jueves, 20 de mayo de 2010

Las Mujeres en el Pequeño Ejército Loco (1927-1933)






Como en otros eventos de la Historia del país, hubo una participación destacada de las mujeres en la guerra de liberación del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional EDSN y el Gral. Sandino. Sin embargo, aun cuando hay muchos estudios de nacionales y extranjeros sobre esta gesta heroica, es válido acotar que hasta ahora no se ha hecho un estudio sistematizado de la participación femenil en esta gesta, lo más de las veces hay breves menciones en algunos documentos. No se dio una recopilación oral, que pudo haberse realizado cuando las sobrevivientes (en su mayoría campesinas analfabetas) estaban vivas. Lo cual obviamente era difícil de acometer, cuando se encontraban en el poder, los protagonistas de la orgía sangrienta que siguió al 21 de febrero de 1934, es decir el mismo Somoza García y sus hijos: los Somozas Debayle. Y sobre todo, cuando muchos de los sobrevivientes sandinistas, incluidas las mujeres se involucraron en la lucha contra el mismo sistema.


No es si no hasta después de la caída del somocismo, en la década de los ochenta en que escritoras como Margaret Randall, llamaron la atención con algunos trabajos sobre las mujeres en el EDSN. Sin embargo, una ojeada a los trabajos históricos permite ver que no se ha realizado un estudio sistematizado de la participación femenil en el ejército de Sandino.

Las mujeres en la obra de José Román
Mucho se ha centrado en la atención en Blanca Aráuz y Teresa Villatoro, a quienes no se les pueden negar sus méritos. En la misma documentación publicada del héroe (cartas, comunicados, etc.) las menciones a las mujeres son escasas. No obstante fue en las entrevistas ocurridas en el periodo de desmovilización de 1933, antes de su asesinato, el mismo Sandino exalta el rol de la mujer en su lucha. En la entrevista concedida en 1933 a José Román, el autor de Maldito País, el héroe dedica buena parte de sus párrafos a la participación de la mujer. Comienza con una mención a Gabriela Mistral cuando asegura: En el ala femenina, Gabriela Mistral es la abanderada nombrada por aclamación benemérita del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional” (Román 2007 175-176). Debe recordarse que la poetisa chilena y Premio Nóbel de literatura fue uno de los primeros artistas e intelectuales que le dio su apoyo en el mundo y fue quien calificó a sus huestes como el Pequeño Ejército Loco.

En esta misma entrevista recalca el héroe, entre otras cosas, las siguientes Los actos de heroísmo de las mujeres que colaboraron en el ejército no sólo son muchísimos, sino que además la mayoría requieren largas historias para explicar los sacrificios que sufrirían (sufrieron) y los peligros que enfrentaron por amor a la patria y todas, campesinas, maestras de escuela, enfermeras, amas de casa aún señoritas de de sociedad, rindieron servicio sin los cuales nuestra guerra no hubiera sido posible. De todas estas mujeres y sus actos heroicos guardamos minucioso detalle en el archivo. Tras este párrafo que pudiera considerarse introductorio, el héroe continúa describiendo ejemplos de mujeres colaboradoras del ejército.

Por el momento debo al menos mencionar las siguientes:

Blanca Aráuz de Sandino. No porque sea mi esposa, sino porque en los servicios de enlace que nos prestó como telegrafista, son imponderables. Además en la última etapa de la guerra sirvió como secretaria privada mía.

Señora Juana Cruz.. Tenía una cantina en Jinotega y cambiaba licor por tiros con los guardias y obtenía información confidencial con los marinos por medio de sus muchachas adiestradas. También fue una importante directora de correo y espionaje en la región. No sólo no cobraba por sus servicios sino que ayudaba económicamente (…).

Señora Tiburcia García Otero. Natural del Cua, donde poseía una hacienda grande que fue destruida, al igual que sus hijos según ella misma contó, por los aviones y tropas de los marinos. La destrucción fue tan bárbara que no dejaron un perro vivo. Además, le aterraron el pozo.

Desde entonces se volvió gran partidaria nuestra. Fue encarcelada y vapuleada en la penitenciaría de Managua por órdenes de Moncada, para que dijera sobre mí pero esa mujer prefirió la tortura y la muerte si fuese necesario. No lograron sacarle nada, y muy enferma tuvieron que sacarla de la cárcel, lo que aprovechó para escaparse para Costa Rica. Luego dando una gran vuelta por Honduras volvió al ejército a servir de cocinera, enfermera y lavandera (Román2007p175-177).

Las Mujeres deben incorporarse a la Historia Patria

Sandino coloca en su relato tres ejemplos concretos pero insiste en la participación masiva de la mujer. Pero además reitera la necesidad de rescatar la historia de la participación femenil en su gesta. Oportunamente me encargaré de una publicación especial para rendirle a estas mujeres el homenaje que merecen, pues sus nombres y sus hechos constituyen una verdadera gloria para Nicaragua y deben incorporarse a la Historia Patria...(Román 2007. P.177)
Está demás recalcar que Sandino no pudo lograr este objetivo dado su asesinato en la fecha señalada, y debe de recordarse que muerto Sandino su archivo se convirtió en un objetivo del enemigo y gran parte del mismo fue a parar a manos del dictador Somoza García y la GN, los que además de utilizar la información para reprimir a quienes aparecían en los documentos, procedieron a destruir las huellas de su legado, entre éstas la participación de la mujer. Pero si en los tiempos actuales le tomamos la palabra a la idea y preocupación del Gral. Sandino, creemos que es posible al menos rescatar los nombres y los aportes de las mujeres en el EDSN. Utilizando documentación de la época y las fuentes orales. Esto último, por supuesto es imposible realizarlo con las participantes directas, porque en su mayoría ya fallecieron, pero sí se puede hacer con sus descendientes.

La huella imborrable de la mujer
Sin pretenderlo, en el mismo rescate de la historia reciente, encontramos las huellas de la masiva participación femenil en el EDSN. Los cuadros del FSLN en su proceso organizativo en la zona Norte recurrieron a contactar a veteranos sandinistas y se encontró con ancianas que también habían participado en la gesta de 1927 a 1933. Ejemplo de ello fue la célebre Amanda Aguilar (Petrona Hernández), de las mujeres del Cuá, cuya ancianidad no le impidió ser mancillada y torturada por la GN en 1968, fue cocinera y colaboradora del General Sandino entre 1928 y1933. Filomena Soza, indígena de la comarca El Pire, de Madriz (abuela del combatiente Salvador Loza Talavera) fue también cocinera y lavandera del ejército, desde los tiempos de San Albino, a esta lista podemos agregar a María López, Ramona Loza, Susana y Angélica Vallecillo, de la comarca de Rodeo Grande, en el Departamento de Estelí.

También hubo mujeres que no eran precisamente de origen campesino, como doña Dolores Ramos Munguía, poetisa y feminista, comerciante y dueña de vastas extensiones de tierra en el departamento de Madriz, quien fue hasta detenida por las autoridades norteamericanas, al ser descubierta su colaboración (La Boletina Nº 77.p.2-8). De este mismo departamento no se puede desconocer tampoco la participación de Hilda Uclé, quien fuera compañera de vida de un hermano del Coronel. Rufo Marín. “Emilia” (cuyo nombre y apellidos siguen en el anonimato) quien, según los datos suministrados por Román pertenecía a una de las familias más acomodadas de Estelí, no sólo fue enfermera del Gral. Sandino, sino participante en combates contra los interventores (Román 2007p.234-236). Este mismo informante notó la presencia de mulatas de Puerto Cabezas, en los campamentos (Román 2007.p.193-194).

