obra de Cuadra Cea, con independencia de los objetivos que tuvo el autor en su momento, merece ser extraída del anonimato y ser dada a conocer -en su momento-, no sólo a la comunidad científica, sino a la comunidad en general, para que su estudio y reflexión incidan en el rescate de las raíces de la identidad mestizo indígena de los nicaragüenses.

Octubre no sólo debe de ser para conmemorar, sino para reflexionar y trazarnos estrategias en, por ejemplo, el inventario de comunidades que presentamos. Éstos no sólo deben consistir en el repaso del nombre de cada una de estas comunidades, sino tratar de remitirnos de una forma más concentrada en los espacios en donde dejaron sus huellas nuestros abuelos. Como colectividad en general tenemos no sólo el deber, sino el derecho de conocerlos más íntimamente en todas sus dimensiones.

Rafael Casanova Fuertes
www.casanovahistoria.blogspot.com

jueves, 8 de julio de 2010

Rivas y sus batallas: Entre mesones y confusiones

Rivas y sus batallas: Entre mesones y confusiones

A 155 años de la tea heroica de Mongalo


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Mucho se ha hablado de las batallas que le han dado la categoría de tres veces heroica a la ciudad de Rivas. Aunque al momento de hacer referencia sólo se menciona dos de estos acontecimientos: el del 29 de junio de 1855 y el del 11 de abril de 1856. La última batalla que constituyó la derrota decisiva de Walker, que se dio entre el 27 de enero y el 1ª de mayo de 1857, es hasta ahora un hecho poco conocido, poco mencionado a pesar de sus dimensiones.

Las primeras batallas

Mas las batallas de Rivas no son sólo las que conocemos a través de la enseñanza de los textos como las susodichas, sino muchas más, desde antes de su existencia como ciudad. El 18 de abril 1523, durante la expedición del conquistador Gil González Dávila, sus alrededores fueron escenario de un encuentro bélico, entre fuerzas del jefe Nicaragua (no Nicarao) y las tropas de este expedicionario, que se retiraba del territorio tras haber combatido con las fuerzas de Diriangén el día anterior. Según el mismo González, las hostilidades se rompieron a las 11.00 a.m. y terminaron al anochecer, y temeroso tuvo que retirarse aprovechando una tregua solicitada por los mismos aborígenes (Vega Bolaños, 1954 p.98-99). Es válido denotar que a pesar de que fue mucho más prolongado este combate, la mayoría de las versiones otorgan mayores dimensiones al encuentro que tuvo González (media hora) con Diriangén, y erróneamente siguen recalcando el inexistente pacifismo de Nicaragua.

La batalla por que el valle fuera villa

Hacia fines del siglo XVII, los habitantes de este territorio se enfrascarían en una nueva batalla que ya no era con armas, sino con recursos legales para que se les otorgara la calidad de Villa, en tanto ya el agrupamiento urbano denominado Valle de Nicaragua, llenaba los requisitos legales de la legislación colonial para ser considerada una Villa. La situación continuó hasta el siglo XVIII, y la delegación de vecinos logró ganar la batalla, sin embargo, para que se le otorgara el título, en Guatemala tuvieron que recurrir a una argucia, tal como fue la de incluir entre los nombres legales de la Villa el mismo apellido del Capitán General Francisco Rodríguez de Rivas.

De esta manera, se otorgó el título de Villa de la Purísima Concepción de Nicaragua y de Rivas el 29 de mayo de 1720. Lejos estaban de imaginar los vecinos que, posteriormente, el susodicho Capitán General Rodríguez de Rivas sería destituido de su cargo por actos de corrupción por las autoridades coloniales (Wortman, 1991, pp. 127-130); y que el nombre original de Nicaragua, que era un referente identitario, vendría con el tiempo a ser sustituido por el de Rivas. Es decir, que sus fundadores ganaron la batalla del reconocimiento como Villa, pero perdieron la batalla del nombre correcto por uno corrupto.

Las batallas del período de la anarquía

La importancia económica y estratégica de Rivas la convirtió en escenario obligado de las confrontaciones que siguieron tras la Independencia de 1821. Rivas fue el principal escenario de la Guerra de Cerda y Argüello, entre 1826 y 1829, y de otros sucesos como el fusilamiento de los colombianos Ruiz de Gutiérrez y Francisco Casanova, y la muerte del mismo De la Cerda en 1829. Pero hubo hechos poco conocidos, como las guerras anárquicas de 1845 y 1849, que se dieron en toda Nicaragua. Llamadas así porque fueron verdaderas luchas de clases entre grandes propietarios de tierras y comuneros indígenas y mestizos pobres, que lucharon, entre otras cosas, por preservar sus formas de propiedad comunal y ejidal usurpadas y codiciadas por los terratenientes.