La persecución contra las fuerzas desmovilizadas de Sandino después de 1934 también dejó en evidencia la presencia de la mujer. En un combate en la comarca de Wina, Jinotega el 1º de abril de 1934 fueron hechas prisioneras tres mujeres, incluida la esposa del General Juan Pablo Umanzor. El 10 de abril de este mismo año se reporta la muerte del general sandinista José Lagos, dos soldados y dos mujeres; Al momento de la captura y asesinato del General Abraham Rivera a las orillas del Río Coco fueron ejecutadas seis mujeres, entre ellas la joven Angelita González, en quien se ensañaron, al atribuirle ser la compañera de vida del Gral. Sandino, en el Campamento de Wiwilí, tras la muerte de su esposa en junio de 1933 (Informes de la GN 1933-1934p.211-213).

Tras esta breve reseña sólo nos resta agregar que el reto que tienen por delante los investigadores es el rescate de la participación de las mujeres en esta gesta para cumplir con uno de los sueños de Sandino: “rendirles el homenaje que se merecen, pues sus nombres y sus hechos constituyen una verdadera gloria para Nicaragua y la Historia Patria.

Fuentes consultadas:
1- Matagalpa, Juan. Sandino. Los Somoza y los nueve comandantes. Honduras Industrial S. A.

2- Román , José . Maldito País. Colección Amerrisque. Managua,2007
3- Informe anual de la Guardia Nacional de Nicaragua, durante el año fiscal del 1º de octubre de de 1933 al 30 de septiembre de 1934.

4- Revista Boletina Nº 77. Managua, marzo de 2010.

5 - Conversación con Salvador Loza Talavera. Managua , Los Arcos, 26 de febrero de 2010

*Historiador e investigador de la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua
Miembro de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua

casanovmra@yahoo.com

sábado, 20 de febrero de 2010

Reencuentro con Candelaria Segura

Un intelectual antiimperialista desconocido en Nicaragua

Managua, Nicaragua - Sábado 20 de Febrero de 2010
Nuevo amanecer


Rafael Casanova Fuertes*

El nombre de Candelario Segura me fue familiar desde la infancia, cuando escuchaba a mi padre con otros contemporáneos hacer remembranzas sobre hechos pasados. La sala de mi casa natal allá en La Puebla, Rivas, era escenario de pequeñas e improvisadas tertulias dominicales en las que no faltaban los amigos, los compadres, antiguos veteranos de las guerras civiles, y algunos activistas políticos de la localidad, entre los que había liberales, conservadores y algunos simpatizantes del sandinismo y del socialismo.
Las referidas reuniones carecían de libaciones dada la naturaleza abstemia del anfitrión, en su lugar estaban el pinolillo y el café negro acompañados de rosquillas y tortillas dulces. Los temas eran variados testimonios o referencias sobre los conflictos pasados: las guerras de 1912 y de 1926, la guerra de Sandino, y temas actuales de ese entonces como la Revolución Cubana.Cuando se hacía referencia a este personaje en la época, se le colocaba como un digno ejemplo de aquello de que “nadie es profeta en su tierra”, y Segura, un rivense nacido en el área rural de Rivas, en el municipio de Tola, era una muestra de ello. Hablaban de sus peripecias como político conservador en Nicaragua, hasta que exiliado en Colombia llegó a tener éxito como reportero en uno de los diarios más leídos de este país. Se remarcaba el hecho de que al producirse su muerte, a sus masivos funerales asistió el mismo presidente de Colombia.
Años después, a mediados de los años 90, en una conversación con el ex militante socialista Ronald Maltez y con el jurista rivense Víctor Selva, tocamos el tema. Maltez, quien resultó ser un pariente político del mismo, nos dio algunos datos, tales como su salida al exilio en tiempos de Zelaya, que fue casado con una señora de apellido Somoza, emparentada con el dictador Somoza García, pero de filiación conservadora y ligada a la oposición somocista. Maltez, aunque compartió conmigo la necesidad de investigar a fondo sobre esta individualidad, al igual que los demás no aportó más allá de señalar su proyección en Colombia y Sudamérica como escritor y periodista. Fueron estos amigos quienes expresaron que a pesar de su conservatismo era opuesto a la intervención norteamericana, pero afirmaron también que esto había que comprobarlo.
Fue en el cumplimiento de una labor orientada por la administración del Banco Central de Nicaragua, que consistió en la clasificación de documentos originales resguardados en la sección de Patrimonio de la Biblioteca del BCN, cuando se produjo mi reencuentro con Candelario Segura. En octubre de 2008 encontramos una única hoja de la revista colombiana de Barranquilla “Letras”, con fecha 28 de febrero de 1932, en la cual se le realizó una entrevista a Segura. En la sección que los editores llamaban “Página Americanista” intitularon la entrevista como “Un rato de charla con Candelario Segura”.
Los entrevistadores, de quienes no localizamos sus nombres, se identifican abiertamente con la gesta heroica del general Augusto C. Sandino y llaman a Segura, “un patriota y escritor de la tierra de Darío y de Sandino”, además de ser “un representante en Colombia de la causa libertadora de Nicaragua”.
Esta entrevista que a continuación vamos a dar a conocer textualmente, fue casi coincidente con el combate de “Poza Honda”, en el norte del país, el 24 de febrero, además, con la captura en esos días por parte de la Policía yanqui de más de treinta ciudadanos en Managua, acusados de colaborar con los “bandoleros”.Queda mucho por investigar sobre la proyección de este personaje, quien siendo de origen conservador se manifestó como un abierto e intransigente opositor a la intervención norteamericana, y apoyó de forma beligerante la lucha armada del general Augusto C. Sandino. Nos inclinamos a creer que su posición coincide con la del conocido dirigente conservador Toribio Tijerino, quien desde la óptica del conservatismo rechazó el ideal y práctica del trinomio entreguista pro yanqui, representado por Carlos Cuadra Pasos, Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro. Mas la posición de Segura, como lo revela el texto a continuación, expresa un horizonte más amplio en tanto no ve la intervención como algo circunscrito a la realidad nicaragüense, sino como una amenaza para toda la América, y condena a los gobernantes y diplomáticos títeres del continente.No encontramos más datos sobre su vida, o de otros trabajos suyos.
Mientras se logra conocer más, invitamos a hacer una lectura serena y meditada de este casi desconocido patriota, en el marco del 76 aniversario del martirio del Héroe de las Segovias, general Augusto C. Sandino, con el fin de que con ello sean capaces de extraer sus propias conclusiones.

Un Rato de Charla con Candelario Segura O.Tuvimos el gusto de recibir en nuestra oficina de redacción, la visita del fogoso escritor nicaragüense C. Segura O. Después de charlar sobre cosas varias, le preguntamos:
-- ¿Cómo marchan sus trabajos antiimperialistas, y, cómo la compaña libertadora de su patria?
“Mis trabajos, como ustedes ya lo habrán visto, son de liberación racial. No se concretan solamente a la liberación de Nicaragua. El imperialismo yanke amenaza de muerte a toda nuestra América. Naturalmente, que la chispa libertaria debe levantar su llama abrasadora, en uno de los pueblos de habla española más oprimidos, más esclavizados, y éste es Nicaragua. Mis trabajos van siempre rodando, como la bola, siempre rodando”
.-- ¿No cree usted en un pronto despertamiento de la dignidad de la presente generación y que recuperen la libertad perdida y la autonomía mancillada de los pueblos, por opresores extranjeros?“
Ay, amigos míos. Esta presente generación nació esclava y morirá esclava… ¡Sí, acariciando sus cadenas con resignación nazarénica!...” “Miren ustedes” --continuó el compañero Segura-- “los hombres que llamamos prestantes en nuestra América, todos, absolutamente todos, viven de rodillas delante del imperialismo sajón. Nuestros diplomáticos llegan a Washington meciendo el incensario de la adulación y encorvados hasta el suelo en actitud de pordioseros (sic). Esos hombres, amigos míos, son los que han hecho y están haciendo de la Soberanía de nuestros pueblos, un mercado de negocios; de la libertad ciudadana, un escarnio, y de la dignidad de nuestra raza, un verdadero fracaso. Son los Judas modernos sin arrepentimiento, que por treinta miserables monedas, vendiendo están al yanke, los Cristos, que son los pueblos, y es de oír a esa cáfila de ilotas al servicio de nuevos fenicios cuando dicen ufanamente: ‘Nadie puede ser presidente en América si no cuenta con la venia de una legación yanke’. ¡Envilecidos! ¡Sobre su conciencia ha caído el hacha demoledora de las dignidades; y van como cerdo al fango, como el carnero al matadero de la desvergüenza…! ¡Ni una palabra más sobre tales infamias!”
A este tiempo, nuestro visitante se paseaba de un extremo al otro del salón de recibo haciéndose aire con el sombrero. Y continuó produciéndose en los siguientes términos:
“A los que somos antiimperialistas por celo patriótico, por amor a la raza y a la libertad, se nos acusa de ser enemigos sistemáticos del yanke, porque no podemos ser tan ricos como ellos, NO, señores: nosotros combatimos en el yanke sus vicios, sus atentados; los desmanes de sus diplomáticos quienes han hecho de la diplomacia un fiel de explotación en todo el mundo. Sí, señores: Hoover y sus diplomáticos están negociando con la sangre de sus conciudadanos, como en Nicaragua. Que nos digan cuánto vale un yanke vivo y les pagaremos su valor para que no los sigan mandando a morir a los campos de batalla nicaragüenses, y de esta manera, negociarán con los vivos, y no con los muertos; y habrán dado una nota de alta diplomacia en los ramos de las relaciones internacionales con los países latinos, lo mismo que en el ramo de las finanzas mundiales. Nuestra América no da señales de vida. Está de rodillas delante del coloso nórdico. La palabra de fuego y la voz de bronce de la protesta no se escucha: ¡Qué hacer! ¡Es el destino de los esclavos!”Éstas fueron las últimas lapidarias palabras del patriota y escritor de la tierra de Darío y de Sandino. Nosotros estamos con él, en cuerpo y en espíritu. Y para despedirse, nos dijo:
“Tengo concertada una serie de conferencias por Radio, ahora que se aproximan las Conferencias Internacionales en la hermana República de Costa Rica. Hace un año que en “La Nación”, de esta ciudad, escribí un largo manifiesto pidiendo la colaboración patriótica de los periodistas libres del continente para la conformación de un plebiscito internacional, para pedir a Hoover el retiro de los marinos yankes de Nicaragua y de todo país latino ocupado de la misma manera que Nicaragua. Las conferencias las dictaré en la Radio del Señor Amorteguí en la Calle Caldas.Asistiremos gustosos a escuchar la palabra encendida y elocuente del representante de la causa libertadora de Nicaragua en Colombia”.
* Historiador. Sala de Investigación de la BBCN.
rafael.casanova.fuertes@gmail.com

sábado, 2 de enero de 2010

La Huelga de la UCA en 1969

Rafael Casanova Fuertes*

END - 21:18 - 29/12/2009

Estamos a un día para que finalice el presente año 2009, un año que podríamos calificar de cierre de muchos acontecimientos sobresalientes en la accidentada historia del país. Algunos de estos hechos fue posible reseñarlos en publicaciones periódicas y en obras testimoniales o compilaciones como “Entre Sandino y Fonseca”, de Jesús Miguel Blandón, otros hechos e individualidades no corrieron la misma suerte.Fue durante este año que se cumplió el cincuenta aniversario de la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959, fue por supuesto también el cincuentenario de tantos movimientos guerrilleros de este mismo año como el de El Chaparral, el de Olama y Mollejones, el de Manuel Díaz y Sotelo, el de Chale Haslam y de otros acontecimientos marcados con sangre.A estos hechos le siguen otros como el cuarenta aniversario de la caída heroica de Julio Buitrago Urroz y otros militantes del FSLN en Las Delicias del Volga y Santo Domingo, ocurridos el 15 julio de 1969. Hubo sucesos mucho más lejanos, como la ejecución del caudillo antioligarca Bernabé Somoza Martínez, un 14 de julio de 1849 y la guerra civil de 1869, pero que también de trascendencia en su época. Pero por razones de la distancia en el tiempo, de estos últimos es normal que sólo sean parte de un breve episodio en la historia política nacional, recordado y datado principalmente, por especialistas en el campo de la misma historia.Lo que puede resultar sorprendente es que acontecimientos mucho más cercanos y también trascendentes, como la huelga estudiantil de julio a septiembre de 1969 de la Universidad Centroamericana, UCA, pasen a ser parte de las historias olvidadas o poco conocidas, aun cuando algunos de los participantes y dirigentes están todavía entre nosotros.La huelga estudiantil se inició la misma tarde del 15 de julio, cuando se escuchaban los disparos de los combates de Las Delicias del Volga y Santo Domingo, y los estudiantes, encabezados por Carlos Agüero Echeverría y Róger Cerda se tomaron las instalaciones de la Universidad e izaron simbólicamente el pabellón del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Sandino. La toma fue apoyada por la mayoría de los estudiantes y profesores; los huelguistas demandaron la entrega del cadáver de Julio Buitrago (ex -alumno del centro) y que se respetara la integridad física de las detenidas Doris Tijerino Haslam y Gloria Campos Traña.Las máximas autoridades de la UCA, representadas entre otros por el rector somocista León Pallais, reaccionaron decretando la expulsión de cinco de los dirigentes de la huelga, siendo dentro del cuerpo de profesores Manolo Morales y Ernesto Castillo los únicos que se atrevieron a condenar abiertamente esta medida. Fue entonces que la huelga tuvo continuidad, exigiendo el reintegro de los expulsados, convirtiéndose en el paro estudiantil más prolongado en tiempos de la dictadura, en tanto cesó hasta el día 12 de septiembre de ese año 1969.Las autoridades aceptaron, por fin, el reintegro de todos, menos uno, el del principal dirigente, Róger Cerda, estudiante de 5° año de Derecho.Un movimiento de esta naturaleza, desde la perspectiva del sistema, resultaba anacrónico, dado que la UCA había sido creada años atrás para contrarrestar el papel de la UNAN como “principal foco y semillero subversivo del país”. Sin embargo, los hechos demostraban todo lo contrario.Además de las circunstancias externas, como el papel del movimiento estudiantil a nivel mundial, no se puede comprender este comportamiento de los estudiantes de la UCA si no nos remitimos a hechos ocurridos en los años anteriores en esta Alma Máter, y principalmente el año 1966 –un año de mucha agitación política— cuando junto a connotados oficiales GN y OSN como Nicolás Valle Salinas, Juan Lee Wong, Humberto Lagos, Sergio Calderón y otros, también hizo su ingreso toda una generación que habría de jugar un rol muy importante en hechos que trascendieron en la historia política del país. Entre los de esta generación se puede mencionar a Daniel Ortega S., Julio López Campos, Edmundo Jarquín, Harold Solano, Melvin Wallace, el ya mencionado Róger Cerda y otros.Es decir, que si bien la UCA se llenó de “chicos bien”, de oficiales GN y empleados somocistas, no pudo evitar el ingreso de elementos de avanzada y beligerantes en la sociedad, porque esta generación no hizo más que reforzar a otros que, como Casimiro Sotelo, Julio Buitrago, Dionisio Marenco, Danilo Aguirre Solís, David Tejada, etcétera, desde años anteriores habían venido fortaleciendo el Centro Estudiantil Universitario de la Universidad Centroamericana (Ceucca), convirtiéndolo no sólo en un centro de discusión y polémica sobre la problemática nacional e internacional, sino también en un centro de acción política contra el aparato de dominación somocista.Aun cuando no fue revelado este suceso en los días exactos de su cuarenta aniversario, en mi opinión, como profesional, no se debe considerar una página leída de la historia, sino por el contrario, deben ser los días y meses del año 2010 los que deben estar dispuestos, por parte de los sobrevivientes, para reconstruir estos acontecimientos de forma objetiva e integral, para que permanezcan junto a otros hechos de carácter cívico, que marcaron, sin pretenderlo, nuestra historia política contemporánea.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Las FARN de Nicaragua:un acontecimiento casi olvidado

Por: Rafael Casanova Fuertes *
Jacinto Baca Jerez in memoriam

El modelo organizativo de las FARN se hizo siguiendo el modelo de la guatemalteca FAR y la colombiana FARC de la época; es decir, aprovechando el tendido organizativo partidario para crear un brazo armado autónomo del partido. Se pasó a constituir células en los departamentos donde existía el PSN, sin menoscabo del trabajo político-organizativo paralelo y al entrenamiento militar de cuadros .