El desenlace de estos acontecimientos se dio en Rivas a partir de dos fases: la primera, cuando el 3 de junio de 1849, masas enardecidas atacaron la guarnición del Gobierno, logrando el 15 de junio la toma del cuartel. Los rebeldes fueron encabezados por el general guerrillero Bernabé Somoza Martínez, quien proclamó el Gobierno de los pueblos en Rivas.

Los ejércitos unidos de León y de Granada (más de 1,000 hombres bien armados), encabezados por los caudillos Fruto Chamorro, de Granada, y Trinidad Muñoz, de León, marcharon contra la facción “enemiga del orden y la propiedad” en Rivas, la que ocuparon el 9 de julio. Somoza con su contingente reunido, superior al enemigo --pero superados totalmente en recursos y reservas-- decidió atacar por separado a los coaligados, y el 14 de este mes entraron por el Sur, La Puebla, a las 2:00 p.m., para enfrentar al Gral. Muñoz. Tras obtener un balance favorable en dos horas de combate, las fuerzas de Somoza se vieron afectadas por dos razones: la escuela militar de Muñoz que le impuso una incomoda pelea, y la llegada de los refuerzos de Chamorro a Muñoz. Esta batalla --que finalizó con la captura y muerte de Somoza y la ejecución de decenas de sus partidarios (Casanova, 1994, pp. 240-247)-- fue una de las más grandes del llamado “Período de la anarquía”.

Las batallas durante la Guerra Nacional

Estos hechos son más conocidos, y dos de ellos pasaron a formar parte de la simbología heroica de dos países. El 29 recién pasado 29 de junio, la primera Batalla arribó a su 155 aniversario, en ella, se destacó el joven maestro Enmanuel Mongalo y Rubio, a quien le correspondió darle fuego a la casa de Don Máximo Espinoza, donde estaban atrincherados los filibusteros, incluido el propio Walker. Un acontecimiento similar se dio al año siguiente, cuando los filibusteros en la señalada fecha del 11 de abril de 1856, se enfrentaron de nuevo en Rivas con los hermanos costarricenses, en este evento --según las versiones oficiales-- fue el tico Juan Santamaría quien le dio fuego al “Mesón” de Guerra. Más a nivel de los especialistas de este tema, es todavía objeto de controversias y confusiones.

El origen de ello lo determinó el hecho de que, a diferencia de Mongalo, de quien constan documentos originales sobre su existencia y su participación en los partes e informes oficiales (Palma Martínez, 1956, p. 88), en la bien documentada participación costarricense de estos sucesos no se hace ninguna alusión ni al hecho ni a Santamaría. Su nombre apareció varias décadas después de finalizada la guerra, en boca de veteranos de la campaña y de algunos periodistas ansiosos de localizar datos heroicos.

A pesar de todo, el Estado costarricense basado en estas fuentes orales lo proclamó Héroe Nacional, y como tal ha sido reconocido por la generalidad de los pueblos centroamericanos. Sin embargo, en la larga tradición oral de Rivas desde antes que apareciera el tico Santamaría, siempre se manejó que quien había dado fuego a la fortificación filibustera, fue un soldado de San Isidro Apataco, de Rivas, llamado Pedro Joaquín Rosales, quien además sobrevivió a la acción muchos años.

Esto se tornó más polémico cuando en Costa Rica se descubrió en un documento que el único soldado que tuvo el nombre de Juan Santamaría no murió en el Mesón como sostuvieron vehementemente los veteranos ticos, sino de “cólera morbus” en Liberia, Guanacaste, en 1856. Todos estos elementos de confusión no deben afectar el sustancial aporte que hizo el pueblo y gobierno costarricense de la época, determinante para eliminar la amenaza de Walker, aunque sí se deben hacer los debidos esfuerzos por aclarar de manera objetiva los hechos y darles su mérito --si lo tuvieron-- a personas que, como Rosales, han permanecido en el anonimato. No voy a referirme a la III Batalla que se dio entre enero y mayo de 1857 (la más prolongada y decisiva de la Guerra Nacional), debido a que sobre ella dedicamos en mayo de 2007 un artículo muy amplio.

Las Batallas del Siglo XX


El siglo XX encontró a Nicaragua en medio del proyecto liberal nacionalista de Zelaya iniciado en 1893. Las reformas modernas del liberalismo polarizaron a la sociedad nicaragüense de entonces. En Rivas, la clase pudiente del “centro” paso a la oposición, mientras que los de los barrios apoyaron a Zelaya, principalmente, los del populoso y antiguo barrio La Puebla se volvieron liberales.

Este barrio tiene, además de una población tradicionalmente combativa, las posiciones más estratégicas del área, colinas elevadas cubiertas de vegetación, como la histórica “Loma de Carazo”, desde donde se domina la ciudad, y redes de caminos y de callejones que facilitan tanto el acceso como la retirada de cualquier contingente armado. Los poblanos, al igual que otros rivenses, demostraron su fidelidad al régimen nacionalista de Zelaya en distintos escenarios de la geografía nicaragüense, hasta su caída en 1909.

En agosto de 1912 al producirse el conocido levantamiento del patriota, Gral. Benjamín Zeledón, en Rivas se produjo de acuerdo con los planes de los rebeldes, la entrada de “El Ruco”, Gral. Joaquín Argüello (de origen granadino) por La Calle Real de La Puebla, donde se concentraron los rebeldes liberales. Empero, las tropas del Gobierno conservador pro yanqui ocuparon la mencionada “Loma de Carazo” y otras posiciones.

Los combates se prolongaron durante varios días sin que los rebeldes desalojaran a los gobiernistas de esta colina, por lo que se vieron obligados a retirarse. El valiente Gral. “Ruco” cayó en desigual combate contra los chamorristas en Las Pilas, de Tola, terminando de esta manera la primera batalla del siglo pasado. Menos conocida aún, es la batalla que se desarrolló durante la Guerra Civil de 1926, en que también los rebeldes del bando liberal fracasaron en su empeño de tomarse la ciudad, utilizando una estrategia similar a la de 1912, y tras sufrir muchas bajas se disolvieron e internaron en Costa Rica.

El 3 de febrero de 1978, una treintena de combatientes del Frente Sandinista de Liberación Nacional, provenientes de Costa Rica, mantuvieron reducida desde las 2:30 hasta las 5:45 a.m., en el Comando departamental, a la guarnición somocista, y se retiraron en orden hacia la zona fronteriza, tras ocasionarle muchas bajas.

La última batalla, que sería como la anterior, contra el mismo sistema somocista sostenido por EE.UU., se inició un 29 de mayo en un aniversario de la fundación de la ciudad, y finalizó el 17 de julio de 1979 con la huida de la Guardia. Por razones de espacio y de tiempo nos limitaremos a realizar un esbozo de este último acontecimiento.

Siguiendo la tradición, los combatientes sandinistas provenientes de la vecina Costa Rica ingresaron por la calle principal de La Puebla, tomando posesión de los principales accesos del barrio, eran unos 47 jóvenes de ambos sexos que, en su mayoría, no alcanzaban los 18 años, como José Andrés Corea y Lidia Castillo, ”La Tania”, entre otros. El máximo responsable de la columna era un ex maestro de primaria incorporado a la guerrilla el año anterior: Álvaro Diroy Méndez, quien pasó a la historia como “Comandante Ezequiel”. Participaron algunos conocidos líderes juveniles, veteranos de otras jornadas, como Sergio Hernández “El Cusuco”, los hermanos Palacios, de La Puebla, a quienes acompañaba un experimentado guerrillero colombiano, integrado de lleno a la lucha por la liberación de Nicaragua: Ulises Colombia. De más está decir que la población se integró tanto a las escuadras como a las labores logísticas. Iban armados de fusiles de guerra, algunos cohetes RPG-2 y ametralladoras livianas. Por la parte este se introdujo otra columna para incidir sobre el área de Tola, al mando del también poblano César Gómez Araica, “Emiliano”, incorporado desde 1972.

Sus contendientes, casi un millar de efectivos GN, incluidas fuerzas elites de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) bien pertrechadas con artillería, tanques blindados y aviación, estaban comandadas, primero, por el Cnel. Alesio Gutiérrez, y después por el Cnel. Franklin Montenegro. Actuaban estas tropas, además, en coordinación con las del “Comandante Bravo”, Pablo Salazar, que ubicadas en Cibalsa, La Virgen, trataban de contener al grueso de las columnas sandinistas alineadas en el Frente Sur “Benjamín Zeledón”.