En los primeros días de noviembre de 1969, cuando aún no dejaba de ser noticia el espectacular secuestro aéreo de LANICA ejecutado por dos militantes sandinistas, otra noticia pasó a desplazarla en los medios: la muerte de Jacinto Baca Jerez, 9 de noviembre, en la estación de Rota, departamento de León, tras un violento tiroteo con la GN y unos paramilitares de apellido López. Este hecho trajo a colación otro acontecimiento ocurrido en el mes de mayo de este mismo año: el secuestro de los terratenientes Aquileo Venerio Plazaola y Victoriano Argüello, sobre todo, porque dio a conocer la existencia de otra organización armada opuesta a la dictadura somocista, además del Frente Sandinista de Liberación Nacional: las Fuerzas Armadas Revolucionarias FARN. Las indagaciones de la OSN concluyeron en que el jefe de este comando y de la nueva organización era Jacinto Baca Jerez.
Al cumplirse cuarenta años de estos hechos, es necesario preguntarse para ubicar a los lectores en el tiempo: ¿quién era Jacinto Baca Jerez y cuál fue esta organización? ¿Cómo surgió? ¿Cómo se produjo su desaparición del escenario político y de la historia reciente del país? Baca Jerez había nacido en una familia leonesa de clase media el 1° de noviembre de 1944; es decir, que contaba al morir 25 años de edad. A escasos 16 años, ya era conocido por su participación en acciones armadas contra el régimen. Los reporteros del diario somocista “Novedades”, utilizando una foto, lo popularizaron con el mote de “el muchacho de la metralleta”.
Ex participantes de estos hechos, aseguran que hasta 1967 Jacinto mantuvo una militancia orgánica con el Frente Sandinista, pero que en este mismo año se separó del Frente, y se contactó con dirigentes del Partido Socialista Nicaragüense (PSN) interesados -y ya habían dado pasos- en la creación de una nueva organización. “Desde 1966 -nos relató Jorge Galo Espinoza- dirigentes como Nicolás Arrieta y Abdul Sirker, sobre la base de que la única forma de acabar con la dictadura era la lucha armada, y con la autorización de la dirección, empezaron a estructurar las FARN”. En su narración sobre estos hechos, Galo afirmó que el contacto con Jacinto fue facilitado por su esposa Juanita Navarro, vinculada al partido. Sirker, por su parte, afirmó: “que se tenía que aprovechar en aquel momento la experiencia de Jacinto, así como la atracción de otros cuadros del FSLN hacia nuestras filas”.
La creación del brazo armado, según estas concepciones, estaba orientada a preparar al partido en las distintas formas de lucha, sin convertirla en la única.La lucha interna con las tendencias conservadoras de la dirección, encabezada por los hermanos Juan y Augusto Lorío, y Manuel Pérez Estrada, quienes violaban los acuerdos tomados en los últimos Plenos de implementar una fuerza armada, tuvo entre otros resultados la ruptura definitiva y la expulsión del PSN de los mencionados en abril de 1967.El modelo organizativo de las FARN se hizo siguiendo el modelo de la guatemalteca FAR y la colombiana FARC de la época; es decir, aprovechando el tendido organizativo partidario para crear un brazo armado autónomo del partido. Se pasó a constituir células en los departamentos donde existía el PSN, sin menoscabo del trabajo político-organizativo paralelo y al entrenamiento militar de cuadros y militantes. En los inicios de 1969, la dirección de las FARN, entre la cual se encontraba Jacinto, decidió recurrir a una acción que les permitiera lograr dos objetivos: dar a conocer la existencia de la organización y hacerse de recursos económicos. De esta reunión surgió la idea del secuestro de un terrateniente, que resultó ser Venerio, hecho que se realizó en Chinandega, el 9 de mayo de este mismo año. Con Venerio fue retenido brevemente su acompañante, el mencionado Argüello.
La acción -aunque criticada posteriormente, por la condición opositora de Venerio- logró ambos objetivos, pero a su vez propició situaciones que no estaban en los cálculos de los gestores. Primero: una masiva cacería sobre los militantes y las redes de esta organización; al poco tiempo, decenas de detenidos en Chinandega, León, Managua, Carazo, Rivas, Matagalpa y Jinotega. Segundo: porque los golpes a las estructuras del PSN permitió que reencarnaran con nuevos actores las tendencias conservadoras en la dirección del mismo, y empezaran a ver como inconsistentes este tipo de acciones, en tanto “estaban afectando el proceso organizativo de las masas”.Estas posturas se dieron en un momento crítico e inestable para la dirección progresista del PSN, las sucesivas renuncias de los secretarios generales Álvaro Ramírez González en 1968, y de Onofre Guevara en julio de 1969, en medio de la represión, y de situaciones internas controversiales. Esto propició el ascenso a la dirección del partido de uno de las tendencias conservadoras: Luis Sánchez Sancho. A éste fue a quien correspondería, en su momento (un congreso del PSN en 1972), justificar la necesidad de “postergar la lucha armada para mejores circunstancias”.Los golpes que sufría el FSLN, los asesinatos de Bernardino Díaz Ochoa y otros cuadros del PSN, en 1971, sirvieron de argumento para demostrarle a Sánchez y su grupo que “la acción armada no tenía sentido”. Con esta posición, logró neutralizar las posiciones de quienes dentro del PSN sostenían que los asesinatos de los líderes sindicales demostraba la necesidad de fortalecer las FARN y responder a la dictadura con acciones armadas.En parte, hemos adelantado el final de esta organización, haciendo necesarias digresiones en el hilo conductor del relato. Digo esto porque para anotar que entre los sucesos de mayo de 1969 y abril de 1970 se puede asegurar que hubo actividades de esta organización que, aunque de menores dimensiones que las del FSLN, han sido omitidas por las narraciones históricas.
En esta dirección, se pueden señalar como ejemplos: el ataque a tiros de una patrulla GN desde un vehículo en León el 4 de agosto de 1969; 6 de agosto, se informa que extremistas de las FARN buscaban contacto con Noel Pereira Majano; noviembre de 1969, en las cercanías de Rota, miembros de las FARN disparan desde una motocicleta en marcha a una patrulla GN; abril de 1970: encuentro casual de una patrulla GN en la zona de Yaoska con un agrupación rural de las FARN que realizaba una caminata, la GN es sorprendida y sufre algunas bajas.Los datos obtenidos de entrevistas y conversaciones con ex participantes, su comprobación en los diarios de la época y otros documentos, demuestran que aun cuando fue muy efímera la proyección de las FARN, tuvo existencia en una coyuntura muy compleja en la historia política del país. Por lo que es un hecho digno de ser conocido por las nuevas generaciones. Esto se puede acometer cuando aún existen sobrevivientes que ocuparon responsabilidades en esta organización, además de documentos y otras fuentes.
Pero sobre todas las cosas, ha pasado suficiente tiempo para que se superen los prejuicios sectarios que incidieron para que se hicieran estas omisiones. Es oportuno en este tiempo, cuando ha repuntado el testimonio como género narrativo, se debería retomar las vivencias de las FARN como una experiencia colectiva, así como los aportes de Jacinto Baca Jerez, al movimiento revolucionario; es el mejor homenaje que se le podría hacer a un revolucionario de su calidad, a 40 años de su heroica caída.Fuentes consultadas y utilizadas.
La prensa y Novedades entre mayo de 1969 y abril de 1970.Entrevistas a: Abdul Sirker, Jorge Galo Espinoza y Álvaro RamírezConversaciones con: Rubén Jiménez, Juan Isabel Galeano, Francisco Brenes.* Historiador. Sala de Investigadores de la BBCN

sábado, 31 de octubre de 2009

Liberalismo e ideología popular en el siglo xix Nicaragua:(1845-1849)