Los combates se iniciaron el mismo 29 en horas de la mañana. Cuando fuerzas de la EEBI trataron de penetrar a La Puebla con el auxilio de un blindado, por la Esquina de “Las Tenorio”, los combatientes atrincherados en los muros de la Plaza San Pedro y los alrededores los enfrentaron. Ambas fuerzas hicieron derroche de valentía y de coraje hasta la temeridad, pero se impusieron al fin “los muchachos”, que lograron destruir la tanqueta de la Guardia e infligirle muchas bajas. Un segundo intento de penetrar al barrio, por parte de la GN, se dio en horas de la tarde, por el aserradero “El Sinfín”, en la parte este. El mismo fue rechazado con similares resultados.

Como observamos, la Batalla estuvo determinada primero: por los intentos de la GN por desalojar a los rebeldes de La Puebla, lo que propició otros enfrentamientos prolongados, como los combates de San Vicente, La Loma de Carazo, Los Casanova etc.; otro momento fue cuando, en la segunda semana de junio, los revolucionarios con el apoyo de la población civil pasaron a la ofensiva, y llegaron a tomar posesiones frente al mismo cuartel GN, desde el edificio de Telcor, cerca de donde fue el antiguo Mesón de Guerra. La GN, que controlaba las alturas del centro parroquial San Pedro, pudo resistir, sin embargo, sufrió muchas bajas.

Finalmente, los rebeldes se retiran de la ciudad y consolidan el control del departamento a través de dos nuevas victorias: el combate de El Asilo y la toma de San Martín el 21 de junio. En los días que siguieron, el control de la GN se redujo a la guarnición de Rivas y de Cibalsa, lugares donde permanecieron casi aislados y sometidos a un constante hostigamiento. La derrota total era cuestión de tiempo, cuando se produjo la huida de Somoza Debayle el 17 de julio. Al día siguiente se produjo la marcha repentina de la GN por San Juan del Sur, tras dejar el edificio del comando incendiado.

La última batalla de Rivas había terminado, los costos materiales y sobre todo humanos habían sido enormes, la ciudad quedó destruida. En la mitad de la población había por lo menos un deudo, de algunos de ellos nunca se conoció su tumba, valiosos combatientes como José Andrés Corea y Ulises Colombia dieron su sangre generosa en este nuevo afán libertario.

El anterior relato nos arroja un inventario de diez confrontaciones que se dieron en la ciudad de Rivas (desde la librada por el Cacique Nicaragua, en abril de 1523, hasta la más reciente entre mayo y julio de 1979). Las mismas fueron parte del protagonismo colectivo e individual que vino forjando la Nicaragua que hoy conocemos. En esta dirección es válido recalcar que los últimos acontecimientos, los más recientes, son los menos estudiados, por lo que es recomendable conocerlos, y en este afán se deben aprovechar los testimonios de muchos de los participantes que sobrevivieron a los hechos, de lo contrario puede pasar que se reediten más adelante las confusiones que todavía persisten con respecto a la quema del Mesón en abril de 1856.



Bibliografía y otras fuentes:

Bolaños Geyer, Alejandro. William Walker El predestinado. Managua, Textos escolares, 1999, 233 pp.

Casanova Fuertes, Rafael. Conflictos políticos y sociales entre 1845 y 1849 en Nicaragua. (Tesis Magistral inédita) San José, C.R. UCR, 1995, 380 pp.

Palma Martínez Ildefonso. La Guerra Nacional. México, DF. Imprenta Aldina, 1956, 645 pp.

Urtecho, Isidro. “Escritos Históricos”, en: Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, Nª 88, Editorial Alemana, p. 52.

Vega Bolaños, Andrés. Historia de Nicaragua. Tomo I (Colección Somoza) Madrid. Imprenta Viuda de Gala Sáez. 1954.

Wortman, Miles. Gobierno y Sociedad en Centroamérica. BCIE, San José, C.R., 1991. 395 pp.

Zelaya Goodman, Chester. Enmanuel Mongalo y Juan Santamaría. Alajuela, C.R. Museo Histórico Cultural Juan Santamaría. 2004. 35 pp.

Testimonios orales sobre acontecimientos de 1978 y 1979 de: Fernando y Marco Antonio Casanova Fuertes, Fernando Martínez Toruño, Mercedes (varón) Obando, Jesús Pérez Peña, Guillermo Tejada Murillo.

* Historiador. Sala de Investigación de la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua (BBCN).



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