Liberalismo e ideología popular en el siglo XIX
Nicaragua: (1845-1849)
Rafael Casanova Fuertes*

Desaparecieron en mucha parte los tintes políticos y las ideas lugareñas, y la sociedad se consideró dividida de hecho en dos poderosas agrupaciones. La primera compuesta de las clases acomodadas y pacíficas, empeñadas en el restablecimiento del orden y la organización del país; y la otra, de las clases pobres y desmoralizadas, acaudilladas por personas que sostenían intereses de circunstancias y que trataban de perpetuar el estado de guerra y anarquía con distintos fines (Gámez, 1975, pp. 335-336).

El historiador José Dolores Gámez describió de esta manera los conflictos que se dieron entre 1845 y 1849 en Nicaragua, y aun cuando es un detractor de los rebeldes no deja de lado importantes pistas para comprender la naturaleza de estos movimientos. Válido es, por ejemplo, el carácter social con que los determina al ver en los mismos, una pugna entre “las clases acomodadas y las clases pobres”. Como lo hemos expresado en otras oportunidades, estas luchas tuvieron distintas motivaciones (fiscales, agrarias, etcétera), pero valdría preguntarse en qué se basaron los protagonistas para justificarlas, está claro el hecho de que su propia condición de indígenas y mestizos pobres los hizo definir de forma empírica su condición de explotados y articular su propio sistema de solidaridad grupal. Mas era inevitable que no se introdujeran y se asimilaran sistemas de ideas que estaban en boga por la época, en particular el liberalismo doctrinario del siglo XIX.

Los historiadores tradicionales no ven más allá de los conflictos localistas o de la clásica contradicción libero-conservadora, pero, además, algunos de los llamados “nuevos historiadores” se inclinan por repetir los viejos argumentos de que las rebeliones de 1845-1849 fueron producto de manipulaciones externas, cuando no de los furores ciegos. Las fuentes presentan evidencias de que las mismas adquirieron una connotación totalmente autónoma. Quedó claro, por ejemplo, que en los años 1848-1849, el caudillo calandraca leonés Trinidad Muñoz trató de usar el descontento primero y la rebelión después de los calandracas orientales y del Sur contra los timbucos de Granada, pero también fue evidente que el movimiento adquirió su propia autonomía hasta amenazar al mismo Muñoz en su propia madriguera: el cuartel de León (Gámez, 1975, p. 457), por lo que éste se vio obligado a pactar con los timbucos de Granada para aplastar a los calandracas populares.

Dentro de esta lógica no ha existido hasta ahora una preocupación por acercarse de una manera integral y objetiva sobre cuáles fueron las utopías que alimentaron los rebeldes y cuáles, además de la defensa de su mundo tradicional, fueron sus basamentos ideológicos.

El liberalismo y sus ideólogos. A pesar de todas las limitaciones de localización en las fuentes escritas, se ha logrado obtener, entre otros, documentos y comunicados de los rebeldes, donde se expresó una influencia innegable de los preceptos liberales. En ellos encontraron los protagonistas recursos e ideas para reclamar su participación en los movimientos como justa, y como injusto el estado de sometimiento impuesto por las elites.

Distintas fuentes aseguran la influencia que tuvieron en el caudillo Bernabé Somoza las ideas de Voltaire y de Rosseau, pero, además, en los ideólogos profesionales de las capas medias, como el médico Rosalío Cortés; el abogado Benito Rosales, de Masaya, y Rosa Pérez, de Rivas. Todos ellos permanecieron con el caudillo Somoza hasta el final. En 1849, los dos primeros fueron hechos prisioneros, salvándoles la vida, entre otras cosas, su condición de senadores. El primero defendía en sus escritos el “derecho de gentes”, a Rosa Pérez se le consideró el redactor de las proclamas en Rivas, es decir, el ideólogo del movimiento de esta ciudad. Se sabe que además de las ideas ilustradas, dominaba el inglés y otros idiomas.

Pero tales planteamientos basados en el liberalismo doctrinario, no sólo fueron propios de los ideólogos, sino también de los participantes directos de extracción popular.

El liberalismo popular. En agosto de 1845, José María Valle, un mestizo con fuertes rasgos indígenas, el máximo dirigente de esta rebelión, en un comunicado planteó la necesidad de acabar con el “pillaje de aristócratas”. Uno de los capitanes de Valle que operaba de manera autónoma en los departamentos del Norte, un campesino, el célebre Natividad Gallardo, satanizado como un vulgar bandolero con el apodo de “Siete Pañuelos”, dirigió en este mismo año una carta amenazante a los vecinos pudientes de Estelí, en tanto no cumplían con la entrega de recursos económicos para la campaña. Entre sus partes hemos extraído lo siguiente: Experimentarán los nobles ejemplos de los heroicos sagustinos (saguntinos) pues he puesto una borden a UUs… y no he podido encontrarlos y emi vuelta los busco hasta en la bóveda de la catedral iassi UUs no caminen mas equivocados pues el pueblo es la justicia y el mismo da las leyes y solo el puede rebatirlas (Gallardo en: R.O. Nº 45. 1845, pp. 149-150).

Gallardo tiene su propia definición de lo que es pueblo y el concepto de soberanía popular, y está claro desde su perspectiva de que el gobierno de Sandoval había violado el “pacto social” entre gobernante y gobernados. En otro párrafo del documento se identifica como un sincero faccioso, sintiendo justeza y orgullo de sus actividades contra el sistema, por tanto, del derecho a la rebelión cuando sus libertades son coartadas por el mismo. Por eso les advierte a los grandes propietarios: “No anden más equivocados, pues el pueblo es la justicia”.

Los medios de difusión tradicionales. Mas una interrogante nos puede surgir acerca de cómo estas formas de pensamiento podían introducirse y ser asimiladas como propias por una población en su mayoría analfabeta. En el caso de las tradiciones prehispánicas era más simple, en tanto se trasmitían en las prácticas cotidianas, entremezcladas de relatos nostálgicos de los abuelos a nietos indígenas y mestizos. Más aún cuando existen evidencias de que las formas más estructuradas de las ideas (y expectativas políticas) eran trasmitidas por profesionales de las capas medias a líderes barriales y comunales, no se pueden subestimar otros vehículos de comunicación tradicional que se prolongaron más allá del siglo XIX.

En este sentido, jugaron un papel muy importante las tabernas, los talleres artesanales, y los tiangues. En el caso de estos últimos predominaban las féminas, por lo que las vendedoras de los tiangues intercambiaban información y rumores con mujeres de distintos barrios y criadas de la clase pudiente. Los “maitros” artesanos se comunicaban con personas de distinto nivel social. De esta manera mientras se negociaba el precio de un “encargo”, se cortaba el pelo en una barbería, se fumaba un tabaco en una esquina o se escanciaba un trago de aguardiente en una taberna, se hablaba y se discutía sobre tópicos ideológicos y el momento político.

En algunos casos, las ideas del liberalismo que habían ingresado al país desde las postrimerías del dominio español, ya tenían un carácter inherente en algunas comunidades tradicionales. Squier pudo observar esta contradicción en la conducta del cacique Simón Roque, líder de Sutiaba. A pesar de su “ardiente republicanismo” miraba con nostalgia los viejos documentos en donde el Rey de España “no tenía mengua en dirigirse a ellos los indios” (Squier, 1970, p. 220). Casimiro El Borgen de Xalteva trataba de reclutar a un joven aprendiz, originario de Nandaime y lo hacía en los siguientes términos: Mirá Francisco (…) vos estás joven y naturalmente debés aspirar a la libertad, para esto debés de juntarte con nosotros los muchachos, yo te presentaré a ellos somos muchos, Changoringo es el jefe pero todos somos iguales (Pasos Arana, 1944 p. 114). En Borgen es notorio el dominio de los conceptos liberales de libertad e igualdad y los derechos del hombre, pero además exhorta a la unidad y a la rebelión para preservar “los derechos de gentes”.

Los calandracas radicales. Esta simbiosis le puede parecer muy compleja a quien observe de una forma muy ligera el liberalismo clásico. Por ejemplo, se asume la defensa de la propiedad privada y las poblaciones indígenas defendían la propiedad comunal. Mas los indígenas asumieron estos preceptos a su manera, tales como el derecho de ellos a seguir poseyendo sus formas de propiedad tradicional amenazadas por las elites, es decir, su propia interpretación de los “derechos de gentes”.

Los calandracas radicales liderados por Somoza y otros, les ofrecieron expectativas de preservar su mundo, sólo de esta manera ellos los acompañaron hasta el final contra los “timbucos” (conservadores) y los calandracas de las elites (liberales pudientes). Por lo que no es casual que el funcionario calandraca Marcos de la Vega, en Rivas, haya devuelto en mayo de 1848 los títulos ejidales a los habitantes del barrio La Puebla, usurpado desde su titulación “por los ricos del centro”. Por lo que los investigadores deben hacer un esfuerzo distinto y contrario al que se ha hecho hasta ahora, no imponer el esquema teórico sobre la realidad estudiada, sino, por el contrario, teorizar a partir de la realidad empírica.

Un último aspecto que es necesario comprender es cuáles fueron las utopías que alimentaron, que esperaban alcanzar una vez lograda su victoria contra los ejércitos coaligados de León y Granada. Válido es acudir a los interrogatorios realizados a los prisioneros que se tomaron tras la derrota de los rebeldes en Rivas. Simón Porras, un vecino de Los Cerros, cuando le preguntaron sobre el objetivo de la rebelión respondió: “que no sabe qué idea tenían pero que oyó decir que el gobierno (establecido por los calandracas entre junio y julio de 1849) había estado a disposición de los pueblos y que ya el General Muñoz no era ya General y echaban vivas a Somoza llamándolo General (Porras en: EXP. Nº 47 del AIHN, 1849, p. 4).

Los excesos atribuidos a Somoza por sus enemigos no preocuparon a sus seguidores, la masa indígena y mestiza pobre lo consideraba su líder. Y Siro Calderón, juez de agricultura, quien le dijo que lo que había hecho Somoza era nada en comparación de lo que con los pobres iban a hacer los timbucos y que Dios permitió que la acción la ganaran para librarse de tanto mal (Porras en: EXP. Nº 47 del AIHN, 1849, p. 4).

Se puede asegurar que Somoza pudo presentarse ante ellos como su gran salvador en las difíciles condiciones que se encontraban. Era un caudillo valiente y tenía en su expediente el haber ordenado la muerte de Bernardo Venerio y de otros grandes propietarios en 1846; derrotado y muerto en un singular duelo de lanzas al propietario y jefe militar gobiernista Juan de Dios Matus en 1845. Por estas razones fue invitado a dirigir esta rebelión por los insurrectos. Éstos tuvieron éxitos iniciales, logrando liquidar la guarnición de Rivas en los primeros días de junio, hasta que fueron derrotados por las tropas de la coalición timbuco-calandraca de León-Granada en julio de 1849. Terminada la rebelión, pocas veces se vio un revanchismo tan cruel contra los vencidos, se habla de la ejecución sumaria de casi 40 prisioneros entre dirigentes y seguidores, el cadáver de Somoza fue expuesto en una horca pública en la ciudad, hasta que el hedor acudió en su auxilio y los vecinos fueron a enterrarlo.

A manera de conclusión, se puede afirmar que pocas veces en la historia del país existió un movimiento que expresara con claridad, tanto las contradicciones de clase como el intento de articular un lenguaje de clase tan particular, respondiendo a condiciones también tan específicas como las de 1845-1849. A pesar de ello, está entre los episodios poco conocidos de la historia del país.

Bibliografía básica y otras fuentes consultadas:
Casanova Fuertes Rafael, Los conflictos políticos y sociales entre 1845 y 1849 en Nicaragua. UCR. San José Costa Rica 1995 (Tesis Inédita)
Chamorro Z., Pedro Joaquín. Fruto Chamorro. Editorial La Unión. Managua, 1960.

Gámez, José Dolores. Historia Moderna de Nicaragua. Colección Cultural Banco de América. Managua, 1975.

Pasos Arana, Manuel “Granada y sus arroyos en: Revista de la Academia y Geografía e Historia (RACHN)TVI Nº II
Rudé, George. La multitud en la Historia. Siglo XXI. Madrid, 1979.

Squier G. E. Nicaragua sus gentes y sus paisajes. EDUCA San José, 1970.

Registro Oficial (R.:O.) (varios números de los años 1845 y 1847) editados en Masaya y León) consultados el Archivo Nacional de Costa Rica.

Diligencias del Testimonio forzado del 5 de mayo de 1848 en Archivo personal de Ramón Gutiérrez (Sin clasificar).

Auto cabeza de proceso contra los participantes en la rebelión de junio y julio de 1849 en Rivas: Documento Nº 047. AIHN
* Historiador. Sala de Investigaciones de la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua.






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lunes, 26 de octubre de 2009

Indigenismo, movimientos populares y conciencia de clase en el siglo XIX (1845-1849) en Nicaragua

Rafael Casanova Fuertes*


“Varios calandracas, entre ellos Dámaso Souza, Juan Lugo, Ventura y Raimundo Selva, Teodoro Mora y sobre todo el muñidor Casimiro EL Borgen, acordaron resucitar las pretensiones ya extinguidas de la raza indígena y valerse del mencionado Miguel Cisneros alias “Changoringo” para la farsa. Fácilmente lo persuadieron de que era el heredero de los viejos caciques y que a él le correspondía el gobierno y el trono. Y para que no dudara le prepararon una ceremonia ridícula, pero efectiva para interesar la ambición de los indios. Impusieron una corona de rosas y en medio de una algarada le proclamaron rey. Se oyeron gritos de ¡Viva el rey Changoringo!” (Chamorro Zelaya, P. J. 1960 p.137).

De esta manera describió el historiador Chamorro Zelaya, los acontecimientos ocurridos en Xalteva, Granada en agosto de 1848. Sin embargo, la ceremonia resultó ser más efectiva que ridícula, porque según las fuentes originales, el día 11 de agosto, el mencionado Miguel Cisneros alias Chingoringo (sic) concitaba a los vecinos de Xalteva para (…) que fuesen a destruir las cercas de las haciendas de varios individuos de esta ciudad (Granada) citas en Malacos…(Zelaya y otros 1945 p.87).Cisneros fue finalmente encarcelado por las autoridades junto a varios de sus seguidores, los xaltevanos continuaron sus luchas, que incluían el rescate de sus posesiones usurpadas y el retorno a su condición de alcaldía indígena e independiente de Granada.

La civilización excluyente versus sobrevivencia indígena. Aun cuando se había dado un violento proceso de destrucción demográfica en contra de la población autóctona en el siglo XVI y de desestructuración violenta de sus formas de vida y sistemas de creencias, en el Pacífico Centro-Norte del territorio por esta época, la población indígena sobreviviente siguió siendo el ingrediente étnico mayoritario por encima de los demás componentes. Si bien se habían perdido la mayoría de las lenguas originales, se mantenía en vivo lo indígena en las costumbres, en el vestir en la dieta en las prácticas sincréticas religiosas, actividades sociales y económicas de autoconsumo. Debe de recordarse además que pese a las muchas presiones a que fueron sometidas las comunidades, sus culturas y sus formas tradicionales de propiedad después de 1821 éstas aún eran mayoritarias. En los pueblos de indios, ellos lograron preservar gran parte de su sistema de vida prehispánico.

Este universo tradicional se contraponía en gran medida a modales y costumbres, formas de vida de criollos blancos, y algunos mestizos acomodados, quienes imitaban a los europeos considerándose por ende, los portadores del progreso y la civilización. Habitaban en las grandes casonas de los centros de las poblaciones y se consideraban superiores en términos raciales a los primeros. Aspiraban a la desintegración de las formas de propiedad comunal, para incorporarlas a los latifundios y disponer de una mano de obra libre para el desarrollo de productos agrícolas de exportación. Dentro de esta lógica, consideraban las formas de vida tradicionales de los indios como producto del atraso. Los criollos con la ventaja del control del Estado, usurpaban tierras comunales e incentivaban a los ladinos y otros particulares a ocuparlas. Es decir que el progreso y la civilización que ellos proponían eran excluyentes con relación a la mayoría de la población indígena y mestiza pobre. Es válido anotar que según las fuentes que provienen de estudios que se realizaron por parte de viajeros de la calidad de Squier y Levy la población indígena seguía siendo mayoritaria para la época. Levy llega a la conclusión de que la población indígena en 1870 es de un 55 %, un 40% de mestizos, 4.5 de blancos y un 0.5% de origen africano. Por lo que la población indígena hacia los años de 1840 debió haber sido de un 60%.

La población autóctona recurrió a distintos mecanismos para defender su sistema de valores y su sobrevivencia, tales como recursos legales, boicot a los grandes propietarios, hasta su participación directa en acciones armadas como las llamadas “guerras anárquicas” de 1845-1849 que se extendieron al Centro-Pacífico-Norte del país. Luchas que fueron dirigidas principalmente por los caudillos Bernabé Somoza y José María Valle.

En la isla de Ometepe, aconteció algo que puede ser ilustrativo de este comportamiento. Un ciudadano norteamericano de origen alemán refirió en 1849 que realizó en la isla un proyecto de cultivo y procesamiento del algodón, importó maquinaria para desmontar y elaborar la fibra, “pero los indios se volvieron holgazanes e ingobernables. Y un día un grupo de ellos invadieron su hogar, violaron a su mujer (…) y prendieron fuego a su casa. Algunos de los malvados fueron después capturados identificados y fusilados (Squier1970 p. 410). Pero esto no fue suficiente, Woeniger que era como se apellidaba el extranjero persistió en su empeño, hasta que fue atacado por sus propios peones, tras matar a uno o dos de ellos, tuvo que huir de la isla abandonando su proyecto y su propiedad. Los indígenas actuaron de esta manera porque tras el éxito de este señor vendrían otros propietarios y extranjeros a seguirles arrebatando sus tierras y a desarraigarlos de su mundo tradicional.

Los mitos y los dioses ancestrales. A pesar del celo de la Iglesia Católica por desarraigar a la población indígena de sus antiguas creencias “paganas”, éstas se mantuvieron expresándose en prácticas sincréticas con el culto católico, el apego a mitos mesiánicos trasmitidos por la tradición oral y la realización de ritos a sus antiguos dioses en adoratorios clandestinos.

Por esos mismos días, Squier vio adoratorios destruidos por la iglesia. Los sacerdotes los destruían con mucha cautela para después atribuirlos a rayos que enviaba Dios a destruir los ídolos paganos. Los indígenas por supuesto no se tragaban estas historias, uno de ellos decía muy jocosamente a Squier que ese rayo (el que había destruido según los curas una imagen días atrás) tenía dos canillas y vestía de sotana”(Squier 1970 p.249).

En la isla de Ometepe, tras cincuenta años de tratar de descubrir un ídolo al que acudían los indios a celebrar ritos y libaciones, los sacerdotes por fin lo encontraron y a solicitud del mencionado señor Woeniger se lo entregaron con la promesa de que se lo llevaría fuera de la isla(Squier 1970 p.415).

Empero en los pobladores indígenas y mestizos -que se reconocían como indios- existía algo más que respeto y celo por lo que fue sagrado para sus ancestros. Existió la tendencia a entrelazar sus creencias con mitos mesiánicos que pervivían dentro del imaginario colectivo, tales como la idea de que célebres jefes indígenas iban a retornar a la vida a resarcir el mundo prehispánico y acabar con la opresión de los ricos criollos descendientes de españoles. Squier pudo darse cuenta que los indígenas que habitaban las isletas y las costas del Gran Lago de Nicaragua alimentaban esta posibilidad. Dice el cronista al respecto: Al igual que los pocos de Nuevo México, algunos naturales de Nicaragua mantienen aún la creencia de que Moctezuma va a volver algún día a resarcir su imperio (Squier1970 p.364). Por lo que no pueda resultar extraño de que los indígenas hayan visto en caudillos rebeldes como Cisneros, Valle y Somoza, la reencarnación de algunos de los célebres jefes indígenas. De allí que haya sido la población indígena, la principal nutriente de estos movimientos.

La participación de los indígenas en las rebeliones no fue tan cohesionada ni continua, dada la dispersión de las comunidades en el territorio, fue más evidente la participación masiva de indígenas en las dos etapas que se han establecido para estudiar estos hechos: en Occidente y el Norte en los años de 1845 y 1846; en el Oriente y Sur entre 1848 y 1849. Pero se deben de tomar en cuenta los elementos ideológicos complementarios de estos basamentos tales como las ideas modernas que llegaron desde fuera como el liberalismo doctrinario de esos años, lo cual podría ser otro tema.

Conciencia de clase. Contrario a lo que han asegurado distintos escritores de que estas luchas fueron producto de furores ciegos, los indígenas tenían claro en esa época el panorama de su identidad clasista y étnico-social e identificaban en esta dirección a su contraparte. Squier quien se había ganado su confianza se sorprendió cuando la población de Sutiava le manifestó su disposición a levantarse en armas contra los de León cuando él lo ordenara. El orador le dijo al ministro americano estas palabras: “Los españoles nos han puesto sus pies en la garganta mucho tiempo: esperamos que los hijos de Washington les comprimirán como lo hemos sido por ellos; los aborrecemos”. (Squier 1850 p. 519). Algunos lectores influidos por la visión patriótica que se ha configurado hasta hoy, pueden entender esto último como una aberración, más en su tiempo histórico la contradicción principal no era con un ministro americano, quien se presentó como visitante, sino con sus explotadores y opresores históricos: los españoles del centro de León.

Bibliografía Básica y fuentes consultadas:
Casanova Fuertes Rafael, Los conflictos políticos y sociales entre 1845 y 1849 en Nicaragua. UCR. San José Costa Rica 1995 (Tesis Inédita).

Chamorro Z., Pedro Joaquín. Fruto Chamorro. Editorial La Unión. Managua 1960.

Levy, Paúl. “Notas geográficas y económicas de Nicaragua”. En revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano Nº 61Publicidad de Nicaragua. Managua 1965.

Rudé , George. La multitud en la Historia. Siglo XXI .Madrid, 1979.

Squier G. E. Nicaragua sus gentes y sus paisajes. EDUCA San José ,1970.
Gaceta del Gobierno Nº 76. San José, Costa Rica.
Registro Oficial (varios números de los años de 1845 y 1847) editados en Masaya y León) consultados el Archivo Nacional de Costa Rica.

Historiador. Sala de Investigaciones Biblioteca del Banco Central de Nicaragua.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Las Fechas de Independencia de Centroamérica y Nicaragua

Rafael Casanova Fuertes


Un 15 de septiembre de 1821 en Ciudad Guatemala, en medio de una gran algarabía, los representantes de la entonces Capitanía General del Reino de Guatemala proclamaron la separación definitiva de España. Incorporada esta fecha al panteón heroico centroamericano, ha sido celebrada hasta los tiempos actuales con desfiles y actos oficiales que recuerdan esta gesta y sus próceres. Mas, hechos que precedieron a esta fecha y otros que ocurrieron posteriormente, siembran confusiones sobre si hubo realmente un suceso que pudiéramos calificar como tal y una pregunta que surge es: ¿fue el 15 de septiembre de 1821 la verdadera independencia de Centroamérica? Y si no fue esta fecha, ¿cuál fue la verdadera independencia de Centroamérica y Nicaragua? Esto se puede explicar volviendo momentáneamente a la época:
1 Un antecedente inmediato del 15 de septiembre, fue el levantamiento en 1820 del General español Rafael del Riego, quien con sus tropas se negó a venir a combatir a los patriotas americanos en Sudamérica y regresa del puerto de Cádiz a Madrid y obliga a Fernando VIII a restituir la Constitución liberal, aprobada en 1812, llamada “Cortes de Cádiz”. Este suceso atemorizó no sólo a los realistas españoles, sino también a los criollos ricos de las colonias americanas, opuestos a cualquier tipo de cambio que afecte todo un sistema de privilegios, garantizados bajo el régimen absolutista español. Temían también a los movimientos de carácter radical similares a los de Sudamérica o los iniciados por Hidalgo en 1810, en el mismo México.

2 En estas circunstancias, el jefe militar español en Nueva España, Agustín de Iturbide, tomó la iniciativa de llamar a los independentistas mexicanos y al alto clero mexicano para la realización de un acuerdo, lo que dio como resultado el Plan de Iguala, celebrado el 24 de febrero de 1821. En este acuerdo se consignaban tres garantías: Independencia, Religión y Unidad. Esta última garantía debería concretarse en un nuevo gobierno monárquico–constitucionalista, (que podría hasta ser encabezado por el mismo Fernando VII) en el que participarían la aristocracia terrateniente, los ex funcionarios peninsulares y el alto clero, lo cual se materializó en agosto de 1821, al coronarse Iturbide como Emperador del México independiente. Todo esto, se dio en medio de fuertes contradicciones principalmente con los partidarios de un sistema republicano en México.

3 La situación de España, y principalmente la de México, trascendió en Ciudad Guatemala. El capitán General Gabino Gainza, convocó a una reunión extraordinaria de autoridades de la Capitanía para el día 15 de septiembre; el problema principal era el de la provincia de Chiapas, que en agosto reciente se había adherido a México, separándose de Guatemala. Al circular fuertes rumores de esta convocatoria, se empezó a producir un estado de agitación en los barrios desde el mismo día 14 de cual eran las verdaderas intenciones de los funcionarios peninsulares y los criollos ricos de Guatemala, encabezados por el Marqués Mariano de Aycinena, que era el de realizar la separación de España a espaldas de la población. De hecho, esto fue lo que se puso en práctica, y aún en uno de los artículos del acta lo dejaron plasmado: que había que realizarla “para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase el mismo pueblo”. Uno de los principales acuerdos que se tomó fue el que quedasen las mismas autoridades peninsulares civiles y eclesiásticas en toda Centroamérica hasta marzo de 1822, cuando debería de darse una reunión de diputados, todo esto, como observamos, fue similar al plan de Iguala en México. Es decir, el acta del 15 de septiembre de 1821 fue la primera independencia de Centroamérica, pero los gestores se reservan para más adelante la proclamación o no de un nuevo Estado sustituto del poder español, de ahí que sólo se habló en este momento de la separación de las Provincias Unidas de Centroamérica.

4. No había pasado mucho tiempo de haber quedado en evidencia el objetivo principal de los protagonistas del Acta, cuando en los primeros días de enero de 1822 la mayoría de representantes de las provincias proclamaron la anexión al Imperio Mexicano. Es decir, que lo que se pretendió por parte de los mismos, fue una maniobra para ganar tiempo en la que valoraron dos posibles salidas: a) que la situación en España se superara, tornando el absolutismo al poder, y así reincorporar de nuevo el territorio al mundo colonial; c) la posibilidad de incorporar las provincias a una nueva entidad territorial que preservara intacto el statu quo existente antes de 1821. Como observamos, esta última fue la opción que prevaleció.

5 El movimiento anexionista fue una especie de señal para que explotaran las contradicciones que habían estado reprimidas en la región. Los republicanos representados en las capas medias ilustradas, partidarios de la independencia total de Centroamérica, marginados de los mencionados acuerdos, se levantaron en armas contra la anexión. En el interior hubo ciudades que se declararon republicanas, otras imperialistas. En León, Nicaragua, se concentraron los anexionistas dirigidos por don Crisanto Sacasa, mientras que los republicanos, acaudillados por Cleto Ordóñez, se tomaron la ciudad de Granada. Es válido destacar que en estas pugnas político-ideológicas, se vertieron con todo su furor las animosidades localistas y los resentimientos sociales que se habían mantenido latentes a lo largo de la dominación colonial. En Granada, por ejemplo, resonaron consignas radicales como: “se acabaron los dones”, dirigida contra los criollos ricos por parte de los indígenas y mestizos pobres.

6 La violencia colectiva que explotó en Centroamérica provocó la intervención en 1823 de tropas imperiales al mando de Vicente Filísola, cuya misión era pacificar el “anexado” territorio centroamericano: pero en plena campaña en El salvador, le llegaron noticias de la caída y fusilamiento de Iturbide en México, por lo cual su lucha perdió razón de ser. En plena retirada hacia México, casi sin pretenderlo, le tocó ser protagonista de un célebre tratado, cuando el 1º de julio de este mismo año, ante los delegados de las provincias unidas, convocados en Ciudad Guatemala, reconoció la independencia de Centroamérica de México, España y cualquiera otra nación. Acto que pasó a ser de hecho la segunda y verdadera independencia de Centroamérica.

7 La derrota de los anexionistas conservadores provocó el ascenso al poder en 1823 de los republicanos partidarios de un Estado federal para la región. Pero, como se conoce, la federación se derrumbó en 1838, en medio de cruentas guerras entre unionistas y autonomistas. Nicaragua se separó de la federación el 30 abril de este mismo año, pero no se puede considerar a esta fecha como un día de independencia, sino como el día de la escisión de Nicaragua del contexto centroamericano. Es más, durante muchos años, los nostálgicos de la unión centroamericana consideraron esta fecha un hecho doloso para el ideal unitario de la región.

8 Se puede asegurar que con el 15 de septiembre de 1821 se inició el proceso de independencia de Centroamérica, protagonizado por peninsulares y criollos ricos, con el objeto de impedir un movimiento separatista de carácter radical y popular. Empero, la independencia total se materializa el 1º de julio de 1823, cuando son derrotadas las tendencias conservadoras partidarias del anexionismo, por parte de las tendencias republicanas. En lo adelante, la clase terrateniente demostró su incapacidad para sustituir el vacío de poder dejado por España, tal como lo demostró el predominio de los localismos disolventes. No es si no hasta tres décadas después, cuando empezaron a imponer sus proyectos estatales en las cinco parcelas que surgieron de la Antigua Capitanía. A casi 200 años de estos acontecimientos, poco se ha hecho -salvo excepciones- por incorporar a “los de abajo” en los proyectos sociales y políticos de estas naciones. Y las circunstancias actuales, demandan de nuevas luchas por alcanzar una auténtica independencia política, social y económica dentro de la globalización que se oponga, firmemente, a los nuevos colonialistas y sus aliados internos, los viejos y nuevos criollos ricos.